Nacional
Las grietas del corazón #Especial
viernes 31 julio, 2026
“Después del desastre, las grietas no quedaron en los edificios sino en nuestros corazones por los seres queridos que perdimos. Debemos ir de la mano de Dios que nos da la fuerza para continuar. Aquellos que siguen buscando entre los escombros, no pierdan la esperanza. Porque los milagros existen”
Norma Pérez
Cleiber Neomar Zambrano sintió un nudo en el estómago cuando su esposa Karina le informó del doblete sísmico. La tranquilidad se disipó. Su hermana, sobrina y cuñado residían en La Guaira.
En ese momento estaba entrenando a los niños de la escuela de fútbol sala, Buenos Aires FC, ubicada en el municipio Junín. Se fue a la casa de su mamá a tratar de comunicarse con alguno de ellos. No hubo respuesta.
Nadie contestó las llamadas. Temía por la integridad de sus parientes, que habitaban en Caraballeda. Los medios de comunicación y las redes sociales mostraban imágenes dantescas, consecuencia de los terremotos que sacudieron a Venezuela, ese fatídico 24 de junio.
Crecía la inquietud a medida que veía las noticias sobre el derrumbe de edificios y la magnitud de la tragedia. “Mi hermana vivía en residencias Caribe, donde hay cuatro bloques. No sabíamos nada de lo ocurrido en ese sector. Allá no había luz ni comunicaciones”.
Pasó la noche en vela. Estaba desesperado. Le pesaba la distancia. Ante tanta incertidumbre, Cleiber y su hermano Wender iniciaron el viaje hacia Caracas. Para ambos el trayecto fue interminable.
Primero, debieron esperar a que cesara una lluvia muy fuerte, que se desató al llegar a San Cristóbal. En Santa Bárbara de Barinas se explotó un caucho. Más adelante, por la autopista de San Carlos, se averiaron los frenos. Así siguieron hasta Caracas.
“Nos encomendamos al Señor y continuamos. Queríamos llegar. La preocupación aumentaba y necesitábamos saber de nuestros seres queridos. Podemos decir que Dios nos acompañó”.

Inseparables
Durante el recorrido hacia la capital la República, Cleiber Zambrano recordaba a su hermana, Anlly “La negra”, como la llamaban cariñosamente. Su infancia, las travesuras, los momentos compartidos, las alegrías, los juegos.
“Somos ocho hermanos, que nos caracterizamos por ser muy unidos. Todos nacimos y crecimos en Rubio. Anlly se graduó de bachiller en el liceo Carlos Rangel Lamus. Después comenzó a estudiar en la Upel, pero culminó en el Pedagógico de Caracas, de donde egresó como docente”.
Durante ese periodo conoció a al médico pediatra Marcos Sánchez, con quien se casó y formó un hogar. Completaba el núcleo familiar, su hija Naysha, que este 2026 cumplió once años de edad. Después de vivir unos años en Caracas, se radicaron en La Guaira.
Siempre mantuvieron contacto, los visitaban en diciembre, vacaciones escolares y cada vez que tenían oportunidad, por el gusto de estar juntos. Tenían planes de venir al Táchira en agosto y después hacer un viaje a Colombia.

En La Guaira
Al llegar a La Guaira el panorama era desolador. Una experiencia que no le desea a nadie. Dice que era como una guerra. Reinaba el caos, había heridos, cuerpos en bolsas, los niños lloraban. Cientos de edificios caídos.
“Pudimos pasar en una ambulancia que nos llevó, porque había mucha cola. Después caminamos un tramo de bastantes kilómetros, a través de edificios derrumbados a cada lado. Personas lesionadas, otras fallecidas. Gente que deambulaba sin saber qué hacer”.
Muchas horas después, llegaron a las residencias Caribe y solo encontraron ruinas. El apartamento de Anlly y su familia estaba en el piso 4 de la torre D. “Colapsaron los pisos uno y dos, el edificio se dobló y cayó sobre los demás apartamentos”.
Cleiber y Wender, a riesgo de sus vidas, buscaron como entrar en aquellos escombros, con la esperanza de encontrarlos entre los sobrevivientes.
Ingresaron por unas ventanas rotas y se adentraron en la penumbra a través de unos huecos que abrieron los rescatistas. Bajaron hasta la sala del apartamento y ahí los vieron.
Con esa vivencia, la mirada se empaña y la voz se quiebra. “Al momento que llegamos al sitio, era demasiado tarde. Mi hermana estaba allí, con su esposo y la niña. Estaban tapiados y habían fallecido. Fue un dolor indescriptible, verlos debajo de dos placas inmensas. No pudimos sacarlos y hubo que esperar varios días”.
Las imágenes vuelven a su mente, lastiman, agobian. Se convierten en una pesadilla que nunca más quisiera repetir.
Después de una semana, regresó al Táchira. Antes de partir, con pintura escribió en el exterior de lo que quedaba del edificio, los nombres de sus familiares y al lado, su número telefónico.
“Recién llegaba cuando recibo una llamada y me dicen que rescataron el cuerpo de una mujer, que podía ser Anlly. Mi hermano fue hasta allá y efectivamente, sí era. A las dos horas sacaron los cuerpos de Naysha y Marcos. Los trasladaron a Valencia para la cremación”
Las cenizas de su hermana y sobrina las llevaron a Rubio y las de su cuñado se quedaron con sus familiares en La Guaira. En la casa materna hicieron los rezos por aquellas personas tan queridas que siempre quisieron ver bien y felices.
La pérdida
Cómo continuar. Asumir una pérdida en condiciones tan complejas no es sencillo. Cleiber Neomar Zambrano se aferra a su fe en Dios.
“Nos Aferramos al Señor y vamos paso a paso. Tratamos de seguir en nuestras labores, pero es fuerte. Porque los vínculos de afecto son indisolubles y siempre buscábamos la manera de estar juntos, compartir, apoyarnos, estar presentes. Dios quiso llevarse a la Negra, a su hijita y a su esposo. Buscamos la manera de asimilarlo, pero no es posible”.
Le queda la remembranza grata de su hermana. Hay lágrimas cuando la describe como una persona alegre y muy linda. “Nos animaba a todos, inventaba los paseos de los primeros días de enero. Le encantaba ir por los pueblos del Táchira. Disfrutamos muchos momentos bonitos con ella y con nuestros hijos”.
Su sobrina Naysha nació en San Cristóbal, y sus primeros años de existencia los pasó en Rubio. Era una niña vivaz, coqueta, que le gustaba bailar y jugar con sus primos. Apenas a comenzaba a vivir.
El mensaje
Cuando el sufrimiento supera las fuerzas hay que mirar hacia el ser supremo, para no desfallecer y poder sobrellevarlo. Es la convicción que le da fortaleza para continuar en pie.
“Pongan todo en las manos de Dios. Él nos dará la fuerza para superar esta pérdida. Porque sé que hay muchísimas familias que están igual que nosotros, soportando un vacío imposible de llenar”.
En la iglesia La Santísima Cruz de El Poblado hicieron la misa para despedirlos y elevar una plegaria por el descanso de sus almas.
Después, partieron hacia el Cementerio Municipal, para dejar las cenizas en la bóveda de la familia Zambrano. En el camposanto tendrán el consuelo de orar por ellas y llevarles flores.
Reina la tristeza. La resignación es esquiva. Se siente la ausencia de los grandes afectos que ya no están presentes. A pesar de las grietas, el amor y su memoria se mantienen intactos.
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