Opinión
Carta para Charly (Parte II)
viernes 13 marzo, 2026
Porfirio Parada
Este segundo encuentro desde que te conozco coincidió con nuevos y repetidos problemas de nuestras naciones. El año pasado hubo conflicto armado por el Catatumbo, muertes y desplazados, tensa calma en la frontera, sin embargo, viajaste por amor para ver a tu hermana. Este año se repite los problemas ahora con la supremacía del imperialismo norteamericano, amenazas para los gobiernos de Colombia y Venezuela, el mundo asombrado ve las noticias del golpe a Venezuela por parte de Trump. Se llevan al presidente y al siguiente día la gente murmuraba en las bodegas sobre la desaparición del mandatario y su esposa después de un bombardeo. Algunos lamentan, otros celebran, pero las calles eran de silencio e incertidumbre en las mentes de sus habitantes. Tal cual como pasó el año pasado, la feria empezó hacer ruido, días después de la captura de Maduro, se escuchaba música y rumba en el complejo ferial, posiblemente estabas llena de dudas y replanteamientos para viajar, pero volviste decidirse una vez más, el amor de ustedes dos pudo más que la violencia de siglos, por el sucio poder que descansa en los recursos naturales donde vivimos.
Cansa la situación, las coyunturas políticas. Las arenas movedizas de las estrategias, Estados Unidos e Israel atacan a Irán y las muertes en el Medio Oriente incrementan. Pero en tu casa Carla, existe una paz que supera todos los conflictos armados de Colombia y el mundo. Cerca de tu cama suenan las aguas donde se desborda y se alimentan peces, vives con árboles y arbustos, tienes patos, gatos, varios animales que viven la vida sin guerra. Este viaje, con todos los problemas ya escritos, se podía tornar diferente al anterior. Y así fue, los primeros días compartiste con tu hermana, las dos solas, tiempo necesario y justo, descanso y conversa, el año pasado, los primeros días ya habíamos bailado, tomado unos tragos, y caminar sin cesar en las primeras horas. La calma fue el comienzo de esta nueva aventura. Conociste el nuevo hogar de Greissy, se reencontró con la Tata, la gata que se escondía y aprovechaba la visita para ser engreída e independiente. ¿Te acuerdas cuando la llevamos desde Peribeca? Las cosas han cambiado en un año, las alegrías y los sinsabores, los nuevos lugares visitados y los que se repiten buscando otra experiencia.
Y bailamos Karla pero no como el año pasado, hicimos un grupo como el año pasado, pero cambiando de sitios, personas, escenarios, no fuimos tan rumberos, no nos desgastamos tanto por la madrugada y el descontrol, pero visitaste nuevas montañas y páramos, conociste nuevos pueblos, te alimentaste de la arquitectura colonial de un pueblo tranquilo como San Pedro del Río, con el viento reposado en los pasos que ibas haciendo con tu hermana y nosotros. Calles de piedra y paredes blancas. Los andes en tus pasos como los andes colombianos sin dejar el fuego caribeño, el destino de los países que se abrazan por los senderos, buscando en el camino compartir en paz, así algunas veces la paz se complique. En un karaoke, arriba por el Chorro El Indio, en un restaurante donde venden y hay truchas (antes de llegar habíamos almorzado mondongo, distinto al mondongo colombiano) me hiciste emocionar dedicándome la música colombiana de Velandia y la tigra con el tema Venezuela, grupo o dúo que compartiste el año pasado, cantando la canción en este presente, y yo, que algunas veces me cuesta demostrar emociones, me quedé callado, pero te agradecí en mi interior. Cantaron entre cervezas, la noche y el frío que arropaba los sentimientos.
