Nacional
El personal de salud se fue y pocos regresan a La Guaira
domingo 23 agosto, 2026
Hasta el pasado 12 de agosto, 10 profesionales de la enfermería y 16 médicos murieron en La Guaira a causa del doble terremoto
El sistema de salud en el estado Vargas no solo perdió infraestructura. La cifra exacta de médicos fallecidos es difícil de precisar y sigue en aumento a medida que se confirman los nombres.
El pasado 24 de junio un doble terremoto de 7,2 y 7,5 de magnitud azotó a Venezuela y Vargas es el estado más afectado. De acuerdo con cifras oficiales, el evento telúrico dejó 6. 438 personas fallecidas y más de 16 mil heridos. El número de desaparecidos nunca ha sido referido por el gobierno interino.
Se confirmó, hasta este miércoles 12 de agosto, la muerte de 10 profesionales de la enfermería a causa del doblete sísmico, mientras que el sector médico registró formalmente 16 decesos, de acuerdo con las cifras manejadas por ambos gremios consultados para el reportaje.
A esas pérdidas se suma un problema de relevo generacional que, según Jaime Lorenzo, director de la ONG Médicos Unidos, agrava el panorama a mediano plazo. Formar a un especialista toma entre tres y cuatro años de posgrado, pero su madurez y destreza real se consolidan solo después de una década de práctica, según apuntó el galeno.
“Un cirujano en formación pasa de operar cinco o diez casos diarios a operar uno cada quince o veinte días”, señala.

Los médicos residentes actuales no logran formarse con normalidad porque los hospitales no operan a su capacidad habitual, explicó Lorenzo.
A ese vacío se suma un problema de desplazamiento que golpea a médicos y enfermeras de la red ambulatoria que perdieron sus viviendas: el Estado les otorgó residencias en Caracas, lo que obliga al personal a reorganizar su vida en función de un traslado físico diario hacia Vargas.
Enfermeras sin techo, gremio sin respuesta
El colapso del Centro de Atención Psicofamiliar El Niño del Mar, antiguo Hospital de Niños Excepcionales, en Catia La Mar, figura entre los episodios más graves registrados en el gremio de enfermería. En ese siniestro fallecieron una enfermera en pleno ejercicio de sus funciones, un camillero, una niñera y un número no precisado de pacientes especiales, según relató la presidenta del colegio de enfermería, Maryuri Díaz.
La mayoría de los internos de ese centro eran para personas que vivían con diferentes grados autismo, que no tenían familiares, por lo que el hospital constituía su única vivienda.
El Colegio de Enfermeras del estado registra alrededor de 1.300 miembros, incluido el personal jubilado. Una encuesta interna respondida por más de 900 profesionales reveló que al menos 60 enfermeras activas quedaron en condición de damnificadas críticas tras perder por completo sus viviendas y enseres, o al ser rescatadas de los escombros, precisó Díaz.

“Muchas de ellas permanecen en refugios estatales o en casas de familiares. Ninguna enfermera ha sido beneficiada con planes de vivienda”, añadió.
Díaz contrastó esa situación con la del gremio médico, que sí recibió adjudicaciones de apartamentos en los edificios del Fuerte Tiuna, por parte del gobierno nacional, incluso en casos de profesionales que no perdieron sus viviendas.
A la desigualdad en materia de vivienda se suma una presión laboral que el gremio considera irregular. Alrededor de 1.100 enfermeras se encuentran operando en la red de salud, la gran mayoría incorporadas de forma voluntaria tras la emergencia, pero en ciertos hospitales se presiona de forma ilegal al personal damnificado para que se reintegre de inmediato, denunció Díaz.
Las autoridades de salud pretenden computar los días de ausencia forzada, que aún no llegan a los dos meses del desastre, como adelanto de vacaciones. Ante ese atropello, el Colegio de Enfermeras emitirá un pronunciamiento público para exigir una licencia formal de tregua de hasta 90 días.

El desgaste no se limita a lo material. Tres enfermeras permanecen hospitalizadas en estado grave por lesiones físicas derivadas del sismo, mientras el descontrol de enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y patologías de la tiroides se ha convertido en la principal afección tanto del personal de enfermería como de la población general, más de un mes y medio después de la tragedia, según Díaz.
El impacto psicológico y emocional ha reactivado cuadros cardiopáticos previos, con múltiples decesos posteriores al terremoto entre pacientes crónicos y personal de salud jubilado, a causa de infartos y accidentes cerebrovasculares desencadenados por el estrés.
Ante la magnitud de esa afectación emocional, el Colegio de Enfermeras diseñó un proyecto de asistencia psicológica que fue aprobado por el Consejo Internacional de Enfermeras. El programa contempla consultas fijas de evaluación y apoyo mental para el personal, y las autoridades del gremio sostendrán una reunión para coordinar los detalles logísticos y activar formalmente el sistema de ayuda internacional, indicó Díaz.

Ambulatorios y clínicas, el otro frente golpeado
La red ambulatoria secundaria intenta reactivarse, aunque su funcionamiento es mínimo porque buena parte de su personal médico y de enfermería resultó directamente afectado por el sismo, según Lorenzo. El Ambulatorio Alfredo Machado, conocido como el hospitalito en Catia La Mar, ofrecía antes de la tragedia una respuesta de 24 horas con cirujanos especialistas, pese a que estructuralmente nunca cumplió con los criterios de un hospital. Su capacidad actual está muy mermada, dado que se ubica en una de las zonas donde el desastre golpeó con mayor intensidad.
Díaz describió una red ambulatoria organizada bajo la estructura de las Áreas de Salud Integral Comunitaria, con una distribución de personal confusa debido a la coexistencia de nóminas del Ministerio de Salud, la Gobernación y Barrio Adentro.
El Centro de Diagnóstico Integral de Guaracarumbo, recién remodelado antes del sismo, funcionó inicialmente gracias a un voluntariado coordinado con el Colegio de Enfermeras de Caracas, que movilizó personal técnico de otros estados, aunque esa jornada ya cesó para dar paso a abordajes comunitarios.
El centro del balneario de Catia La Mar permanece inoperativo, mientras el del aeropuerto fue reabierto recientemente con su personal habitual, compuesto en su mayoría por médicos cubanos, precisó Díaz. En el ámbito preventivo, el gremio de enfermería desconoce las condiciones actuales del programa de inmunización infantil tradicional y solo confirma la aplicación de la vacuna toxoide durante la contingencia.
El sector privado tampoco quedó al margen del daño puesto que múltiples clínicas cerraron sus puertas por daños estructurales severos tras el sismo, entre ellas un centro de gran relevancia en Catia La Mar, identificado como Provesalud. Según el informe revisado por este medio. Esas clínicas mitigaban buena parte de la demanda asistencial en el estado antes del terremoto, un alivio que la red pública ya no puede esperar.
Reynaldo Mozo Zambrano / EFECTO COCUYO
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