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Inicio/Opinión/El curador del museo de Figueras

Opinión
El curador del museo de Figueras

miércoles 11 marzo, 2026

El curador del museo de Figueras

Néstor Melani-Orozco

En la Galería “Ariete” que dirigió hace 45 años el Arq. Henry Matheus, de la Dirección de Cultura del Táchira, ecos de Luz Vivas Terán donde Adela Guarino y Rubén Darío Becerra abrían una escuela de curadores de salones de las artes. Y de hechos Pancho Baptista convirtió en la “Manuel Osorio Velasco” fue divisar las primeras lecciones de la idea y más en Morelani percibir los hechos de un museo. Más desde Jorge Guerrero de la “Otra Banda” de Mérida. Hasta Néstor Quiñónez. Entonces nos fuimos a España para saber sentir el credo de los ideales de la connotación de los ambientes. Fue de llegar a saber las metas de una propuesta para decir el valor inmenso de sus museos.

 Fue de llegar a las contemplaciones y descubrir un día de los encantos donde habitaron los museólogos. Era entonces el Curador del Museo surrealista de Figueras un maestro de los espacios y sonidos, ¡aún lo recuerdo! Como recordar los inviernos de las cimas de Andorra y venerar el templario testimonio de cada lugar. Le vi, montando una exposición del Canario Oskar Domínguez para comprender allí en Figueras “La Máquina Electrosexual” en el museo de Salvador Dalí, el creador del “Cristo del Cabo de Creus”. Y Marcial Doménech más elocuente que las semillas del tiempo donde había sido instalador del Museo del Louvre y se conocía las edades, salones, galerías de la ciudad de París. De asistir a New York y hasta de ceremonial las multitudes en las salas de los creadores de la Denis Renédonde asistían Rafael Martínez y Carlos Cruz Diez.

 Nosotros íbamos desde Barcelona catalana donde estudiamos Arte en la maravillosa “Llotja” del profesor Gargallo o de Jhose María Llimonda. De Pere Cara y hasta de “La Porta di el Angelus” con Pilar Miró. Casi como si Ramón Casas aún conviviría su lugar de “Los Cuatro Gatos” y de haber visto muy joven a Picasso donde exponía sus testimonios del sueño místico de ser “comunista” o de sentir a “Las Señoritas de Avignon” y con los emblemas de Marcial Domenech donde se aprendió las oratorias de colocar una obra en los muros de museos y en las sentencias que desdibujan el alma para diseñar el cenáculo de los verdaderos artistas. Había estudiado con Miguel Barceló y se sabía las lógicas académicas de San Fernando como de Madrid y de viajero por Roma, Florencia hasta lo definido en Ámsterdam donde habitaba “La Ronda Nocturna” de Rembrandt, lo dijo en esos sábados de Figueras cuando íbamos con la escultora Luisa Sallent y María José Domingo se proponía irse a copiar a Francisco de Goya en el Museo de El Prado. Doménech era un maestro inmensamente aferrado a la filosofía de las artes, amigo de Dalí y fiel hacedor de los estados en las connotaciones de los escenarios. Pues muy después en el Salón Miró de 1986, fue el curador de los mundos de concursantes de los cinco continentes y del alba; allí en Montjuic hablaba entre el francés y el catalán gritando en la instalación de los penetrables del venezolano Jesús Soto. Una tarde de treinta años después se lo narré a Raúl Sánchez en su casa de “Aqua Benedetta” en San Cristóbal y de memorias apareció Marcial Doménech montando con los valores a Giorgio Morandi y curando en la facultad de Bellas Artes una interesante muestra de Julio González.

 En mi exposición dedicada al Quijote se lo describí a Salvador Muntaner en el Salón de Lectura de San Cristóbal y el valeroso curador Muntaner describió de haber ingresado en las materias de curaduría en Buenos Aires junto a los Relicarios de Polesello, de Emilio Pertunutti o de Antonio Berni, y de volver a los actos sublimes del espacio. Porque ser curador es poseer el sentido métrico y de la lógica eterna de sentir en el temple del alma en cada una de las obras de arte. Con los sigilos del tiempo y las armonías consagradas a la justa verdad. Más de sentir en nosotros en interesante legado de Belkis Candiales en su Museo de las Artes y del Espacio. En cada cuidado de los numéricos estadios.

 En las materias de Museología con José María Parramón se afirmaban los sentidos de las escuelas y del saber de las comprensiones conceptuales del lugar de las memorias y del sentir cada esencia del color y la magnitud de un salón. Galería o cenáculo para afirmar las culturas. Lo describió en sus lecturas el continental arquitecto Fruto Vivas. Como de decirlo en sus clases Aquiles Ortiz y de Ignacio Zambrano en las pedagogías de las vocaciones artísticas, donde se afirmaba los sentidos de la lógica entre la materia y el sublime saber. Más en Demetrius Demus de su venir de Rumania y de cada misterio Marcial Doménech se guardó en los recuerdos. … Un día vino a Caracas cuando el merideño Oswaldo Trejo fue director del Museo de Bellas Artes. Vino para montar una muestra de Jhosep de Ginovar donde estuvieron los hormigones del escultor español entre los testimonios de José María Salvador. Siendo testigo el gnóstico Abraham Guerrero quién era para esos años, el guía de “La Sala Cubista” con la solemnidad dicha y pura de los acontecimientos. Más de la poética de una sala convertida en el lugar de los dioses…

 *Artista Nacional. *Maestro Honorario. *Doctor en Arte. *Premio Internacional de Dibujo Joan Miró 1986. Barcelona. España. *Ensayista desde 1984. *Premio Nacional de Dibujo en el Libro 2019. *Cronista de La Grita.

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