viernes 19 agosto, 2022
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Servidores del periodismo en otras latitudes

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Por Daniel Pabón


En “El periodista universal”, una de las biblias del oficio de comunicar, el británico David Randall (1951-2021) parte de una base: el buen periodismo consiste en el cumplimiento de unos objetivos universales, que se refuerzan con una serie de destrezas.

Pedro Rojas, Maivy Gómez, Jesús Estrada y Luis Luengo tienen en común que hoy son periodistas universales. Andinos de cuna, formados en el núcleo del Táchira de la Universidad de Los Andes en diferentes generaciones, hacen parte de los 6,1 millones de migrantes venezolanos (ONU, 2022).

En la televisión, la radio, el medio digital y la docencia universitaria, los cuatro configuran una muestra de lo que también apunta Randall en su obra clásica: sin importar dónde estén geográficamente parados, todos los periodistas comparten un compromiso común, universal, de búsqueda de la verdad, a menudo en circunstancias difíciles.

Venezuela no está exenta de esas circunstancias. Este lunes, Día Nacional del Periodista, tuvo como preludio la manifiesta intención de la Comisión de Comunicación de la Asamblea Nacional de estudiar una reforma de la Ley de Ejercicio del Periodismo. Posibles cambios en un país donde “el periodismo se ejerce con reservas” y la libre expresión es evaluada con 62 puntos (esto es, “algo de libertad de expresión”) en una escala de 0 a 100, como recién concluyó IPYS.


Contar decisiones que impactan al mundo

Pedro Rojas en un día de trabajo a las afueras de la Casa Blanca, en Washington (Foto: cortesía)

De pasante en Diario La Nación a corresponsal nacional de la cadena Univisión en la Casa Blanca. Esta podría ser una forma de abreviar la extensa trayectoria profesional de Pedro Rojas, desde sus inicios hasta su ocupación actual.

En el intermedio, ha sido corresponsal nacional para Texas, el sur y el centro de los Estados Unidos y también en la región fronteriza del norte de México junto a Univisión. Antes laboró como reportero de televisión, condujo programas de radio, fue responsable de producción y presentó noticieros en varias ciudades. Ha alzado dos premios Lone Star Emmy, otorgados por la Academia Estadounidense de la Televisión.

Merideño de nacimiento, egresó en 2000 de la Universidad de Los Andes – Táchira. Pasante durante varios años de la década de los 90 en Diario La Nación, escribió en el dominical Quinto Cuerpo y sobre esto también basó su memoria de grado. Hizo periodismo en la televisora y en un impreso de Mérida, donde igualmente fue corresponsal de Televen.

—¿Qué aprendizajes o enseñanzas le ha dejado el ejercicio del periodismo fuera de Venezuela?

—La oportunidad de poder contar historias y poder ser testigo de primera mano de múltiples incidentes. He cubierto desde ataques terroristas hasta huracanes, pasando por balaceras masivas y temas como la crisis fronteriza entre México y Estados Unidos, la política estadounidense y más recientemente las decisiones que se toman en la Casa Blanca y el Capitolio. He tenido la bendición y la oportunidad de contar muchas decisiones que no solamente afectan a Estados Unidos, sino al resto del mundo.

—¿De qué manera su trabajo periodístico actual contribuye al desarrollo y progreso de su país de acogida?

—En Estados Unidos en este momento, de acuerdo con el censo de 2020, tenemos un poco más de 65 millones de estadounidenses que son hispanoparlantes. Una multiplicidad de culturas latinoamericanas mezcladas. Cada día, las notas que produzco con la compañía de camarógrafos y productores son vistas por aproximadamente 5 a 10 millones de personas. Son notas vistas a nivel nacional y en las redes sociales no solamente en Estados Unidos sino también fuera. Entonces, nuestros reportes de minuto y medio o dos minutos logran impactar, informar y también educar a estos millones de personas. De manera inmediata tenemos un impacto gigantesco y logramos orientar a mucha gente sobre lo que ocurre en la política doméstica, la política exterior, las decisiones del Gobierno, del Congreso, y las acciones que no solamente impactan a la gente, sino cómo de manera directa impactan al ciudadano común, a quien recién llegó como inmigrante… es decir, que tenemos un impacto inmediato de lo que estamos haciendo todos los días.


