Skip to main content Skip to footer
  • Inicio
  • Política
  • Regional
  • Frontera
  • Nacional
  • Internacional
  • Opinión
  • Legales
  • Obituarios
  • Sucesos
  • Deportes
  • +Sec
    • Clasificados
    • Cosas del Mundo
    • Compilado Musical
    • Cultura
    • Economía
    • Farándula y Espectáculos
    • Flash
    • Infogeneral
    • Noche de Ronda
    • Reportajes y Especiales
    • Tecnología
    • Salud
    • Tachirenses en el mundo
    • Noche de Ronda
    • Obituarios
    • _________
Diario La Nación - Inicio

Buscar en Diario La Nación

La Nación RadioPublicidad
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
ImpresoMiniavisos
  • Inicio
  • Política
  • Regional
  • Frontera
  • Nacional
  • Internacional
  • Opinión
  • Legales
  • Obituarios
  • Sucesos
  • Deportes
  • + sec
    • Clasificados
    • Compilado Musiacal
    • Cosas del Mundo
    • Cultura
    • Economía
    • Farándula y espectáculos
    • Infogeneral
    • Marcas y negocios
    • Noche de Ronda
    • Reportajes y Especiales
    • Salud
    • Tachirenses e el mundo
    • Tecnología
Inicio/Opinión/¿Cuál debe ser el proyecto común del Táchira para 2040?

Opinión
¿Cuál debe ser el proyecto común del Táchira para 2040?

viernes 7 agosto, 2026

¿Cuál debe ser el proyecto común del Táchira para 2040?

Las sociedades no se desarrollan porque tengan recursos; se desarrollan porque tienen un
destino compartido.

Alans Peralta Mora

Faltan catorce años para 2040. No es poco tiempo, pero tampoco es suficiente si se empieza tarde. Y la pregunta que esta región lleva décadas aplazando merece, por fin, una  respuesta  concreta:  ¿cuál  es el proyecto que el Táchira quiere construir para sí mismo?

La respuesta que propongo no es modesta: convertir al Táchira en la principal región binacional  de  América  del  Sur  en  servicios,  conocimiento,  agroindustria  y logística. Tenemos la ubicación, la historia, la base humana y la experiencia para transformar esa visión  en  un  plan  de  acción.  Lo  que  nos  ha  faltado,  hasta  ahora, es la decisión de ponernos de acuerdo en el destino.

Como he argumentado en artículos anteriores, la región necesita algo más que identidad y liderazgo: necesita una visión compartida de futuro. Y esa visión exige tres condiciones que deben construirse en paralelo: una élite articuladora capaz de sostener el proyecto más  allá  de  los  ciclos  políticos,  una  base  económica  sólida  que  lo  financie  y  una estrategia propia frente a Colombia que aproveche nuestra condición fronteriza como ventaja, no como vulnerabilidad.

Los cuatro pilares del proyecto

El proyecto común del Táchira debe sustentarse sobre cuatro columnas. Las enuncio aquí en el orden en que deben construirse, no en el orden en que suenan mejor:

Primero, una agroindustria con vocación exportadora. Segundo, una economía del conocimiento aplicada a la cadena productiva. Tercero, la integración productiva real con  el  Norte  de  Santander.  Y  cuarto,  la  formación  deliberada  de  un  talento  y  un liderazgo regional capaces de sostener las tres anteriores.

Uno de los errores históricos más costosos de nuestra región ha sido tratar a la agricultura y la ganadería como un sector uniforme. Al hacerlo, hemos desperdiciado una ventaja que pocas regiones del continente tienen: el Táchira posee cuatro zonas agroclimáticas diferenciadas —zona alta, zona media, piedemonte y franja fronteriza— que, bien articuladas, permiten construir una oferta diversificada y competitiva.

La  zona  alta  reúne  condiciones  favorables  para el café de especialidad, un mercado global en expansión con precios muy superiores al café commodity. La zona media tiene potencial para los cítricos y otros frutales. El piedemonte es fértil para alimentos de alto consumo: maíz, yuca, plátano, palma. Y la franja fronteriza puede convertirse en sede de la agroindustria liviana orientada a la exportación, aprovechando la doble aduana como un activo logístico.

Este modelo no elimina la ganadería de leche y carne, que tiene su propio espacio en el circuito productivo. Lo que hace es superar la visión de monocultivo mental: dejar de pensar en “la agricultura” como una sola cosa y empezar a construir cadenas de valor por zonas, con mercados diferenciados y valor agregado en origen.