Llegamos hasta arriba donde baja ese gran chorro, sitio turístico de toda la vida para la gente que visita San Cristóbal. Nos tomamos unas fotos por Palo Grande, entre la neblina, unos chicharrones, y unos miches para el frío, me viste con cara seria, y me lo hiciste saber, el contraste cuando ya reconociéndome, dibujo sonrisas a la gente que quiero y cuando me siento bien. En este viaje, los días de estancia fueron menos, y parecieron más cortos, pero ustedes hermanas tuvieron más tiempo para abrazar, reír, hablar, discutir, conversar, volver a abrazar, y llorar. Tratamos de hacer las cosas bien, así algunas veces no salgan como uno quiere, o la vida te muestra otra realidad inesperada. Me dices que conduzco bien, y que saludo con simpatía a los tombos, policías de las alcabalas. Con Manuel te volviste a ver y recorrimos calles, avenidas y carreteras de nuevo con él, pero también conociste a su amigo Simón, con Simón tocaste y formaste un grupo improvisado en la feria, tocaste instrumento de viento mientras él hacía lo propio con la guitarra, mientras la gente pasaba, caminaba con la bulla entre un grupo de vallenato, también tocaste la percusión, hiciste música y te veías contenta, música que hiciste el año pasado pero solo con palabras, compartiendo temas por internet, y bailando o escuchando rock, o solistas, entre tantas voces, seleccionabas la voz del cantautor del pueblo, Alí Primera.
Nos parecemos y nos distanciamos entre pueblos cercanos y lejanos, hemos sobrevivido a la Guerra de los Mil Días, guerras civiles, golpes de estado, estado de sitio, desapariciones, falsos positivos, invasiones, bombardeos, atentados, a punta de cumbia, el baile noble entre parejas enamoradas en territorios y ciudades. Bailamos salsa y merengue para olvidar nuestros problemas y penas, y acercarnos a la pareja que uno ama. Amo a tu hermana, como quien le gustaría estar con alguien para toda la vida, su sonrisa me ha marcado mucho la vida, aunque los conflictos entre nosotros sean parte de la naturaleza como dos países vecinos que están unidos, pero que algunas veces buscan separarse. Quiero que sepas Karla que le deseo lo mejor a las dos, a tu familia, tu finca, tu grupo de música folclórica, le deseo lo mejor de la vida, mucha vida que le deseo también a Greissy y toda la libertad que ella merece. Esta carta la escribo más allá de la vida, y después de vivir que revivan las palabras de amor, palabras de honestidad y sobre todo de agradecimiento para ustedes, porque en este viaje como le he dicho a ella, han sido escuela y camino en mi vida.
Y en las últimas horas antes de tu regreso llegamos hasta el Páramo La Laja, la exploración de la neblina dentro de la montaña fría y húmeda. Subimos vía Capacho, y nos metimos en carro, pasando calles con cercas, vimos vacas y animales, lugareños haciendo su jornada, estacionamos y seguimos subiendo ahora caminando hasta la casa de Carlos. Fue un día de descubrimiento durmiendo dentro de un gran bosque. Uno no puede pretender comprender ni controlar todo, pero sí aceptando ciertas ofrendas, regalos, caminos y luces que te da la vida para ir viviendo. Comimos, cenamos, al día siguiente fuimos a una gran casa abandonada alrededor de grandes pinos, pasando por túneles de grandes árboles y matas, hice un video que luego publiqué. Nos llenamos del ecosistema del lugar. Bajamos ya casi en la noche, y yo agradecí en silencio porque llegamos bien. No supe como despedirme cuando era el día que tomabas el avión hacia a Bogotá. De mi mano recibiste un chocolate con sello venezolano y nos despedimos en el terminal. El país sigue en sus contradicciones, hay desconocimiento pero la gente sigue trabajando. Así fue la despedida y el reencuentro, así es la vida con sus avances y reveses, estoy convencido que en poco tiempo se reencontrará con tu hermana, pero en su país, con la mejor compañía, y con la alegría entre Villavicencio y Bogotá, y quizás en otros lugares. Deseándote lo mejor, se despide, y de nuevo gracias, con afecto, Porfirio.
Locutor de La Nación Radio
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