Diario La Nación reproduce íntegro el discurso de orden pronunciado por Daniel Pabón, periodista de agenda propia e investigación de esta casa editora, con motivo del acto protocolar en el cual recibió el Premio Estadal de Periodismo “Dr. Ramón J. Velásquez” 2018 de la Gobernación del estado Táchira, una ceremonia celebrada el viernes 6 de julio de 2018 en el Salón Leonardo Ruiz Pineda de la Residencia Oficial de Gobernadores, en San Cristóbal

El momento de imposición de la medalla por parte de la gobernadora Laidy Gómez. (Foto/Dirci)

Pabón se hizo acreedor del máximo galardón del periodismo en el Táchira por Reportajes, una sección de periodicidad semanal que durante el último lustro ha publicado más de 200 entregas cada domingo en las ediciones impresa y digital de Diario La Nación. Mediante Decreto N° 182, el jurado calificador consideró en sus trabajos “una excelente representación de profundidad, uso de diferentes géneros periodísticos, contraste de fuentes y reflejo de la realidad noticiosa”

Cuenta 173 años de vida, desde que lo parió el Eco del Torbes. Ha perdido peso en los últimos meses, al igual que seis de cada diez venezolanos. Camina entre tantas dificultades como huecos se pueden encontrar por las calles empinadas de aquí. Pero resiste, aguanta y se reinventa.

Con estos cuatro rasgos intento dibujar con palabras al periodismo tachirense en la actualidad. Me permitiré lanzar cuatro trazos verbales acerca de nuestro oficio, en este discurso por la entrega del Premio Estadal de Periodismo Ramón J. Velásquez 2018.

Primero: el periodismo tachirense cuenta 173 años de vida

Es un Matusalén de más de 60.000 días. Como padre benefactor, ha procurado desarrollo material y provisión intelectual para sus hijos: con el periodismo ideológico del siglo XIX los tachirenses forjaron carácter de paz contra la guerra y criterio de república frente al caudillismo; desde el periodismo informativo del siglo XX supimos -por ejemplo- que San Cristóbal vivió cívica su 23 de enero del 58; y con la campaña sostenida de los medios, en los años 70, tuvimos UNET, velódromo y polideportivo.


Al padre bueno, sin embargo, también lo han sacudido las horas malas de las últimas dos décadas: lo ha lesionado en los oídos el cierre de emisoras de radio; sus manos se han quedado sin tocar y hasta mancharse sabrosamente con el par de diarios, Los Andes y Católico, que ya no lo son; y sus ojos han llorado la desaparición de espacios y producciones en los canales, hasta el apagón a una de las ventanas preferidas por el conjunto de la sociedad.

Si con esto se acuerdan de RCTV, yo me acuerdo de Yamile Jiménez en RCTV. Sus ganas de continuar sirviendo desde el periodismo migraron a la web y a la cabina y hoy ese espacio libre que es “Retornando con Yamile” recibe la mención radio del Premio Estadal de Periodismo. Creo que Yamile significa, para el periodismo tachirense, una voz de constancia.

La periodista Yamile Jiménez, mención radio del Premio Estadal Ramón J. Velásquez 2018. (Foto/Dirci)

Segundo: el periodismo tachirense ha perdido peso en los últimos meses

Quizá sin darse mucha cuenta, nuestra sociedad asiste a una desnutrición informativa: Si en la despensa escasea la harina de maíz, en la radio se hace polvo la posibilidad de acceder a información con cada corte imprevisto de electricidad. Si en el comedor hace falta el café, al frente de este, en el televisor de la casa, nos quedamos sin noticiarios regionales de fines de semana. Si bajamos el consumo de bebidas gaseosas, los medios digitales y las redes sociales igualmente pierden su burbujeante actividad porque ruedan con la velocidad de internet más lenta de toda América Latina. Y si en la cocina bajaron las porciones de arroz, en el único diario las noticias deben caber, a veces como granos, en una presentación comprimida de seis páginas. Desde este mismo fin de semana, el Táchira ni siquiera tendrá diarios a diario, porque el único que lo era, La Nación, se seguirá editando durante cinco de los siete días de la semana, en un nuevo esfuerzo editorial de supervivencia justo en el año de su cincuentenario.