Aprender a olfatear buenas historias

Maivy Gómez en la sede del canal Caracol en Bogotá. (Foto: cortesía)

Desde hace más de año y medio Maivy Gómez es productora periodística del programa de investigación ‘Séptimo día’ en la cadena colombiana Caracol Televisión. Allí contribuye a filtrar historias en las cuales puedan obtener enfoques de dimensión sobre denuncias o problemáticas que afectan a colombianos en masa.

Ubicar a los dueños de la historia, escuchar los hechos, estructurar posibles fuentes que den respuesta al problema y trazar el bosquejo de grabación es parte de su labor profesional. En su mayoría, las notas de ‘Séptimo día’, un referente del periodismo de investigación televisivo, incluyen tres historias con un mismo problema o dentro del mismo contexto.

De las aulas de la Universidad de Los Andes – Táchira saltó al terreno de la reportería de calle, la narración de noticias y la comunicación institucional en San Cristóbal y la frontera. No le queda duda de la gran profesión que eligió. Dice que el espacio de investigación del cual ahora hace parte le ha hecho mejor persona, más escéptica, mejor periodista y humana.

—¿Qué aprendizajes o enseñanzas le ha dejado el ejercicio del periodismo fuera de Venezuela?

—Las enseñanzas han sido muchas. Una, es conocer que en un país donde medianamente hay entes de justicia, son los principales filtros para pedir respuestas verdaderas ante problemáticas de índole nacional. He aprendido a olfatear una buena historia; no obstante, a darle un enfoque de trabajo, a ver incluso vacíos legales, morales y en su defecto algunas crónicas han permitido que entes nacionales investiguen a organizaciones que han vulnerado derechos del ciudadano común. Muchos colombianos agradecen que, a pesar de ser venezolana, haya aportado a sus problemáticas, que no dejan de tocarme el corazón por extranjera que sea. Este trabajo me ha enseñado a exigirme, a buscar mayor conocimiento especialmente en el área jurídica y, sin duda, a ser mucho más humana.

—¿De qué manera su trabajo periodístico actual contribuye al desarrollo y progreso de su país de acogida?

—Mi trabajo me ha enseñado a escuchar historias que nadie quiere escuchar o prestarles atención, historias de gente que pone su fe en que ‘Séptimo día’ las va a revelar y la justicia va a actuar. La gran mayoría de historias tiene un factor en común, que es la falta de ley en todos los aspectos. La gran mayoría son ciudadanos comunes que tienen un problema, y muchos al escuchar que somos de ‘Séptimo día’ ven una gran esperanza, pues nuestro programa es ícono en el país por resolver grandes misterios de justicia y, en otros casos, por haber acorralado a entes del Estado a actuar en pro de un problema o situación expuesta. Por ello somos muy rigurosos en cada investigación, pues en cada caso pedimos toda la documentación y las pruebas pertinentes que nos permitan llegar a la verdad.


Enfocarse en las personas y las comunidades

Jesús Estrada en plena transmisión desde la cabina de radio en Guadalajara. (Foto: cortesía)

Jesús Estrada se graduó de la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Los Andes – Táchira en el año 2000. Para ese momento, ya había trabajado varios años como reportero y editor en Diario La Nación. En España cursó una maestría en Relaciones Internacionales y Comunicación, que incluyó prácticas profesionales en la agencia EFE.

Desde Guadalajara, México, donde vive desde hace 18 años, sigue ejerciendo el periodismo y la comunicación. En 2011 se incorporó al programa ‘Cosa pública’, que transmite Radio Universidad de Guadalajara en su señal FM. Allí elabora una selección diaria de las noticias más relevantes de temas sociales, políticos y económicos, a partir de las cuales desarrolla un análisis crítico.

Se encarga de la conducción y la producción del programa junto con su compañero, Rubén Martín, lo que incluye gestionar las entrevistas. También colabora con reportajes en revistas y ejerce el periodismo musical a través de la plataforma de difusión y promoción PULP Música en redes sociales, a través de la cual cubre eventos y hace entrevistas con artistas y promotores.

—¿Qué aprendizajes o enseñanzas le ha dejado el ejercicio del periodismo fuera de Venezuela?

