Cultura
Damas del arte (III): Elsa Sanguino, alma transparentada en barro y verbo
domingo 7 junio, 2026
El verbo y el barro se hicieron carne, y más que carne gesto que da a las creaciones de Elsa Sanguino una poderosa emancipación capaz de monopolizar la atención del observador y aislar la mirada del contexto.
Escultura, pintura, poesía o cualquier otra manifestación artística tienen igual potestad de destacar el talento de Sanguino, y ello porque hay un hilo de Ariadna que conecta la expresión en una sola pasión de sentirse libre creando.
A su gusto se toma la licencia de los dioses que no operan con la rígida autoridad masculina, que no censuran la emoción, ni el capricho, ni la imperfección pues solo así se puede capturar la esencia de lo humano.
En el tono de su voz y de su verdad, profundo y directo, se delata la misma energía que enciende la fluidez musical de su proceso artístico. La plasticidad arropa sus versos, y los discursos, con letras impresas en fuego, atraviesan sus piezas, siempre con la imagen del cuerpo como elemento mediador. Un cuerpo que paradójicamente ha sido castigado por la mirada juzgadora de quien lo encierra en un éxtasis lejano a la contemplación
Ni solapa, ni mitiga, ni justifica las dificultades del arte de las mujeres de ganar espacios en salas expositivas y mercados; pero no cae en la queja de la frustración, en tanto lanza sus afirmaciones desde un lugar ganado a pulso, merecedor de reconocimiento y admiración. No obstante, más que las limitaciones propias del mundo artístico, considera las más complicadas aquellas que se inscriben en el entorno íntimo que exige a la mujer ser madre, ser administradora de un hogar y ciudadana productiva.

“Sí, hay muchísimo prejuicio.No nos hemos librado de eso. Bueno, no, no creo. Los prejuicios siguen existiendo. Pero a nosotras como artistas nos toca esforzarnos el doble para ser tomadas en cuenta. Seriamente en cuenta. Y me refiero a Venezuela y al mundo en general. Fíjate los que estaban en la FIAV en Bogotá en la mesa de inauguración, todos hombres. Es muy duro, Hemos sido las teloneras. Me he ganado un puesto peleando, y ganándome epítetos por cantar las verdades de frente. Hubo una época, cuando no existí internet, y llegaban invitaciones para participar en eventos, y era un grupo de artistas que se informaban pero eran ellos. Yo tardé 9 en años en terminar una pintura, pues muchas cosas se me presentaba entre atender a mis hijos y el hogar, y un sinfín de cosas que como mujeres nos ocupan”.
Porque siempre es esa mirada sesgada, ese, como dijo Ana, sí, ella agarra el pincel y… Sí, siguen los prejuicios, sí. Por supuesto que siguen. ¿Cuándo comienza ya, bueno, haces tu obra, pero una cosa, cuando tu obra sale a reducir, sale en una exposición, o a la gente le interesa en adquirir tu obra
Desde niña el instinto artístico se manifestó, puliéndose en cursos que desarrolló en San Cristóbal, y luego en EE.UU como estudiante de intercambio insistió en inscribirse en una cátedra acorde a su vocación.

Su padre y su madre también se desenvolvían con el dibujo; pero sería su progenitora quien la introduciría en el mundo de la artesanía, desde un taller del cual tomaba prestaba oleos para sus pinitos en la pintura. Luego se enteraría de que su abuela en la población colombiana de Barichara se dedicaba a vender vasijas de barro.
Concebir figuras en barro no se trató de simplemente moldear y cocer, le valió ensayo y error, en hornos alquilados. Y con más lo intentaba más se enamoraba del material con el que trabajaba.
“Es fascinante cómo te atrapa el material. Me gusta lo flexible que puede ser; las cosas que puedo lograr, cómo cambia el material, desde que es el trozo de arcilla que se saca de la mina, que luego hay que procesarlo, que hay que molerlo, que hay que colarlo, que hay que prepararlo, que debe tener cierto punto de flexibilidad, de plasticidad. El proceso de la quema, que eso es otro mundo. Me permite la capacidad del asombro, la capacidad de indagar lo que somos, porque eso es el cuerpo humano y siempre ha estado presente en todo mi trabajo”.
Involucrarse en mil y una tareas casi en simultáneo, lo llama Sanguino “meditación en acción”. Y puede que en plena escritura poética, le surja una imagen que merezca una recreación tridimensional. O puede ocurrir al revés…
“Y entonces estoy aquí, modelando, amasando, sudando, no sé qué, porque es un ejercicio de fuerza. Y de repente se me ocurre una frase, o estoy rememorando algo, y si tengo la oportunidad, o puedo hacer un alto, tomo nota. Tengo muchos cuadernos escritos, con ideas para piezas, cosas que me llaman la atención, poemas. Llevo diarios personales, tanto diarios creativos, como diarios de sueños. La escritura para mí es muy importante”.
Se alimenta para su trabajo de múltiples referencias, y entre todos ellos, se refirió con especial consideración a la obra de Marisol Escobar, Luis Caballero y Frida Khalo, todos ellos con una visión muy particular del cuerpo, en su plena sustancialidad y padecer.
En el siglo pasado recogió mieles en una época en el que el arte se retribuía económicamente. Mientras estudiaba inglés en la ULA se hacía de recursos con las piezas a consignación que dejaba negocios como el Sonia Álvarez Díaz, ubicado frente al Centro Comercial El Ángel, o la Tienda del Mavet. Así fue armando una cartera de clientes fuera y dentro del Táchira, que terminaría golpeada por la crisis económica de los últimos años. Hoy en día las redes sociales @elsasanguino le han permitido desentenderse de la preocupación de estar constantemente en exposición, y abrirse a un público más amplio.

“Para mi internet, Instragram que es lo que más utilizo es una ventana, que me ha servido para dar a conocer mi trabajo, para hacer ventas, para hacer contactos. Pero ya no ando en ese plan de que los museos me presten atención. No,no,no: yo hago, yo disfruto, me la gozo; lloro si tengo que llorar, porque se me reventó una pieza en el horno -me ha pasado mas de una vez-, porque no sale lo que yo quiero en el lienzo”
El arte para ella ha significado sacrificios y largos periodos de aprendizaje, y la técnica que ella maneja se expone a la inconsistencia de fuerzas como las del fuego y la electricidad, que propician un resultado final muy diferente al previsto.
“Una vez hice un jarrón con un rostro y unas manos que sobresalían. Me daba la profundidad del horno, Lo puse a secar y cuando lo puse a quemar, por estar de atorada, subí la temperatura muy rápido, y ha estallado eso en el horno, que hasta creí que se había dañado. Se salvaron la mano y el rostro; de resto, nada. Tenía que ir a temperatura baja por horas y luego si ir subiendo. Aprendí a manejar el horno por mi cuenta. Cuando conseguí luego de esfuerzos mi primer horno, y emocionada lo instalé en mi casa y en vez de alegrarme, me senté en una mecedora me puse a llorar y dije ¿ahora qué voy a hacer con esto?. Me tocó investigar, empezar a correr el riesgo, a sentir terror de la electricidad, a que hora activarla el horno para que la entrada de la energía sea la adecuada. Ruego que no se vaya la luz, que no se presente un corto circuito”. (Freddy Omar Durán)
Destacados