La harina, el café, el arroz y las gaseosas son los cuatro principales alimentos que componen el patrón de consumo de la sociedad venezolana, según el Instituto Nacional de Estadística. La radio, la televisión, el periódico y el Internet deben ser el alimento primario de una sociedad que está hambrienta de construir opinión pública como una receta por excelencia para mantener la democracia. Y nosotros, en el medio, somos líderes en el comedor de la información, ese bien que todos merecen.

Una encuesta reciente de Delphos, encargada por Medianálisis, arrojó que la televisión sigue siendo el medio que utiliza la mayoría de los venezolanos para informarse sobre lo que ocurre en el país. Y, si consideramos que el poder nos censuró los platillos importados que son las transnacionales de la noticia, entenderemos que en Venevisión, el canal nacional más sintonizado, Maryné Glod es el rostro y la voz que muchos relacionan con el Táchira. La homenajeada hoy con la mención audiovisual del Premio Estadal de Periodismo es imagen de la información clara y depurada que necesita la gente para alimentar decisiones en tiempos de crisis.

La periodista Mariné Glod, mención audiovisual del Premio Estadal Ramón J. Velásquez 2018. (Foto/Dirci)

Tercero: el periodismo tachirense camina entre dificultades.

Andrés Cañizález, investigador venezolano de la Comunicación, recién ha escrito que “el periodismo tiene el deber moral de sobrevivir en esta hora”. Y esa supervivencia, en el periodismo tachirense, debe remontar no pocas cuestas.


La hiperinflación castiga a los medios de comunicación al punto de volver insignificantes sus salarios, anular sus planes de crecimiento y hasta dejar de garantizar los requerimientos básicos de la reportería de calle. La economía vulnera así el ejercicio de las libertades de expresión, de prensa y de información, en tanto limita la posibilidad de la gente de verse en sus medios, de los editores de constituirse en empresas periodísticas y de todos de acceder a datos de interés público.

Vivimos una tragedia humanitaria diaria en una frontera con Colombia que al periodismo tachirense a veces le está quedando lejos. No por falta de interés, sino de recursos, garantías y condiciones para contarla todavía más. Por fortuna, una de las periodistas que mejor le lleva el pulso es Rosalinda Hernández, ganadora de este Premio Estadal de Periodismo en la mención prensa por desvelarnos el drama de los desaparecidos a través de El Estímulo, uno de los principales nativos digitales que han emergido de este mismo reacomodo mediático obligado.

La periodista Rosalinda Hernández, mención prensa del Premio Estadal Ramón J. Velásquez 2018. (Foto/Dirci)

A varios emprendimientos se puede aferrar nuestro periodismo tachirense para esquivar los huecos de la desinformación y no quedarse sin el combustible de la verdad: el trabajo colaborativo con otros medios y organizaciones incluso internacionales, las narrativas transmedia, el periodismo de datos y la verificación del discurso público pueden ayudar tanto a remontar la cuesta como a sortear algunas alcabalas que el poder ha impuesto.

Cuarto: el periodismo tachirense también resiste, aguanta y se reinventa

Al final del día, este periodismo tachirense nos enorgullece porque resuelve. Encuentra la solidaridad en ese veterano de la radio que moviliza al conocido reportero de la tele. Lanza puentes de hermandad entre el colega del sistema público que comparte información con su par del medio privado. Desarrolla la resiliencia en ese comunicador de vocación pura que prefiere subsidiar su ejercicio profesional con otros ingresos diversos, con tal de no ponerle el punto final a su servicio, que se volvió vicio.


