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Inicio/Reportajes y Especiales/“¿Qué pasa con la fuerza laboral femenina en Venezuela?”

Reportajes y Especiales
“¿Qué pasa con la fuerza laboral femenina en Venezuela?”

lunes 13 abril, 2026

La periodista e investigadora Indira Rojas expone la realidad que viven las mujeres venezolanas en el mercado laboral

Diego Mendoza

En una reciente emisión del programa La Ventana Rota a través de La Nación Radio, la periodista e investigadora Indira Rojas compartió hallazgos alarmantes sobre la situación actual de la fuerza laboral femenina en Venezuela. Basándose en investigaciones de ANOVA Policy Research y su serie especial “Autonomía perdida: ¿Qué pasa con la fuerza laboral femenina en Venezuela?”, Rojas describió un panorama de retroceso que sitúa al país en niveles de participación laboral femenina no vistos en más de dos décadas.

Un retroceso estadístico de dos décadas

La participación de las mujeres en el mercado de trabajo venezolano ha sufrido una caída estrepitosa, posicionando al país en los últimos peldaños de la región latinoamericana. Según Rojas, “la participación laboral femenina en Venezuela cayó un 43 %, un nivel que no se veía desde finales de los años 90”, lo que nos coloca actualmente solo por encima de Guatemala en esta métrica.

Este fenómeno marca un contraste doloroso con el progreso que vivió el país entre los años 60 y 90, cuando las mujeres ganaron terreno masivo en universidades y profesiones tradicionalmente masculinas. Según la última medición, que data de 2020, solo 43,01 % del mercado laboral en el país está abarcado por mujeres, cifra que representa una caída significativa desde el pico histórico alcanzado en 2015, cuando representaban entonces el 50,15 %.

El factor estructural

Cuadros estadísticos que muestran la realidad laboral de la mujer venezolana.

El principal obstáculo para que la mujer venezolana se integre o permanezca en la fuerza laboral es la distribución desigual de las labores domésticas y de crianza, un problema que se ha agravado con la crisis migratoria y de servicios públicos. Rojas enfatizó que “estas tareas de cuidado no se distribuyen de manera igualitaria en el hogar. Las mujeres son las que normalmente y socialmente se espera que se encarguen de cuidar a los chamos, y de todas las tareas domésticas”. Esta carga desproporcionada impide que las mujeres tengan tiempo para formarse o buscar empleos remunerados, creando lo que ella denomina un “muro” para su desarrollo.

Esta combinación de factores ha tenido un impacto que se ve reflejado en la brecha laboral que presentan ambos sexos. La investigadora además advierte que sumado a las consecuencias que esta realidad tiene sobre las mujeres, representa un alto costo para la ya golpeada economía venezolana al tener una parte importante de la población en edad activa fuera del mercado laboral.

El mito de los “ninis” y la realidad de las jóvenes

En la segunda entrega del trabajo especial “Autonomía perdida”, hecho en coautoría con Francis Peña, se destaca que en el país para 2020 la porción de mujeres, entre los 15 y 24 años, que ni estudia ni trabaja de manera formal, prácticamente alcanzó el 40 % de la población, 11 puntos porcentuales por encima de sus pares masculinos. Un grupo erróneamente etiquetado de forma peyorativa como “ninis”. Rojas aclaró que estas jóvenes no están inactivas por elección, sino que “son víctimas de un sistema que no las está apoyando ni las está motivando para poder sumarse al campo laboral. Es además importante destacar que sí tienen trabajo, solo que no es remunerado”, refiriéndose a las labores de cuidado que deben asumir, a veces incluso reemplazando a padres o familiares que han migrado.

El impacto colateral en los varones

La investigación también revela cómo el embarazo adolescente y la crisis afectan a los hombres jóvenes, quienes también se ven forzados a abandonar sus estudios para convertirse en proveedores precarios. Rojas explicó que “el adolescente también dejó de estudiar, solo que él tuvo que buscar rápidamente un trabajo como expectativa que se le tiene de proveedor”, lo que demuestra que la desigualdad de género afecta el potencial de desarrollo de todo el capital humano del país.

Autonomía económica y violencia

Un punto crucial de la entrevista fue la definición de autonomía económica, la cual va más allá de solo percibir un sueldo. La investigadora alertó sobre las microviolencias económicas donde, a pesar de generar ingresos, las mujeres no pueden administrarlos. Rojas señaló que “la autonomía económica no viene solamente con la capacidad de tener un ingreso, sino de poder administrarlo”, advirtiendo que sin esta independencia las mujeres son mucho más vulnerables a situaciones de abuso y agresión.

Los nuevos “proyectos de vida”

La crisis humanitaria ha forzado a las familias a tomar decisiones desesperadas que suelen perjudicar a las niñas. En hogares con recursos limitados, es común que se priorice la educación del varón mientras la niña se queda en casa cuidando a los hermanos. Rojas expresó su preocupación por un cambio cultural donde el estudio ha perdido valor como motor de ascenso social: “Veo que muchas niñas y adolescentes te dicen que ellas se ven mantenidas por un hombre, ese es su proyecto de vida”.

Situación que, advierte, las expondría a un mayor riesgo de sufrir diferentes tipos de violencia, por lo que hizo hincapié en la necesidad de atender esta realidad.

Propuestas para el cambio

Para revertir este retroceso, Indira Rojas enfatiza que no existen fórmulas mágicas importadas, sino que se requiere un abordaje integral que comience por entender la realidad local. Según la investigadora, “una política pública se basa en un diagnóstico de la situación de ese país en particular para resolver a profundidad la base del problema”. En este sentido, planteó diversos ejes de acción.

Una de las propuestas más concretas es la creación de infraestructuras que liberen tiempo para las mujeres. Rojas sugiere que “en algunos países les ha resultado crear guarderías a tiempo completo para que ellas puedan dejar a sus hijos o a sus hermanos pequeños y de esta manera tener un empleo que en efecto les proporciona un ingreso”. Esto permitiría romper el círculo vicioso donde el cuidado no remunerado impide el acceso al trabajo formal.

La especialista además hace un llamado crítico a las instituciones educativas para que dejen de ser barreras. Advierte que prohibir la inscripción de jóvenes embarazadas solo agrava la pobreza a largo plazo. La solución, afirma, no es la exclusión, sino implementar “educación sexual integral” para resolver dudas y apoyar la permanencia escolar.

Rojas propone que la política pública debe incluir formación específica para que las mujeres reconozcan y manejen su propio capital. Ante la prevalencia de abusos financieros, sostiene que “hay que formar a las adolescentes y a las jóvenes sobre las violencias de género relacionadas con la violencia económica”. El objetivo es que las mujeres no solo generen dinero, sino que tengan la libertad de decidir sobre él, pues “sin autonomía también hay más violencia porque van a depender de una persona”.

Estas medidas, junto con la promoción de horarios flexibles adaptados a las necesidades de las madres, forman parte de la visión de Rojas para que el mercado laboral venezolano deje de ser un espacio de exclusión y se convierta nuevamente en un motor de progreso femenino.

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