Aboguemos por el juramento como el del Monte Sacro

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A escasos 22 años de edad, el joven caraqueño Simón Bolívar andaba por algunos países europeos para conocer sus costumbres y tratar de olvidar los avatares de su corta vida, tales como: huérfano de sus padres a los pocos años de existencia y la pérdida imprevista de su joven esposa, María Teresa Rodríguez del Toro y Alaisa, en Caracas, en 1802. A pesar de su juventud, había conocido, rodeado y tratado con grandes personajes de la época. Entre ellos sobresalieron los siguientes: en Francia conoció al científico Alexander von Humboldt en 1804, quien visitó a Venezuela, presenció la coronación como emperador de Francia de Napoleón Bonaparte en París en 1804 y la autocoronación en Milán, Italia, en 1805. Para la fecha había leído a los clásicos de Voltaire, Locke, Buffon, Montesquieu, Rousseau, Candilac, Helvetius, D´Alembert, así como a los pensadores del siglo XVII, Tomás Hobbes y Baruch Spinoza. Asimismo, contactó a grandes personajes intelectuales contemporáneos. Esas experiencias, unidas a su personalidad, sagacidad, capacidad y tenacidad, lo motivaron e influenciaron en sus propósitos, visión y pensamientos de libertad, accionar y su compostura de estadista del futuro libertador de varias repúblicas hispanoamericanas.

Luego de recorrer varios países europeos, el joven caraqueño emprendió junto a su antiguo maestro, don Simón Rodríguez de 36 años, y de Fernando Rodríguez del Toro, uno de sus más largos y nostálgicos paseos a través de caminos, carreteras y sendas polvorientas. En su trayecto conoce a las localidades de Lyon, Chambery, Turín, Milán, Montichiari, Venecia y Florencia. En el suelo italiano observaron la decadencia de la historia milenaria del grande imperio con sus monumentos, infraestructura, ruinas y leyendas palaciegas. A los pocos días de su arribo a Italia fue con sus acompañantes a la cumbre del Adventino, el Monte Sacro de Roma. En ese lugar se sucedieron algunos acontecimientos de la historia romana. Inspirado el futuro Libertador, le vino a su memoria los recuerdos del campo venezolano, sus paisajes, las penurias que pasaban sus compatriotas a causa del yugo español y su ímpetu de libertad a su patria. De pronto en voz alta, emocionado y firme, expresó: … “¿Con que este es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Grecos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Troyano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias de cuna…”.

Luego siguió exaltado por los ingratos recuerdos de su país, convertido todavía en colonia. De pronto, con los ojos encendidos como dos llamas, se colocó de pie y de inmediato dio cuenta de sus pensamientos. Ese día memorable era el 15 de agosto de 1805. De repente, con una emoción incontenible expuso: “Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres; juro por ellos, juro por mi honor, y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.

Aquel momento de inspiración y expresión en tierra lejana de su patria encendió el fuego de la libertad a emprender años después, para liberar a su nación de origen y a otros pueblos oprimidos de América. Según los entendidos en la materia, el jovenzuelo sudamericano proclama el silogismo esencial en la existencia de todo ser humano: soñar, proyectar y realizar. La importancia del juramento de Simón Bolívar no radica en que lo haya pronunciado en la fecha y sitio indicado, sino la meta anunciada y cumplida en el mismo. Es decir, el Libertador, como ser humano excepcional, practicó  lo dicho en el mismo. De ahí que Bolívar, a partir del momento del juramento, deseaba y confiaba atribuir a sus expresiones el significado de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad leídas, analizadas y aprendidas de la ilustración. Además, sintió nostalgia al observar las ruinas del poderoso imperio romano, lo que le recordaba la tiranía y opresión de los emperadores contra sus pueblos. Por tanto, el juramento para liberar a su patria de Simón Bolívar, en el Monte Sacro, confirmó luego consagrar su existencia a defender y consolidar la libertad de su patria.

Al conmemorar un nuevo aniversario de esa proeza futurista de nuestro Libertador Simón Bolívar, emulemos su legado y rindamos recompensa a tamaña osadía juvenil, convertida años más tarde en una meta cumplida al liberarnos del oprobioso imperio español. Ante la calamidad que sufrimos los venezolanos actualmente, aboguemos por juramento como el del Monte Sacro.

(Alejo García)