Iván Duque: Joven, metódico y nuevo presidente de Colombia

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Imagen Referencial / Cortesía

Duque cumplirá 42 años el primero de agosto. A los seis días se posesionará como el presidente número 117 en la historia de Colombia. Es la cúspide de un ascenso vertiginoso jalonado por su dedicación, preparación y buena estrella.

Antes de cumplir 25 años de edad dejó el cargo de asistente de Santos en el Ministerio de Hacienda y le aceptó el nombramiento de asesor en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington. “Cuando llegó a Estados Unidos me llamó muy entusiasmado”, recuerda Juan Fernando Londoño, quien entonces trabajaba en la sede de la OEA, publicó Globovisión.

Londoño cuenta que lo había conocido años atrás, en el tradicional barrio Teusaquillo de la capital, cuando dirigía las juventudes del Partido Liberal. “Aún estaba en el colegio, en el Rochester, pero se diferenciaba de los demás por su interés por la política, los problemas nacionales y su evidente pilera”.

Temas que abordó en profundidad en Washington, un escenario ideal para especializarse en política pública. Además de la Casa Blanca allí están, entre otras, las sedes del FMI y el Banco Mundial. “Muchos llegan allí, trabajan y se devuelven –comenta Londoño–. Él se quedó más de una década, se preparó académicamente y le sacó el máximo provecho intelectual a una ciudad que respira política en cada esquina”.

Precisamente, en los albores de un otoño, caminaba por Georgetown University con su amiga Gloria Isabel Ramírez cuando vio en una vitrina un libro de Obama, entonces novato aspirante a hablar en la convención del partido demócrata. Entró al local, compró un ejemplar y se lo regaló.

—¿Por qué? –le preguntó su hoy asesora de comunicaciones.

—Hay que saber todo de él. Va a ser el próximo presidente de Estados Unidos.

A ella no le pareció una premonición sino un juicio de un hombre que devora todo lo relacionado con ‘marketing’ político, estrategias electorales y discursos de los presidentes.

Esa preparación intelectual fue un valor añadido para el aprecio que le tenía Álvaro Uribe Vélez. “Uribe lo fichó muy precoz”, dice una fuente que los conoce a ambos. En 2011 trabajaron hombro a hombro cuando el exmandatario viajó a Nueva York para ser parte de un panel de investigación de las Naciones Unidas que buscaba establecer lo sucedido en una acción que involucró a comandos israelíes contra la llamada Flotilla de la Libertad, cuyo saldo fueron varios muertos y que provocó una crisis diplomática con Turquía, según lo indica el periódico colombiano El Tiempo.

De la mano de Uribe

A Uribe le encantó el juicio del joven a quien conocía desde pequeño, pues era amigo personal de su padre, el exgobernador de Antioquia y exministro de Estado Iván Duque Escobar. A finales de 2013 le ofreció un puesto en la lista del Centro Democrático (CD) que debutaría en las elecciones de marzo del año siguiente.

Dejó atrás la plácida vida en Washington, renunció al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde estuvo doce años (2001-2013), primero como consejero principal de la Dirección Ejecutiva para Colombia, Perú y Ecuador y, luego, como jefe de la división de Cultura, Creatividad y Solidaridad, y volvió a Colombia.

Para Duque, hasta ese instante un desconocido en el país, resultaba difícil salir electo en solitario. Uribe, sin embargo, hizo una lista cerrada y lo ubicó en una posición de privilegio, por lo que en la práctica retornaba en condición de senador.

La fortuna volvió a sonreírle cuando al rifar los puestos de la bancada del CD se ganó el pupitre al lado de Uribe. Cualquier cámara que enfocara al líder natural de esta colectividad inevitablemente captaba el rostro de Duque.

“Él es muy buena persona, y la gente que es así atrae siempre buenas cosas”, dice su amiga María Paula Correa, quien ha compartido con él una amistad de 10 años y estuvo a su lado durante la campaña que acaba de concluir como su secretaria privada. Cuando sortearon el sitio en el tarjetón de la consulta interpartidista de la derecha entre Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, él sacó el número 1 con la balota naranja, lo que facilitó la publicidad en otra etapa en la que salió victorioso.

Londoño, quien fue uno de los asesores del equipo de Santos que negoció la paz en La Habana con las Farc y, luego, uno de los impulsores de la campaña del Sí, también habla de las virtudes de Duque. “Es como si desde niño se hubiera dedicado a cultivarlas: buena gente, aplomado, respetuoso, trabajador,divertido, simpático”.

“Y muy preparado”, añade Francisco Barbosa, uno de los mejores amigos de Duque. Se conocieron en las aulas de la Universidad Sergio Arboleda, donde estudiaron derecho. Eran compañeros asiduos de rumba en Café y Libro, Maderos y Los Versos del Capitán, los locales que marcaban la bohemia nocturna de la ciudad por la época.

Siempre le ha gustado la música. Por eso, Duque sonríe al recordar los conciertos de verano, en Estados Unidos, que tanto disfrutaba con la música de Led Zeppelin, Dire Straits, Metallica, Iron Maiden y Megadeth, bandas que tienen canciones que son verdaderos himnos contra el establecimiento.