A la periodista argentina Leila Guerriero, una gran exponente de la crónica contemporánea, le gusta pensar que “los que están en crisis son los medios, no los periodistas”. Y en esto coincide siempre la primera mujer directora de Diario La Nación, Omaira Labrador, cuando dice que podremos perder la plataforma o el canal de cualquier medio, pero nunca perderemos el nombre y la función de periodistas.

El periodismo tachirense resiste, al denunciar tantas manifestaciones de socavamiento a la dignidad humana en el contexto de un control social. Aguanta, al exigir respeto al derecho humano a la libre expresión, que es sostén para el ejercicio de otros derechos. Se reinventa, para sobrevivir a la censura y a la autocensura que tanto intentan gobernarnos a lo externo y a lo interno.

Pero, en su contraportada, este periodismo tachirense también es un cuerpo colegiado de esa cordialidad tan nuestra. El papa Francisco recién ha pedido al mundo un periodismo de paz, con la advertencia de que no se entienda, con esta expresión, “un periodismo ‘buenista’ que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos”, aclara el Santo Padre. El periodismo de la crisis, recomienda por su parte Cañizález, igual debe proveerles a los venezolanos retratos de esperanza.

Esto lo alcanzó Eleonora Delgado, que hoy alza el Premio Promoción del estado Táchira, por contarnos cómo una muchachada de San Cristóbal se convirtió en la primera de toda Venezuela en establecer contacto efectivo con astronautas en el espacio. Creo que el trabajo profesional de Eleonora nos recordó que de alegría también podemos llorar.

La periodista Eleonora Delgado, Premio Promoción del estado Táchira 2018. (Foto/Dirci)

La semana pasada le preguntamos a Marcelino Bisbal, sobresaliente comunicólogo de este país, qué hacer frente a este panorama. La respuesta de ese hombre de barbas blancas fue tan sencilla como profunda: hay que seguir haciendo el periodismo como lo hemos venido haciendo. Y en su respuesta hoy encuentro a Sonia Maldonado, seleccionada -por las tres no menos talentosas mujeres del jurado calificador- en la Mención Institucional. Creo que Sonia es expresión de cómo, durante más de 15 años, la buena comunicación política enlaza la gestión con la gente.

La periodista Sonia Maldonado, mención Institucional del Premio Promoción del Estado Táchira 2018. (Foto/Dirci)

En su Redacción matriz que es la Dirección de Comunicación e Información, entre tantas dificultades de país Sonia y todo el equipo Dirci se han sintonizado con la seña de Bisbal: seguir haciendo una comunicación, en este caso institucional, de compromiso y servicio en la administración regional presupuestariamente más difícil de la historia contemporánea, la que asumió la gobernadora Laidy Gómez, a quien agradecemos por darle continuidad al Premio Estadal de Periodismo Ramón J. Velásquez.

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Resistente. Indeclinable. Libre de odios. Democrático. Íntegro. Modernista. Y muy tachirense. Podemos extraer estos méritos del periodista que habitó en Velásquez, epónimo de este galardón, al revisar la biografía que de él escribieron Catalina Banko y Ramón González Escorihuela. Pienso rematar este intento de humanización del periodismo tachirense queriendo vestirlo con todos estos valores que, por intermedio del Santo Cristo y la Consolación, pido al Cielo que también caigan sobre todos nosotros, buscadores afanosos de la verdad, la verdad que es la soberbia desnudez de esta compleja realidad.

En un discurso titulado “Rol del periodismo en las crisis”, el colombiano Javier Darío Restrepo recomendó en Caracas que los venezolanos hagamos un periodismo dispuesto a ser parte de la solución. Dijo el maestro: “Así como la guerra es el fracaso de todos, el cambio puede ser el triunfo de todos. Por tanto, hacer parte de una solución es trabajar para todos”.

Daniel Pabón Chacón

San Cristóbal, 6 de julio de 2018

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