Por Daniel Pabón


En la vida se conoce a muchas personas. La gente crece y se enamora. Muchos se mudan y se independizan. Tienen descendencia. Pero siempre, sin importar la edad, la madre será el primer y más puro amor de un hijo.

Pueden ser madres de una pequeña, como Eddy Zulay Niño. O del que llaman coloquialmente “el par”, niño y niña, que es el caso de Nieves González. O incluso de familias más numerosas, de cuatro hijos, los de Ana Isabel Rosales. No es cuestión de cantidades. Ya escribía el poeta Andrés Eloy Blanco -y esta fecha siempre es buena para recordarlo- que cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos de la tierra. Es cuestión de entrega. Porque, con uno o con diez, la maternidad es el apostolado más dedicado de la vida entera.

Unas madres, por cosas de la vida, pueden estar presencialmente con sus hijos todo el día y todos los días. Pero otras, como estas tres tachirenses, han elegido estilos laborales que necesariamente están sometidos a largos horarios, a riesgos, a despedirse a veces sin saber cuándo exactamente vuelven a casa. Pero, no por eso, a racionar el amor.

Una persona todoterreno es, según el diccionario, la que es capaz de realizar múltiples funciones y la que se adapta a todo tipo de lugar. Ellas son madres todoterreno, porque son exitosas en trabajos que tradicionalmente constituyeron “patriarcados”.

Nieves es bombera. De alrededor de 100 oficiales activos en San Cristóbal, solo seis son mujeres. ¿Esto tiene ventajas? “Siempre nos piden consejos. Nosotras le ponemos calor de hogar a la institución y encabezamos el trabajo de la cena en la cocina”, explica.

Ana Isabel es taxista. La primera y actualmente la única mujer taxista de su línea, en Palmira, en un universo de 62 choferes. Aunque la primera vez que asistió a una reunión se sintió extraña, se ha dado a respetar y ha conseguido también ganarse el respeto de todos.

Eddy Zulay es policía. De los 130 funcionarios que laboran en la Municipal de San Cristóbal, 52 son mujeres. Han ganado terreno, casi la paridad de género. Allí las mismas funciones que cumplen los caballeros las desarrollan las damas, sin distinción.

Las tres son madres al servicio de la sociedad… y al servicio de sus hijos. En sus rostros, pueden verse reflejadas tantas miles de madres tachirenses que, superando dificultades, también han encontrado el equilibrio perfecto para convertirse en excelentes madres y trabajadoras por igual. A todas, ¡feliz día!

Estas son sus historias de vida.


“Compartir con mis hijos me llena demasiado”

González es bombera municipal. (Foto/Omar Hernández)

Nieves González considera que ser mamá es lo más grande que puede lograr una mujer en la vida. Un regalo que llena todos los espacios. Administradora de profesión, ingresó en 2015 al Cuerpo de Bomberos de San Cristóbal después de ganar experiencia en el área financiera de la banca y desempeñarse como cajera.

Lo suyo: salir en ambulancias, atender rescates, incendios y todo lo relacionado con operaciones. También socorrer a heridos y lesionados en hechos de tránsito donde, si se ven involucrados niños, se impone que los sentimientos no invadan para poder actuar bien.

Madre de dos hijos, de 13 y dos años de edad, a la mayor al principio no le gustaba mucho este nuevo trabajo, porque Nieves debía ausentarse de casa hasta un día entero. Luego la niña entendió el valeroso trabajo de mamá y hasta se inició en las filas de la Brigada Juvenil de Bomberos “Carlos Reinaldo Rueda”, donde aprende el oficio de ayudar a otros.

Un oficio que, explica Nieves, demanda mucha abnegación, porque supone guardias de 24 horas o más. Un oficio que, por ella ser mamá, le ha traído ventajas: “A veces me ha tocado atender a infantes y se me hace más fácil, porque ya sé cómo abordar a un niño o a un adolescente, aunque no todos sean iguales. Se les debe tratar con mucho respeto”.

Cuando un bombero presta servicio en la calle, nunca se sabe a quién va a ayudar o a salvar. A Nieves le pasó que atendió un volcamiento y fue después, en el hospital, cuando supo que el lesionado era un familiar suyo.

Hace 11 años el padre de Nieves tuvo un accidente con cables de alta tensión mientras trabajaba. Gracias a la rápida acción del Cuerpo de Bomberos de San Cristóbal, le salvaron la vida. Por ese episodio Nieves conoció a quien ahora es su esposo, también bombero y colaborador suyo en el amor de cuidar a los niños.

En casa, por las mañanas, nadie sale sin desayuno. Y, al regresar, puede haber situaciones externas, pero los niños siempre la esperarán con una caricia, un “mamá, ¿cómo te fue?”, un abrazo, una sonrisa. “Compartir con ellos me llena demasiado, no tiene precio”, dice.

Para sus hijos, Nieves desea muy buena educación, que puedan vivir en la Venezuela que ella se crió, que crezcan con valores, con ética y profesionalismo. “Una madre nunca debe dejar de dar amor, que es la base de todo”. Invita a otras a mantenerse unidas en familia, que es la base de la sociedad. Y, con los hijos, a tenerles paciencia, conducirlos por buenos caminos y enseñarles que no todo es fácil; hay que saberse ganar las cosas.