—Ejercer el periodismo fuera de Venezuela me ha permitido tener contacto con personas de diferentes latitudes que enfrentan problemas en común con la población venezolana, como víctimas de injusticias, de violaciones a sus derechos humanos, pueblos y comunidades que defienden sus territorios, sus recursos y sus modos de vida; personas que son agraviadas por políticas de gobiernos, por crimen organizado y también, en ocasiones, por empresas privadas. Me ha permitido identificar que más allá de las fronteras de los estados nacionales, hay personas en todo el mundo que tienen problemas, amenazas y luchas en común por la vida y por un futuro más digno.

—¿De qué manera su trabajo periodístico actual contribuye al desarrollo y progreso de su país de acogida?

—El trabajo periodístico que ejerzo está muy enfocado en los sujetos, en las personas y las comunidades. En la mayoría de los medios de comunicación se suele dar voz a los gobiernos, a políticos profesionales o a grupos de poder económico, pero pocas veces se incluyen las voces de las personas afectadas “abajo” por las decisiones que se toman desde “arriba”. Además, México vive desde hace 15 años una guerra no reconocida oficialmente, un conflicto armado interno o guerra informal, como la han definido algunos académicos, que se ha saldado en más de 100 mil personas desaparecidas, miles más de asesinados, desplazamientos formados, feminicidios, represión contra las personas que exigen justicia o defienden sus derechos. En mi trabajo periodístico solemos abordar estos problemas desde la perspectiva de las víctimas y sus demandas, a partir de las cuales se busca generar una reflexión colectiva sobre el problema de la guerra en el país.


Hacer posible el valor de la adaptación

Luis Luengo egresó de la ULA y se radicó en Ecuador. (Foto: cortesía)

Luis Luengo ejerce una de las facetas más nobles y comprometidas del oficio comunicacional: es profesor, en su caso, de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). En el campus central ubicado en el valle de Cumbaya, en la capital de Ecuador, tiene varias responsabilidades; en el área de periodismo, por ejemplo, imparte las asignaturas de periodismo móvil y taller de producción. En ambas, dice, intenta involucrar nuevas y conocidas narrativas. Nuevas, derivadas de su disciplina por el estudio, y conocidas, muchas aprendidas por él en su tiempo de estudiante en la Universidad de Los Andes – Táchira.

En la misma área de periodismo, el joven venezolano de raíces andinas tiene responsabilidades de investigación y vinculación, que implican levantar fondos, generar contenido y realizar convenios con organizaciones nacionales e internacionales.

Al mismo tiempo, en la carrera de cine se encarga de los equipos que necesitan los estudiantes y de apoyar en materias introductorias y en rodajes de dirección.

—¿Qué aprendizajes o enseñanzas le ha dejado el ejercicio del periodismo fuera de Venezuela?

—El número uno es asumir y hacer posible el valor de adaptarme a todo, me obligué a perder el temor con cualquier plataforma que salga al mercado, me prohibí decir: “esa plataforma es banal o es una tontería” porque resulta que en eso “banal” o “tonto” convergen comunidades digitales importantes. El número dos es apreciar el significado de libertad en libertades, aunque puede leerse como un cliché realmente he podido escribir y enseñar libertad después de vivir, presenciar y lamentar censuras y autocensuras.

—¿De qué manera su trabajo periodístico actual contribuye al desarrollo y progreso de su país de acogida?

—Es algo complicado porque sí hay resultados positivos y otros que aún no se pueden medir, por ejemplo: en la pandemia levantamos una investigación y vinculación con las islas Galápagos sobre el proceso de vacunación de todos los archipiélagos, que ayudó con un montón de información para el posterior proceso nacional de vacunación, en enviar información a la OMS, Pfizer y organizaciones nacionales e internacionales. Actualmente trabajo con varios socios internacionales para capacitar a estudiantes y profesionales en Venezuela sobre nuevas narrativas y distribución de contenido.

Tenemos igualmente un proyecto espectacular de enseñar periodismo a jóvenes líderes de la Amazonía ecuatoriana, pero uno de los proyectos que más he disfrutado es realizar dos series de documentales enfocados en gastronomía sostenible y sustentable.

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