Crónica de una guerra anunciada

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“Recuerden, compatriotas: esta batalla va a ser muy dura, porque no estamos batallando contra los factores de la oposición política venezolana, no estamos batallando tampococontra los medios de comunicación; ¡no!, realmente estamos enfrentando al imperio norteamericano”.

Hugo Rafael Chávez Frías (Día de la Dignidad y la Rebelión Bolivariana, Avenida Bolívar, Caracas 4 de febrero de 2006)

No cabe duda que en el transcurso del tiempo se han desatado vientos de guerra en América Latina y nuestra patria bolivariana ha pasado a ser el ojo del huracán y el escenario de una guerra asimétrica con proyecciones psicológicas, las cuales trastocan la conducta de los venezolanos ante los temores reales de un enfrentamiento bélico en nuestras fronteras que nos aleja de la paz.

Los acontecimientos registrados hace pocos días en los linderos que separan a Venezuela con Colombia a través de los puentes Simón Bolívar y Las Tienditas entre las poblaciones de Ureña del estado Táchira y Cúcuta, capital del departamento Norte de Santander, permitieron los “primeros pininos” de una guerra prolongada que esconde las garras del imperialismo norteamericano.

“No es concha de ajo” lo ocurrido en las fronteras de nuestro país con  vecinos como Brasil y Colombia. Si bien los hechos fueron camuflados por un concierto del marketing de la industria cultural, “Venezuela Aid Live”; este evento sólo sirvió de fachada para un ataque que afortunadamente fracasó y el cual pretendía abrir las puertas a una supuesta ayuda humanitaria.

El Comandante Hugo Chávez Frías desde su llegada al poder en 1998 con la Revolución Bolivariana, ya pronosticaba a los cuatro vientos la vocación traidora de la oligarquía colombiana, heredera de Francisco de Paula Santander.

Además Chávez criticaba los pasos dados contra nuestro país por los gobiernos cipayos de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos (premio nobel de la paz) e Iván Duque.

Las actuaciones de este último presidente, bautizado como “El Uribito, ya se hacen sentir y presagian un destino muy cruento, no sólo para la tierra de Antonio Nariño y Atanasio Girardot sino para todos los países del “Cartel de Lima” y algunos del Caribe, quienes mueven la colita -al peor estilo rastrero – al imperio norteamericano.

Si bien la estrategia diplomática del gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro heredero de Hugo Chávez ha sido acertada; ya sabemos, cómo lo reitera el moderador del programa “Dossier”, Walter Martínez (hoy sorpresivamente desaparecido de la pantalla chica) que hay varios escenarios de guerra (virtual, diplomático y real).

Varios pasos se han dado para buscar una salida a través del diálogo como instrumento de la paz; salida que ha sido motorizada por  México, Uruguay, Bolivia y el Caricom, lo que representa una alternativa que por los momentos se ha tornado cuesta arriba.

Ante el afán descarado y el espíritu bélico de los Estados Unidos liderado por Donald Trump, acompañado de cipayos como  Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Honduras, Chile, Perú y el Paraguay, entre otros; países que sólo representan una patota; aunque en algunos casos, algunos reculan o al menos rechazan la decisión de un ataque militar contra Venezuela.

Los detalles de una fallida intentona golpista ya comienzan a ser conocidos y a ser públicos y notorios, (ver canales de Tv colombianos y TeleSur). Recientemente vimos la actuación de encapuchados lanzando un coctel de bombas molotov a la GNB, con bombas fabricadas a la vista de todos por facinerosos y delincuentes; en otras palabras,un ataque al mejor estilo del “Caballo de Troya” que en este caso resultó todo un fracaso.

No podía haber un ambiente y un escenario más propicio para incursionar en nuestra Patria desde el país vecino, como el pasado 23 de febrero. Quienes desde nuestra adolescencia conocimos los arrabales – no precisamente porteños – de la ciudad de Cúcuta, podemos presumir lo que esconden.

Es un mundo caracterizado por el contrabando, la trata de blancas y un alto índice delincuencial, el cual sirve de caldo de cultivo al narcotráfico y al paramilitarismo institucionalizado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, desde sus andanzas en la bucólica ciudad de Medellín, capital del departamento de Antioquia.

Las revelaciones del Protector del estado Táchira Freddy Bernal en el programa de Tv “José Vicente Hoy”, son por demás alarmantes y revelan abiertamente el plan ejecutado por el imperio norteamericano a través de la vecina  Colombia, con una valiente respuesta del pueblo venezolano en unión cívico militar.

Iván Duque (El Uribito), el “Cartel de Lima”  (con los mandatarios de Chile y Paraguay: Sebastián Piñera y Mario Abdó, respectivamente) y el traidor e impostor de Juan Guasón, hicieron acto de presencia y observaron un desenlace no tan feliz desde un bunker con pantalla gigante en Cúcuta.

Tras la excusa de una ayuda humanitaria – método harto conocido por el imperio norteamericano – se ocultaba en gandolas y camiones un material no precisamente tan humanitario.

Según analistas internacionales, una maniobra de avanzada se camufló en Cúcuta para dar paso a un batallón de traidores venezolanos y sicarios contratados, quienes conforman un ejército invasor con mercenarios como los utilizados por el imperio en países del medio oriente (Irak, Afganistán, Libia y Siria, etc.). 

El afán belicista, altamente probado por los perros de la guerra en el mundo, ya tiene la mesa servida y el escenario preparado. Detrás de cualquier caravana humanitaria – como revelaron los drones en el puente Francisco de Paula Santander – puede estar escondido un batallón de francotiradores, teniendo como fachada a unos guarimberos encapuchados, vanguardia de una guerra anunciada.

El gobierno venezolano, por su parte, cerró la frontera donde han quedado atrapados al otro lado del rio, un pelotón de traidores y mercenarios, quienes se venden al mejor postor y sueñan con una tierra liberada, bañada de riquezas en el subsuelo (petróleo, hierro, oro, diamantes, coltán, etc.).

Paralelamente en plenos carnavales yen un periplo por varios países de Suramérica, en el avión presidencial de Colombia, el impostor de Juan Guasón sueña con pisar una alfombra roja en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía y ser recibido por una parada militar, al mejor estilo de la Guardia de Honor de Miraflores; no obstante, los sueños y fantasías, sueños y fantasías son.

Juan Guasón regresó sin pena ni gloria a Venezuela y una escolta de embajadores cipayos, lo recibió en Maiquetía. Mientras tanto en la embajada gringa le preparan su agenda para que según la filosofía de Chávez, se siga “cocinando en su propia salsa”.

El tiempo transcurre y un pájaro de mal agüero nos dijo, en secreto, que al Juan Guasón lo esperan nuevos tiempos; sobre todo, por violar  la Constitución Bolivariana y acumular un extenso prontuario.

El pueblo venezolano en unión cívico-militar,hoy sólo clama por la paz junto a la mayoría de pueblos del mundo y cada día ve alejarse, poco a poco, la pesadilla de una “Crónica de guerra anunciada”.

¡Amanecerá y veremos! (Marco Tulio Arellano)