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Banda “Los Toyoteros” causante de caos y muerte en la frontera

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Tras ser prácticamente desmantelada, algunos de sus integrantes puestos tras las rejas en la entidad tachirense, otros ultimados durante enfrentamientos, y uno de sus líderes asesinado en mayo de 2011, apenas dos horas después de haber sido recluido en el internado judicial de Barinas, desencadenando a su vez la masacre de 4 más de sus miembros, presos en el CPO, la banda criminal Los Toyoteros se ha reagrupado para generar caos y muerte en la frontera con Colombia.

El robo de vehículos Toyota en Táchira, como tal, inició a comienzos de la década de los 90, con la salida al mercado de las camionetas Samuray, cuyas piezas eran bastante costosas y por ello, la marca era apetecida por los delincuentes, de acuerdo a una fuente policial de inteligencia.

Pero no existía una banda como tal. Eran casos aislados que, de alguna manera, los cuerpos policiales, junto con los del vecino país, lograron mermar un poco, al inhabilitar las trochas por donde los pasaban a Colombia.

Aunque han aparecido otros grupos de delincuentes dedicados a lo mismo, “Los Toyoteros”, como banda, nació en Táchira en el año 2000, aproximadamente, pero su mayor repunte se observó entre 2006- 2008, con una forma más organizada de perpetrar robos y hurtos de vehículos de esta marca.

Estaba conformada por hombres y mujeres que actuaban con intrepidez y descaro. En abril de 2011 le robaron la camioneta blindada al entonces gobernador del Táchira, César Pérez Vivas; un mes después, un funcionario de la Unidad de Inteligencia de Politáchira, Nixon Yuncosa, fue asesinado durante un procedimiento, en el que pretendían recuperar el vehículo oficial.

La presencia y acciones de la banda se tornaron más visibles y reiterativas. Luego de ubicar a una víctima potencial para despojarla de su carro, la seguían, interceptaban, sometían mediante armas de fuego, la secuestraban, trasladaban hasta un sitio determinado, donde la mantenían cautiva, mientras otros cómplices lograban llevar el vehículo a Colombia.

Para cuando la víctima era liberada, ya era tarde. O lo habían pasado al vecino país, donde lo vendían por partes., o se hallaba oculto en algún lugar de “enfriamiento”. También usaban como señuelos a mujeres voluptuosas para captar la atención de las víctimas; en fin, su modus operandi era y sigue siendo amplio.

Duro golpe los llevó a migrar

Las autoridades policiales locales le asestaron un duro golpe, con considerable número de bajas y detenidos. Los delincuentes que estaban en fuga salieron de la entidad y se asentaron en distintos estados, como Barinas, Zulia, Portuguesa y Sucre. Allí también sufrieron los rigores de las consecuencias de ir en contra de la ley.

Pero, hace poco más de seis años, pareciera que retomaron fuerza, negándose a desaparecer. Varios de los que estaban presos en Venezuela fueron puestos en libertad y se reagruparon.

Aprovechando el fenómeno de la migración venezolana, los delincuentes se trasladaron a la frontera colombo- venezolana para hacer de las suyas, ampliando sus objetivos; siendo parcialmente desmantelada la banda en Colombia, al poco tiempo. Unos 20 de sus miembros fueron detenidos.

Cumplida la condena en el vecinos país, también salieron en libertad, y ahora la banda es más grande y temeraria -de acuerdo a la prensa colombiana-, en confabulación con la guerrilla.

“Esta organización criminal se estaría robando semanalmente entre dos y tres vehículos (en Norte de Santander). Ellos ubican a las víctimas y cuando tienen todo el plan, llegan armados y amenazan a los conductores para que entreguen el automotor; una vez lo tienen en su poder se van rumbo a San Faustino, donde tienen dos trochas para pasar hacia Venezuela, pagándole al ELN”, señaló una fuente al diario La Opinión.

“(…) investigadores vinculados al estudio de las trochas binacionales dicen que incluso los enfrentamientos entre el Tren de Aragua y el ELN, en los pasos informales de la frontera, responden -en parte- a la necesidad de establecer y mantener canales seguros para el paso de los vehículos que son robados en Cúcuta y posteriormente trasladados a los estados centrales de Venezuela para su comercialización”, agregó el diario.

Las rutas
Las trochas más usadas para el paso de los vehículos robados son las de Juan Frío, que llegan a San Antonio, y la de Guaramito, que colinda con la zona norte del Táchira, pero también usarían dos pasos informales existentes en la vía al corregimiento San Faustino, que llevan a La Mulata, Ureña; o por Boconó, que une a un sector de Tienditas.
Así como Los Toyoteros, otros grupos organizados, como la guerrilla, también se dedican al robo y hurto de vehículos. Esta última no para venderlos en el mercado negro, sino para uso de la agrupación.

Las investigaciones han determinado que los ladrones están aprovechando, por un lado, que en Venezuela hay escasez de repuestos, y por el otro, que las partes y piezas las pagan en dólares, lo que hace lucrativo el negocio.

Último crimen
A la banda “Los Toyoteros”, que valga decir, ahora no está integrada solamente por tachirenses, también por delincuentes que migraron de otros estados, le atribuyen otros delitos, como abuso sexual, extorsión y homicidio.

El más reciente fue el del gruero Wilmer Suárez Judex, secuestrado y asesinado hace unos días, porque no pudieron robarse el vehículo y porque la familia no pagó el rescate. Le solicitaron un falso servicio de grúa y cuando llegó al sitio que le indicaron, lo sometieron.
Su cadáver, abaleado y maniatado con los cordones de sus zapatos, fue hallado el domingo pasado, dos días después, a 300 metros de la vía principal que comunica a Cúcuta con Puerto Santander, vereda Patillales.

Wilmer Suárez Judex, la más reciente víctima de “Los Toyoteros”.

Poco después del secuestro, le tomaron fotos y le hicieron varios videos, en los que le pedían a su humilde familia que debía pagar 10 millones de pesos para que recobrara la libertad.

“Con esas imágenes, los delincuentes, que tienen acento venezolano, comenzaron a presionar a los familiares del conductor para que pagaran, pero como ellos no cuentan con los recursos económicos, la angustia fue más grande y acudieron al Gaula para que les ayudara a rescatar sano y salvo a Suárez Judex”, relató La Opinión.
El jefe del grupo, que le hacía seguimiento a la grúa por el GPS, al notar que el vehículo se movilizaba por la vía de San Faustino hacia territorio tachirense, optó por apagarlo remotamente.

Miriam Bustos

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