Inicio Sucesos El doble infanticidio que estremeció a los tachirenses en el año 1989

El doble infanticidio que estremeció a los tachirenses en el año 1989

El viejo Viaducto cobró dos inocentes víctimas.

Dos hermanitos de nacionalidad mexicana fueron lanzados desde el viaducto de la Quinta Avenida de la capital tachirense, por un joven cegado por los celos    


Por Raúl Márquez

El hombre despertó en medio de la noche. Un ruido en la calle resquebrajó sus sueños. La mujer también despertó. Él le dijo que pudiera tratarse de una persona que se lanzó del viaducto. Tras un breve silencio, la mujer dijo: «No creo», al tiempo que se arropaba nuevamente. Era la madrugada del martes 18 de julio de 1989.

Al cabo de un rato, tocaron a la puerta, de manera violenta. Era una vecina quien con voz quebrada los puso al tanto del hallazgo: dos niños habían sido arrojados desde el viaducto y estaban justo frente a su casa, en la calle 2 del barrio 8 de diciembre.

El niño tendría unos seis años y yacía boca abajo. Pijama rosada, con vivos colores verdes y azules. Piel blanca. Cabellos castaños, medias azules. Ella se encontraba a unos tres metros de él. Llevaba puesto un vestido rosado, con las mismas características que el pijama del niño. No tenía medias. Piel blanca y cabellos castaños.

Un tumulto de vecinos se agolpó en torno a ellos. Aunque estaban acostumbrados a encontrarse con los cadáveres de las personas que se quitaban la vida desde el citado puente, jamás había ocurrido algo similar.

Unos minutos antes, dos policías de la Dirección de Orden Público –Dirsop- dieron con los cadáveres en un patrullaje de rutina. Tiempo después, una comisión de la Policía Técnica Judicial –PTJ- región los andes, procedió con el levantamiento de los cadáveres, que fueron trasladados a la morgue del Hospital Central de San Cristóbal para las autopsias de ley.

Se publicaron las fotos de los niños

En vista de que pasaban las horas, y nadie reclamaba los cadáveres de los niños, los detectives decidieron colocar fotografías de los niños en algunos puntos importantes de la ciudad, junto con los números telefónicos de la delegación.

«Necesitamos la ayuda de los sancristobalenses para identificar a estas criaturas. Cualquier pista o información, por favor comuníquense con nosotros», dijo a los medios radiales un vocero de la PTJ.

A dos días del hecho, los niños permanecían sin identificar. Eran reiterados los llamados de las autoridades, clamando el apoyo de la ciudadanía. Los medios de comunicación, como Diario La Nación, publicaban, una y otra vez, las imágenes de las pequeñas víctimas. Las pesquisas parecían destinadas a “encangrejarse”. El tiempo pasaba y parecía jugar en contra de la justicia.

Los reconocieron

Una semana después del crimen, el administrador de un hotel, tras reconocer a los niños de las fotografías publicadas por la prensa, se dirigió a la sede de la PTJ, donde dio información que sería clave para el esclarecimiento del caso.

Entonces fueron identificados: Ella se llamaba Nataly  y tenía seis años de edad. El niño respondía al nombre de Jesús y tenía cinco años. Ambos eran de nacionalidad mexicana.

La ficha del archivo del hotel donde solían hospedarse los niños con un hombre y una mujer, que eran presuntamente sus padres, fue una luz que iluminó la ruta de los detectives hacia la verdad.

Se determinó que el hombre no era el padre biológico de las víctimas, sino el amante de su progenitora, y quien cometió el doble infanticidio.

Fue identificado como Enrique Rafael Clavel Moreno, entonces de 26 años de edad, hijo de un diplomático venezolano y administrador de empresas. Por cuestiones de estudio había vivido en Culiacán, México. Su aprehensión se efectuó en San Antonio de Los Altos, en el estado Miranda.

Tras su arresto, tal y como fue reseñado en medios regionales y nacionales, confesaría, lo pormenores de los asesinatos.

La terrible confesión

De acuerdo con la confesión del que fue bautizado como «El monstruo del viaducto» cuando este estudiaba en México se hizo amante de Guadalupe Laija. Ella recibía malos tratos de su marido, un hombre de negocios a quien llamaban ´El Güero´. Este era considerado uno de los narcotraficantes más buscados de Norteamérica. Al cabo del tiempo, la mujer abandonó al presunto narco para convivir con él.

En enero de 1989 viajaron a Venezuela por primera vez como una familia. Arribaron a San Cristóbal, capital del estado Táchira, donde se celebraba la Feria Internacional de San Sebastián. En febrero, Guadalupe viajó sola a México. Clavel Moreno se quedó con sus hijastros en Caracas.

En el mes de marzo retornarían a San Cristóbal. Luego de unos días viajaron al país azteca.  Según lo relatado por Clavel Moreno, en el mes de junio regresaron a la llamada “Ciudad de la cordialidad”. La pareja discutió fuertemente. Ella le confesó que iba a volver con su marido, por lo que viajó a Estados Unidos.

Él, al parecer, dejó a los niños en Caracas y la siguió. Voló a Los Ángeles en donde encontró a la mujer en una casa rodante. Ella, sorprendida y temerosa, le dijo que se fuera. Es entonces cuando Clavel Moreno la estranguló. Es el 19 de junio de 1989. Perpetrado el crimen de la mujer, huyó al país caribeño, tejiendo ya en su mente el macabro plan de acabar con la vida de las criaturas.

Al llegar a Caracas se movilizó con los infantes a San Cristóbal. Adquirió un vehículo Monza, color beige.

Las pesquisas develaron que el hombre les suministró a los niños una especie de sedante –se cree que Passiform o Calcibronat- para llevar a cabo sus perversos propósitos, sin despertar sospechas.

Según su confesión, los violó salvajemente. Acto seguido, los trasladó al viaducto de la Quinta Avenida de la capital tachirense. Primero lanzó al niño, luego a la niña. Desde otro punto de la estructura arrojó sus pertenencias, intentando eliminar toda evidencia que lo incriminara.

Epílogo de una cruel historia

En agosto, Clavel Moreno fue conducido a los tribunales. Una turba de gente lo aguardaba, le gritaba improperios, exigía justicia.

Se ordena su auto de detención por homicidio calificado y violación. «El Monstruo del viaducto» dijo estar arrepentido y negó haber violado a los niños. Una pasión enfermiza y su adicción a las drogas, desencadenaron la tragedia.

Algunos tachirenses recuerdan el cruento episodio. Las fotos de los hermanitos, cuyas vidas les fueron arrebatadas tal vilmente, aún palpitan en sus memorias. Dos titilantes estrellas apagadas por los tentáculos del odio y la miseria humana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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