“Es una responsabilidad fuerte pero hermosa”

Rosales es la única mujer taxista en su línea. (Foto/Jorge Castellanos)

Ana Isabel Rosales dice que ser mamá divorciada es una responsabilidad fuerte pero hermosa, porque le ha tocado luchar para ver crecer felices a sus cuatro hijos; la mayor, de 40 años, que le ha dado tres nietos; y los tres siguientes varones, que la acompañan en casa.

Antes trabajaba con cerámica, pero cuando ese negocio decayó alguien le habló de ser taxista. Cuando se presentó en una línea de Palmira, su pueblo, en el año 2005, el presidente advirtió que se trataba de la misma señora que había visto manejar bien una grúa y un camión. La aceptaron como avance.

Sus hijos se preocuparon porque, para ellos, ese trabajo constituía un riesgo. La jornada, en sus primeros tiempos, empezaba a las 4:00 de la madrugada hasta medianoche, con sus respectivas tres interrupciones para ir a preparar desayuno, almuerzo y cena para los muchachos.

Tanto estrés le ocasionó a Ana Isabel un infarto, del cual sobrevivió. Con la ayuda de su hermano, retomó las carreras ahora más a su ritmo. Pensó en cambiar de oficio después de un robo del cual fue víctima en el ejercicio de su trabajo, pero se repuso prontamente. Todos los días, pide a Dios su protección y varias imágenes de santos recorren con ella las vías.

“Alternar el taxi con la casa es fuerte, pero lo hago”, dice. A las 4:00 de la madrugada ya está despierta. Una vez garantizado el desayuno de todos, a veces deja almuerzo hecho desde temprano. Durante el día, no descansa entre carrera y carrera y, cuando es necesario, entre oficio y oficio. De noche, se recogen todos para cenar en familia.

Estar pendientes de los hijos, pero también dejar que adquieran su independencia, es un buen equilibrio de maternidad que la vida le ha enseñado a Ana Isabel. De eso se habla mucho, entre carreras de taxi, con otras madres que han ocupado el asiento de copiloto o de atrás. “Se olvida uno de sus penas para escuchar las de otras mujeres. A las que veo con muchos problemas, les recomiendo que confíen en Dios y siempre amen a sus muchachos”.

El Día de la Madre, Ana Isabel lo suele celebrar trabajando. Por ser madre y padre, faltaba esa otra figura que, en complicidad con los niños pequeños, preparase un regalo para sorprender a la reina de la casa. “Ellos son muy cariñosos, siempre tienen sus detallitos para mí”.

Ser abuela, su más reciente faceta, es una vivencia igual de hermosa, expresa Ana Isabel. Ahora el día de la única mujer y madre taxista de su línea también rinde para cuidar y abrazar al nieto más pequeño.


“Ser mamá es dar lo mejor de una”

Niño tiene dos décadas como policía municipal. (Foto/Jorge Castellanos)

Eddy Zulay Niño entiende el hecho de ser madre como una bendición que Dios le otorga a la mujer. “Ser mamá es dar lo mejor de una”, interpreta la oficial de la Policía Municipal de San Cristóbal que, a pesar de tener un trabajo tan exigente y con guardias tan largas, siempre busca aprovechar el tiempo al máximo con su niña de siete años. En el cumplimiento del deber toca el silbato y da voces preventivas, mientras que en casa vive el amor familiar.

Parte del grupo de fundadores de la institución en 1997, cuando se hablaba de la Policía Vial, Eddy Zulay siempre ha laborado en la parte operativa. Así, ha estado en control y dirección de tránsito, ha tenido personal subalterno a su mando, se convirtió en licenciada en Seguridad Ciudadana y es tesista de la maestría en Gerencia Educacional. Ahora, aprende sobre el área administrativa en el departamento de Talento Humano.

Se casó a los 30 y se convirtió en madre a los 38 años. Su niña se siente muy orgullosa de que su mamá sea policía. Recién, en el colegio la felicitaron porque supo explicar con mucha claridad las señales reglamentarias y preventivas de la Ley de Tránsito. Una madre se emociona cuando ve que su hija de segundo grado incluso la dibuja en funciones de trabajo.

Hablar con Eddy Zulay es sentir tanto el amor por su hija como su entrega y pasión por la Policía Municipal. Entre otras funciones, ha montado jefatura de los servicios y supervisión en el área con patrullaje inteligente, atendido llamados de la comunidad y sancionado a conductores infractores. “Trato de llevar el equilibrio que más se pueda, porque los conocimientos que mis padres me impartieron fueron aprovechar calidad y no cantidad de tiempo”, dice.

Así, por ejemplo, la madre recuerda cuando un 24 de diciembre en la noche su esposo llegó con su hijita en brazos y unas hallacas para compartir como cena de Nochebuena en el sitio donde Eddy Zulay se encontraba de guardia.

Una madre en la actualidad debe, sobre todo, impartir valores, considera esta madre policía. “Yo puedo tener esta o cualquier investidura, pero lo que me inculcaron mis padres, lo tengo que reflejar con hechos y no solo con palabras”, dice la tachirense que se levanta todas las mañanas a eso de las 4:00 a hacer desayuno y preparar almuerzos para los suyos, antes de salir a trabajar. Con su esposo, se reparten el acompañamiento de las tareas de la niña con los quehaceres de la casa. Hoy, seguramente, ella y todas las madres recibirán abrazos de amor.