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«Yo estaba era pendiente de mi abuela»: adolescente cuenta el derrumbe en Pinto Salinas
lunes 29 junio, 2026
En el bloque 5 de Pinto Salinas (Caracas) se desplomaron cuatro apartamentos. Al suelo se vino una sección completa del edificio por los terremotos. El resto de los bloques no sufrió daños significativos. Este domingo, efectivos de la Guardia Nacional y trabajadores de la Alcaldía de Caracas todavía se mantenían en las labores de remoción de escombros y limpieza del luga
Roberto Angulo no quiere hablar mucho sobre los terremotos del miércoles. «Ni siquiera conmigo había hablado de eso», dice su padre Simón, que lo escuchaba mientras iba soltando un relato entrecortado. Tiene 15 años y vive (o vivía) en el piso 5, bloque 5 de la urbanización Antonio Pinto Salinas, mejor conocida como «Los bloques». Los dos sismos lo agarraron sentado en su cuarto revisando su teléfono.
Su tía lo animó a hablar. Primero miró nervioso a su padre, pero luego agarró aire, se sentó en una pequeña silla de preescolar y empezó a contar poco a poco.
«Comenzó a temblar y me llegó la notificación, se empezó a mover todo y se estaba cayendo. Primero se cayó una parte del edificio y no habíamos salido, si seguía temblando se iba a caer el edificio completo. Yo ayudé a mi abuela, el esposo de mi tía logró abrir la puerta y salimos corriendo», cuenta Roberto, quien ahora está en la unidad educativa Simón Rodríguez refugiado junto a varios familiares y el resto de los vecinos que, al igual que su familia, salieron a las carreras como mejor pudieron.
Roberto dice que vio polvo, «mucho polvo», como se caía a pedazos una parte del apartamento y cómo se iba abriendo el techo, pero «yo estaba era pendiente de mi abuela, siempre pa’ arriba y pa’ abajo con mi abuela».

En Pinto Salinas quedó una grieta en el paisaje de bloques: ya no está una parte del bloque 5
«Yo sentí miedo, me quedé paralizado, pero salí corriendo del mismo miedo». No recuerda cómo bajó las escaleras, pero sí que tuvo que saltar escombros para poder salir al estacionamiento. Su tío fue quien logró abrir la reja de salida en medio del suelo en movimiento.
Ya en el estacionamiento y con su celular en la mano logró llamar a su papá, que estaba trabajando en su autolavado. Ahí lo esperó «como dos horas» junto a su familia y los vecinos que salieron a socorrerlos.
«Me quedé como paralizado, pero después me calmé», dice el muchacho. También confiesa que ha tenido «nervios» en todos estos días. «Todavía tengo un poquito de miedo, pero no he querido hablar mucho de eso. Prefiero olvidarlo».
Roberto comenta de pasada que estudia segundo año y espera volver pronto a sus clases. En estos días se ha contactado con sus compañeros de liceo y sabe que están bien. «Ellos también han preguntado mucho por mí».
Dentro del albergue, dice, «sigo mi rutina». Se levanta, come el desayuno, se cepilla los dientes, se baña y se alista para ayudar. «Entretenerme porque sino me aburro, busco ayudar aquí, tiendo mi cama, juego con el celular, veo vídeos, la he pasado leyendo».
Su papá Simón también lo mantiene en movimiento. Lo lleva a mover ayuda, a llevar bolsas, a visitar a su abuela que se encuentra en casa de unos familiares pues tiene un tutor por una fractura en uno sus brazos, sufre de trombosis, artrosis y requiere una resonancia de columna.
«La experiencia fue horrible. Yo me desesperé porque no sabía qué había pasado con mi mamá, con mi hijo, pero después tuve que guardar la calma. No podía salir en la moto porque la gente estaba como loca, estaban chocando, la gente agarró la calle», relata Simón, quien es camillero en un hospital y también trabaja como motorizado.
Por ahora tiene apoyo de su pareja actual, pero admite que «es fuerte no tener donde estar».

Simón Angulo es uno de los afectados por el desplome de un ala del bloque 5 de Pinto Salinas
«Mi hijo depende nada más de mí porque soy papá soltero, es difícil la situación que hoy estamos pasando. Aquí nos han dicho que se puede estar hasta tanto solucionen dónde ubicarnos. ¿A dónde nos van a llevar? Es incierto lo que pase con nosotros ahorita, eso me tiene preocupado», expresa Simón.
Y es que tampoco les ha hecho un censo por Protección Civil o alguna otra autoridad a las 20 familias que resultaron afectadas del bloque 5, donde hay menores de edad, adultos mayores y algunos de ellos con discapacidades. «No tenemos un registro, nada de eso. Sé que están concentrados en rescatar personas. Yo también estoy preocupado por eso porque tengo familiares y allegados en La Guaira (…) La Guaira ha sido pieza fundamental para nosotros los caraqueños y nos duele a todos lo que está pasando allá, parte del Junquito, en La Vega, es fuerte».


La tragedia en Pinto Salinas
En el bloque 5 se desplomaron cuatro apartamentos. Al suelo se vino una sección completa del edificio por los terremotos. El resto de los bloques no sufrió daños significativos. Este domingo, efectivos de la Guardia Nacional y trabajadores de la Alcaldía de Caracas todavía se mantenían en las labores de remoción de escombros y limpieza del lugar, de donde lograron rescatar a dos hombres aunque, «lamentablemente» como dicen sus vecinos, fallecieron una señora mayor y su hija, además de otras dos mujeres que vivían alquiladas.
Los vecinos se han organizado para ayudar, no solo a los propios que resultaron afectados, sino a personas de Catia y La Vega que llegaron producto de los temblores y fueron albergados en la escuela básica Moraluz. En ese lugar se encuentra un grupo de más de 20 niños con sus representantes. Una pediatra militar, quien colabora en el albergue, comentó que necesitan juguetes, un aparato de nebulización para niños y colchones. No se atreve a pedir medicinas «porque prefiero que sea un médico tratante que evalúe a la persona y allí buscaremos el medicamento».
En la cancha techada al lado del estacionamiento de entrada a los bloques se instaló un centro de acopio. Allí reciben y tienen organizada bolsas con comida, kits de aseo personal, agua, jugos y comida ya lista para ser consumida que reparten a los afectados y algunos vecinos que, por temor a regresar a sus casas, se están quedando en la calle. Pero esa situación ha creado algunos roces, comenta Eucaris Laya, cuya casa, la de su abuela, tía y sobrina se vieron afectadas.

«Hay gente que por aprovecharse, porque nos hemos dado cuenta que su casa apenas tiene pequeñas grietas, quiere recibir desayuno, almuerzo y cena. Aquí solo desalojaron al bloque 5, el resto tiene sus servicios de luz, de agua y gas», dice la mujer.
En la escuela Simón Rodríguez, donde están las familias del bloque 5, también se instaló un centro de acopio. Mujeres y hombres de la comunidad embolsan comida, clasifican ropa y otros enseres pues también esperan brindar ayuda a 300 familias de La Guaira que, según les dijeron, serán reubicadas dentro de poco en el gimnasio vertical a unos metros del lugar.
Lo que sí necesitan, dice Ana, otra de las afectadas, es asistencia psicológica. «Aquí la necesitamos todos, que vengan a hablar con los niños, con todos. Tú escuchaste a Roberto, así estamos todos».
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