“No se puede ser buen futbolista sin primero ser una buena persona”

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Ramón “Pocho” Echenausi, un entrenador argentino, nacionalizado venezolano. (Foto/La Nación)

En el deporte, como en la vida, es importante una buena estabilidad psicológica para obtener buenos resultados; esto va de la mano con un buen y sano estilo de vida, apegado a la buena conducta y valiosos modales.

Así lo aconseja Ramón “Pocho” Echenausi, un reconocido entrenador de fútbol menor con vasta experiencia y trayectoria en la formación del semillero deportivo tachirense, pues aunque es argentino de nacimiento, muy joven arribó a Venezuela y dedicó su vida al balompié nacional.

Echenausi forma parte de ese gran y valioso grupo de extranjeros que vinieron a nuestro país a aportar beneficios, en pro del crecimiento de la patria. El fútbol venezolano le debe mucho al Pocho.

Joven debutante

Nacido en Argentina, realizó su debut como profesional a la corta edad de 16 años, en el club local de Lanús, para ese entonces disputaba la Segunda División. En esa casa, Echenausi resultó campeón de la división y consagró el ascenso a la máxima categoría del balompié gaucho.

Rápidamente se convirtió en foco de miradas y atención debido a sus habilidades, destrezas y velocidad como puntero derecho. Méritos tenía para ser convocado para representar a su país, pero, por el bien de Venezuela, eso no pudo concretarse.

En la década de los 70, la Albiceleste estaba bajo el mando del estratega Juan José Pisuti. El Pocho ya gozaba de gran fama, siendo uno de los mejores delanteros argentinos del momento. No obstante, su baja estatura –tal como él lo reconoce- le jugó un punto negativo ante la competencia, por lo que Pisuti decidió llamar al “Ratón” Ayala, decisión que causó malestar en Ramón, tanto así que lo llevó a decidir no jugar más en Argentina y mirar hacia nuevos horizontes.

Caló en el “Penta”

Ese episodio trajo al Pocho al balompié criollo, sin saber que se quedaría de por vida. En condición de préstamo, y por dos meses, Ramón llegó al Portuguesa FC, escuadra venezolana que otrora se jactó de tener entre sus líneas a los jugadores más importantes del balompié nacional, además de contar con refuerzos lujosos.

Tras romperla con el “Penta”, Echenausi aún seguía enemistado con la dirigencia del fútbol argentino, lo que aprovecharon los directivos del club venezolano para persuadirle de que continuara con ellos, cosa que se concretó. Sus grandes actuaciones lo llevaron a ser apodado el Garrincha venezolano, ya que llegó a vestir la gloriosa ‘Vinotinto’ y a representar al país en las diferentes competiciones futboleras.

Ahora como maestro

Una vez retirado como jugador, Echenausi pasó a una nueva etapa en su vida, la de entrenador, enfocándose en la cantera futbolística venezolana. “Este proyecto comenzó en Portuguesa, después fue que nos trasladamos a San Cristóbal”, apunta el Pocho.

Precisamente, en 1993 abrió la Fundación Atlética San Cristóbal (FASC), en un principio en la parte alta de la ciudad, al lado del estadio Polideportivo de Pueblo Nuevo. Ahora el fortín forjador de talentos está ubicado en La Guayana, al frente del Cemoc.

Desde allí, hasta nuestros días, Ramón y su selecto grupo de entrenadores, en donde figuran sus hijos, también exfutbolistas, han venido siendo formadores de generaciones de hombres que alguna vez soñaron con jugar fútbol profesional y que por alguna u otra circunstancia terminaron ejerciendo otras labores u oficios, pero manteniendo la calidad y destreza de lo aprendido con el Pocho.

Fundación Atlética San Cristóbal

“Quienes hayan pasado por nuestra academia tienen un sello diferente al de otras escuelas. Nuestros jugadores salen formados, con valores y con buenas costumbres”, comenta el vocero.

Explica que en la FASC han tenido que ser consejeros educativos y familiares, pues ellos están monitoreando –constantemente- el rendimiento académico de sus entrenados, exigiéndoles buenos resultados también con sus estudios.

Del mismo modo, les corresponden velar por el buen comportamiento dentro del hogar y la sociedad, incluso aseguró que en ocasiones han servido de mediadores en problemas familiares, “todo por el bien del niño”.

“Formamos individuos para las vida. Buscamos que el niño se apegue más a los valores, que a la búsqueda de la moneda”, analiza el Pocho.

La FASC necesita de todos

Consciente de los tiempos en que Venezuela vive, y de la crítica situación que a todos nos embarga, Echenausi ha podido sobrellevar los gastos económicos de la fundación; sin embargo, reconoce que ha tenido que hacer grandes esfuerzos para mantener las instalaciones en óptimas condiciones.

Por ende, clama por el apoyo de la empresa pública o privada, solicitándoles aportes necesarios para los grandes gastos que acarrea el día a día de la escuela. “El mantenimiento de las canchas requiere de una gran inversión, y pues la matrícula de la escuela apenas alcanza”, manifiesta.

Asimismo, se pretende crear seleccionados competitivos, que asistan a los diferentes lugares en donde se desarrollan los encuentros que componen los cronogramas de las competiciones regionales y nacionales. “Eso requiere de dinero”, apunta, y de esta manera potenciar el talento de sus dirigidos.

De tantas personas que pasaron por la FASC, hoy día la institución requiere de alguna retribución a todo lo bueno que nos aportaron para nuestras vidas. Hoy la escuela del Pocho Echenausi nos solicita, es momento de dar la cara por ella.

Favio Hernández