Nacional
Larenses piden que el salario ronde los 600$ para cubrir necesidades básicas
miércoles 18 marzo, 2026
El concepto de salario mínimo en Venezuela ha dejado de ser una cifra estática en la Gaceta Oficial para transformarse en un complejo entramado donde predomina la bonificación de los ingresos. Mientras el sueldo base permanece estancado en 130 bolívares desde hace cuatro años, la dinámica económica real se mueve al ritmo de una inflación que acumuló un 51,9% apenas en el primer bimestre de 2026.
Esta distorsión genera que el ingreso percibido por los trabajadores dependa mayoritariamente de asignaciones que carecen de incidencia prestacional, lo cual anula el valor de las vacaciones, utilidades y prestaciones sociales, dejando al empleado en una situación de desprotección financiera a largo plazo.
Esta brecha se vuelve crítica al contrastarla con la canasta alimentaria, que alcanzó los 677 dólares según las mediciones de enero. La desconexión entre el ingreso formal y el costo de la vida es tan profunda que el salario mínimo legal no logra cubrir ni una fracción mínima de los requerimientos calóricos básicos, obligando a una reconfiguración total del presupuesto familiar para evitar la inseguridad alimentaria.
La voz de Barquisimeto: Entre el ajuste y la supervivencia
Al pulsar la opinión en las calles de Barquisimeto, el sentimiento de urgencia es palpable entre los ciudadanos, quienes coinciden en que cualquier ajuste salarial debe estar anclado a la realidad del mercado y no a decretos simbólicos. Para las familias larenses, el ingreso mensual necesario para cubrir la canasta familiar y las necesidades básicas incluyendo servicios públicos, salud y educación, debería ascender a un rango entre 450 y 600 dólares.
Los consultados perciben la política de pagar bonos en lugar de aumentar el salario básico como un «pañito caliente» que destruye el ahorro y la seguridad social, afectando de manera dramática a los jubilados y pensionados.
Ante este escenario, el pluriempleo se ha convertido en la norma de vida en la región; la mayoría de los barquisimetanos admite que un solo empleo formal es insuficiente, estimando que se deben realizar entre dos y tres oficios o emprendimientos adicionales para completar el presupuesto.
Desde ventas informales hasta servicios técnicos especializados, la capacidad de maniobra del venezolano depende de su habilidad para diversificar sus fuentes de ingreso en un entorno de alta volatilidad.
Radiografía económica: Crecimiento con desigualdad
La situación económica de Venezuela muestra actualmente una realidad de dos velocidades: a pesar de que el Banco Central reportó un crecimiento del PIB del 8,66% en 2025, este repunte no ha logrado democratizar el bienestar. La presión cambiaria persiste como un factor desestabilizador, con un dólar oficial que superó los 440 bolívares en marzo de 2026, lo que pulveriza el poder de compra de quienes no tienen acceso directo a divisas.
Este panorama revela una profunda desigualdad donde un sector minoritario accede a bienes de consumo, mientras la gran mayoría de la población lucha por cubrir apenas el 23,6% de la canasta básica, incluso sumando la totalidad de los bonos gubernamentales disponibles. La economía venezolana de 2026 sigue marcada por la paradoja de una leve recuperación macroeconómica que no termina de reflejarse en la mesa del trabajador promedio.
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