domingo 26 junio, 2022
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“Fue mi hermano, amigo y confidente”

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A un año de ser profanada por el asesinato de su fundador, la Quinta Lis fue exorcizada con el polifacético arte de su progenitor en exposición retrospectiva inaugurada este viernes, así como con el amor y la admiración de quienes en vida tuvieron el privilegio de conocer a José Antonio Sánchez, y compartieron recuerdos en este evento, que más allá de su significado cultural, estuvo colmado de encontradas emociones.

Para su familia, y un grupo de personas en constante compromiso con el hacer cultural de San Cristóbal, no fue una decisión fácil; pero a la larga resultaría necesaria, pues la memoria de “Toño” no podía ser enterrada bajo un hecho trágico, cuando él ha sido el portaestandarte de una heteroclítica poética, y una actitud personal afirmada en un sí rotundo a la vida y la creación en todas sus formas.

Año de sombra y luces

El proyecto Quinta Lis, que este año cumple su tercera década, recibió su nombre precisamente en honor a su hermana, quien tuvo que regresar desde muy lejos, a su casa materna para asumir todos los asuntos privados posteriores a la muerte de José Antonio Sánchez, y quien luego, entusiasmada por allegados y admiradores del artista, se embarcaría en este acto de justicia para la memoria del desaparecido.

Este viernes sus amigos y familiares se reunieron en la quinta Lis.

Aunque las distancias eran físicas, entre San Cristóbal y Europa, el contacto era permanente, menos por obra de avances tecnológicos, que por el lazo de sangre indisoluble que existió siempre entre ellos.

Ella era su hermana, su amiga, y hasta patrocinante de sus desaforados sueños. Desde niño compartieron un amor común por los animales de la calle, e incluso le procurada recursos para esa causa. Serían esas adoptadas criaturas las que lo llorarían durante las horas, antes de que alguien más lo descubriese exánime en su habitación.

Para ella ha sido un año muy cruel, en tanto conllevó el fallecimiento meses después de alguien muy querido a causa de una penosa enfermedad, y un regreso a su patria en circunstancias poco gratas, que ella no hubiese querido que ocurrieran en absoluto.

Sobrellevarlo ha sido posible, por muchos que aquí en el Táchira y desde el exterior, le han extendido una mano amiga para de alguna manera realizar un evento que en sí mismo ha representado una terapia de duelo para toda una familia.

–Agradecemos a todas esas personas bellas que han estado junto a mí, comenzando por mi amiga Kelly García de Púrpura Poesía, quien me ha acompañado permanente; a María José Ramírez, una permanente colaboradora; al artista plástico Ender Contreras, al fotógrafo Kevin Corredor, quien desde el exterior ha estado pendiente todo momento; a Oswaldo Barreto y su hermano Alejandro, fundamentales en la curaduría que se hizo, y con el cual me he sentido muy cómoda trabajando; a la poetisa Elsa Sanguino, al periodista Porfirio Parada, y a los integrantes de la Fundación Bordes. Cuando vine pensando desmontar el taller de mi hermano, me permití descubrir a toda esa gente que lo estima, lo extraña, y me han permitido descubrir a cuantos jóvenes artistas apoyó—afirmó Sánchez con una lánguida voz aterciopelada de gratitud.

En plena pandemia

En plena pandemia, el familiar más cercano, que pudo apersonarse de la situación, fue un sobrino residente en Mérida, quien tuvo que tramitar un salvoconducto para movilizarse hasta San Cristóbal, y hacerse cargo del entierro, esa parte “terriblemente triste y desagradable”.

–Yo llegué una semana después y me quedé un par de meses para poner en orden muchas cosas, para tomar las riendas de la casa, de la galería. Es importante resaltar que antes de entrar a mi casa materna, yo sentí un temor inmenso, temor no de nada extraño, sino temor de mis propias emociones. Y sin embargo, cuando entré acompañada de un par de personas, fue maravilloso sentir la energía tan positiva, que me rodeó, pues el amor de mi familia estaba allí. Eso me calmó, me trajo mucha serenidad, y me permitió pensar—sobre su voz apagada lanzaba destellos de esa tranquilidad interior lograda luego de larga lucha espiritual.

Siempre transgresor

Confesó Lis Sánchez, que los dos ya estaban abrigando planes para migrar a Costa Rica, en la realización de un proyecto de vida conjunto, un país en su concepto mucho más fácil para establecerse que EE.UU o España, países en los cuales ella ha tenido que moverse en los últimos años. Intuía en “Toño” una persona agotada por la situación del país, así lo leyó en su testimonio artístico, y ve en esto una inclinación de su destino a un trágico desenlace.

–Yo creo que lo que ha se ha manifestado para mí en el desmontaje de su obra, y al leer su poesía, y a partir de las conversaciones que sostuvimos, fue el hecho de que se sentía muy decaído emocionalmente de vivir en un país donde el sentía que no tenía las libertades necesarias para una vida plena. Yo creo que ese estado de ánimo personal de alguna manera invocó su partida. No creo que lo haya decidido conscientemente; pero en un plano consciente estaba muy harto, y su obra efímera de los últimos tiempos, demostraba lo temporal que se sentía—agregó Sánchez.

Ante una ausencia irreparable, el mejor reencuentro con su hermano lo ha tenido a través del arte por el legado, revelándose aspectos por ella desconocidos, con una tendencia cubista, cultivada en tiempos de pandemia, y una poesía visual, de la que tenía ciertas referencias. Descubrir esa vocación por la renovación constante fue muy grato para ella, quien incluso fungió de marchante de su obra en Italia.

–Su obra está en muchos países en Europa y ha gozado gran aceptación. Recuerdo con mucho cariño esa iconografía religiosa que trabajó durante los años 90. Fue un artista multidisciplinario, siempre con la palabra transgresión como rasgo característico. En los últimos 15 años de su vida, el utilizó elementos como el sarcasmo, la ironía, el desdén en su obra poética, en su afán de hacerse sentir en medio de esta situación que oprime a Venezuela—explicó desde la postura de una amante del arte en general.

Más allá del artista

Abordada por la pregunta “¿qué es lo que más extraña de José Antonio”, la respuesta vino antecedida por una incontenible explosión de suspiros.

–José Antonio fue mi hermano entrañable, y no creo que haya persona que le haya dolido su partida más que a mí. No voy a extrañar tanto al artista como al hermano, al amigo; fue mi confidente; nunca se casó y mis hijos fueron sus hijos. Ellos amaron a ese tío, ese tío loco, pero juguetón, y sobre todo muy profundo–confesó.

Y aunque la Quinta Lis en no pocas ocasiones fue asaltada por multitudes, en realidad era un refugio que José Antonio Sánchez disfrutó en soledad, sobre todo después del fallecimiento de su señora madre, reconocida artista del bonsái. Esa soledad de la cual no renegó, pero que, en este país, ya pasados los sesenta años, te ponen en un gran estado de vulnerabilidad.

–El disfrutaba su soledad , no lo veía como algo malo; el hacía mucha introspección. El leyó a edad muy temprana muchos clásicos de la literatura europea, y desde muy temprano, el haber ido a vivir a Inglaterra desde los 18 años, para el lo más cosmopolita que podía existir en el mundo por los años setenta y ochenta, le cambió la visión del mundo, lo hizo una persona muy global y lo encamino, hacia un pensamiento fuera de cualquier contexto opresor. Era una mente libre y hay una canción que lo define muy bien “My Way”. El vivió y murió a su manera…

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