La economía del conocimiento: no es tecnología, es valor

El  segundo  pilar  requiere  una  aclaración  previa,  porque  suele  confundirse.  Cuando hablo de economía del conocimiento no me refiero únicamente a tecnología o digitalización.  Me  refiero  a  la  capacidad  de  crear  valor  económico  a  partir  de  tres fuentes: la investigación formalizada —patentes, software, diseño—, las habilidades especializadas  —el  know-how  que  no  se  compra sino que se forma— y las redes de conocimiento que conectan personas con mercados.

El Táchira no puede competir en economías de escala con regiones de mayor capital, población e infraestructura. Esa carrera está perdida de antemano. Pero sí tiene algo que no se improvisa: talento disperso en universidades y centros de investigación de

primera línea en todo el mundo, y una diáspora que —como he argumentado en otro artículo— no es una pérdida sino una extensión del territorio.

La   economía   del   conocimiento   aplicada   al  proyecto  regional  tachirense  debería enfocarse en dos frentes concretos: primero, tecnología aplicada a la cadena productiva

—agricultura de precisión, certificación digital para el café de especialidad, plataformas de  mercado  binacional—;  y  segundo,  servicios  profesionales  de  alto  valor  para  el mercado   binacional:   asesoría   legal   y   notarial,   consultoría   de   negocios,   diseño, producción  de contenidos y comunicación estratégica. Son sectores donde la ventaja fronteriza se convierte en diferencial competitivo real.

El tercer pilar es el que más se menciona en los discursos y menos se construye en la práctica. La integración productiva con el Norte de Santander no puede seguir siendo una aspiración retórica. Debe traducirse en cadenas de valor compartidas, marcos normativos  binacionales  para  la  circulación  de  bienes  y  personas,  y  una institucionalidad   de   frontera   que   reemplace   la   informalidad   actual   por   reglas predecibles.

Colombia ha desarrollado en los últimos años políticas de innovación y de economía naranja  con  resultados  concretos.  Los  tachirenses,  por nuestra condición fronteriza, tenemos la ventaja de entender ese ecosistema desde adentro. La pregunta es si vamos a aprovechar esa comprensión para vincularnos activamente a él —como proveedores de servicios,  como  socios  de  proyecto,  como plataforma logística— o si vamos a seguir mirándolo desde la orilla.

El cuarto pilar: formar a quienes van a sostener todo esto

Ninguno de los tres pilares anteriores se sostiene sin el cuarto, y es el que más tiempo requiere:  la  formación  de  un  talento  regional  y  de  un  liderazgo  capaz  de  llevar  el proyecto más allá de una generación.

Aquí hay un cambio de paradigma necesario: la universidad no es solo una institución educativa.  En  el  marco  de  este  proyecto,  es  un  actor económico. Las universidades regionales deben funcionar como plataformas de generación de conocimiento aplicado, como prestadoras de servicios técnicos al sector productivo y como nodos de conexión con redes académicas globales. Deben orientarse a resolver problemas locales con visión de mercados globales: lo que los urbanistas llaman glocal —pensar globalmente, actuar localmente— pero aplicado con rigor y sin retórica.

El  liderazgo  regional  que  este  proyecto  demanda  no  se  improvisa  ni  se  hereda.  Se recluta,  se  forma  y  se  sostiene  con  incentivos.  La  élite  articuladora  que  el  Táchira necesita no surgirá espontáneamente: hay que tomar decisiones conscientes para construirla.

El proyecto común tachirense no es una utopía. Es una elección. La pregunta no es si el Táchira tiene condiciones para convertirse en una región de referencia en América del Sur: las tiene. La pregunta es si existe la voluntad de ponerse de acuerdo en el destino y la disciplina de caminar hacia él, año a año, durante los próximos catorce.

Las regiones que han logrado transformaciones de este tipo no lo hicieron porque tuvieran más recursos que sus vecinas. Lo hicieron porque decidieron, antes que nada, hacia dónde querían ir..

Destacados

Alejandro Fleming: “La elección presidencial debería pautarse para diciembre de 2028”

Marruecos, dispuesto a acoger a sus menores si España elimina trabas judiciales

Trump envía a su fiscal interino a la investidura de De la Espriella

Lamine Yamal viste camiseta amarilla de Colombia en feria de Medellín

Sector avícola del Táchira en alerta por fallas eléctricas

Mbappé y Barcola tumban a una buena Senegal

Diario La Nación reabre las inscripciones de la Quiniela Instagol con quinielas por fases

“No suelto mis dólares»: venezolanos se aferran a una moneda que cada vez se ve menos en la calle

Cruzaba frontera con 49 fajos de bolívares fuera de circulación

Diario La Nación

Editorial Torbes CA
J-070059680

Miniavisos

Edición Impresa

Mapa del sitio

Política de privacidad

Sobre Nosotros