Regional
Belkis Candiales: Guardiana del arte tachirense
lunes 1 junio, 2026

Freddy Omar Durán
Hace años, Belkis Candiales Caballero tomó una decisión que cambiaría su vida: Pasar de creadora plástica a guardiana del arte.
Hoy no se arrepiente, ya que tal giro del destino terminaría en beneficio de la cultura en general, en tanto nos ha legado una de las mayores colecciones de arte, resguardada en los espacios del Museo de Artes Visuales y del Espacio, y que reclama más valoración y atención de parte de los tachirenses.
Quienes la conocen por primera vez, y quienes ya llevan años cercanos a su gestión, saben que su pregón es incansable: “Perder el patrimonio artístico y arquitectónico significa poner en riesgo nuestra identidad cultural”.
Inconmovible en sus convicciones, a cierta distancia de los destinos del MAVET, del cual fue progenitora y por muchos años timonel de un barco que ha soportado tormentas, y ha navegado firme en relativos tiempos de mar en calma, hoy constituye su principal preocupación formar una nueva generación de museólogos; y al tiempo, sumar esfuerzos en pro de una causa enfrentada al frío muro de la indiferencia colectiva.
Nacida en Maracay, pero de muy joven, entre “ires y venires” se instalaría definitivamente en San Cristóbal a sus 15 años. Hizo parte de un movimiento cultural que en los años ochenta del siglo pasado reclamaría mayor proyección al hecho artístico, y que tuvo en las mujeres su principal músculo y agitación. Hoy considera que pese a lo mucho avanzado, la participación de las mujeres en el arte sigue siendo menor a lo esperado, y muestra de ello la poca participación en la elaboración de murales, para no hablar de las restringidas condiciones galerísticas y del mercado de arte.
“Ya cuando me instalé aquí, quise estudiar en la Escuela de Artes Plásticas, y mi mamá no me quería dejar, porque ella creía que el arte en la mujer era un pecado. Los libros de anatomía, con fotografías de desnudos, mi mamá me los rompía. Nosotros íbamos al cementerio para sacar los esqueletos para estudiarlos, eso era grave pero nosotros éramos estudiantes sin maldad, y los escondía debajo de la cama. Y una vez, mi mamá, no sé cómo, los encontró y salió gritando por la casa. Fue mi tía Jesusa -que en paz descanse- la que me inscribió y me representó en la Escuela de Artes Plásticas. Y fui una de las primeras en salir en medios como los diarios Centinela y Vanguardia”.
Estudió en la “época dorada” de la Escuela de Artes Plásticas Valentín Useche, que tantas figuras prominentes preparó entre los años 60 y 70. Y su perseverancia enfocada en la gestión educativa le valió una beca en arte moderno que la ubicaría por un año en la ciudad italiana de Florencia, la cuna del Renacimiento. Con nuevas ideas regresaría ya como formadora y gerente cultural al fundar la pinacoteca adscrita a la Galería Ariete, dentro del Plan Cultural de la ciudad de San Cristóbal.
“Yo a Italia me fui becada por el Ministerio de Educación, ya que quería mejorar para dar clases. Me estaba exigiendo más. Ingresé en la Escuela Superior de Arte de Firenze, en Italia, allí te ibas o por un estilo académico o un estilo moderno, y me decidí por este último porque te daba mayor libertad para expresar y comunicar”.
Tuvo que saberse multiplicar: Como madre y padre de Virginia, Ezequiel, Cinderella y Freddy Alejandro; como eje motor de Funmavet durante casi 30 años, y por supuesto su afán por aprender e investigar, obteniendo una licenciatura a través de la UPEL Táchira en 1983 y una maestría en Museología, a través de la Universidad Experimental Francisco de Miranda de Coro, en 2008. Como resultado de sus investigaciones ha forjado el proyecto “San Cristóbal Ciudad Museo” y ha publicado «Los caribes en la zona norte del Táchira», «El arte moderno en el Táchira de las décadas 50,60,70 y 80» y «La Casona 25 casa de los presidentes».
“Mi interés por la museografía nació mientras daba clase en los liceos en educación artística, y yo les recomendaba a los muchachos que visitaran a los museos. ¿Y cuál museo existía en ese entonces? Además, yo en Italia trabajé en las horas libres que me permitían mis estudios en ser guía de museos, y pude visitar Roma, París. Esa idea la compartí con Henry Matheus, y otras cinco amigas del arte como Emma Berti de Niño, Carmen Lucila de Paz, Fanny Sutherland, Aide Contreras, Pilar Romo, entre otras”.
Contó Candiales que lo que para ella era convencimiento, para otros era una insensatez, colocando como “peros” los grandes recursos que siempre se requieren para levantar un museo. Afortunadamente amigas y amigos la secundaron en la idea, pues por sí sola poco podía hacer al respecto. Había hecho parte del grupo Ariete, con René Gamboa como uno de sus engranajes fundamentales, cuya propuesta integraba varias disciplinas con un propósito de animación cultural en barrios, plazas y por supuesto el Ateneo del Táchira, al que despertó de su modorra.
“La gente me decía ‘usted está loca’ porque me proponía montar un museo sin dinero, sin mecenas, y realmente me entusiasmé. Una voz de un hombre me despertaba a las 3 de la mañana y me decía: ‘Belkis, el museo’. Yo no quería porque a mí me estaba yendo muy bien con la pintura en Caracas, estaba vendiendo y con eso sostenía una familia de 4 hijos sola. Y yo no sabía en lo que me estaba metiendo… ¡Qué lio tan grande! Con el apoyo de Corpoandes y Matheus nos dieron un espacio en el Centro Cívico en el año 1993 y nos propusimos un equipo, no yo sola, a constituir un museo”.
Inclinarse por la gestión cultural, amén de la carga adicional de ser mujer en nuestra sociedad, la llevó a poner de lado una producción artística de la cual se siente muy orgullosa, y que le valió el Premio nacional de dibujo en el Primer Salón CANTV (1982) además de múltiples menciones en otras convocatorias, y una travesía de sus cuadros por galerías de Italia, Dinamarca y Colombia. Su inmersión en el mercado del arte le permitió una fiel cartera de clientes en una época cuando en Venezuela no era “tabú”, ni “ilusión” ni “pretensión”, vivir del arte.
Ese espíritu atrevido y terco la lanzó a exponer en Caracas una individual: “Magicontrastes de Latinoamérica”, fruto de una exploración de la máscara en el arte precolombino, tomando lo más característico de cada país de nuestro continente. Gracias a esa muestra, de gran resonancia en el ambiente cultural caraqueño, su obra alcanzaría reconocimiento internacional.
“Mi tesis de grado de psicopedagoga la hice con los kariñas en la zona norte del estado Táchira, y me llamó la atención las piezas zoomorfas y antropomorfas que están en Colón. Gracias al apoyo de los gerentes del desaparecido Banco Latino, quienes me pagaron todas las obras, el embalaje; y amigos como Campos Biscardi hicieron el puente con la Gobernación de Caracas, en cuya sede fue mi exposición, donde en la primera noche vendí la mitad de las obras. Abandoné eso pero sigo muy contenta porque estoy dictando talleres de museología, y siguiendo un trabajo de investigación; pero quiero volver a retomar mi obra”.
Paradójicamente, Belkis Candiales sólo tuvo una individual en los espacios de la Alcaldía de San Cristóbal. Pero a pesar de ser directora del MAVET nunca quiso aprovecharse de esa posición para montar una exposición exclusiva con sus cuadros.










