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Inicio/Opinión/El debate universitario venezolano frente al giro legislativo de EE. UU.

Opinión
El debate universitario venezolano frente al giro legislativo de EE. UU.

domingo 8 noviembre, 2026

El debate universitario venezolano frente al giro legislativo de EE. UU.

Pedro Morales

La restitución del salario constitucional y la gestión presupuestaria institucional

(Informe para la administración de los EE. UU. –  Parte III)

Exordio: Condición de posibilidad y sustento humano de la institución universitaria

En contextos de estabilidad institucional y suficiencia de recursos, la educación superior discurre con naturalidad en el perfeccionamiento de la docencia, la investigación y la extensión. Sin embargo, en la realidad de asfixia que atraviesan las casas de estudio venezolanas, la viabilidad de cualquier transformación académica —por vanguardista que sea— exige atender con prioridad de Estado el sustento socioeconómico de la comunidad universitaria. La restitución del salario constitucional y la gestión presupuestaria institucional no representan debates adyacentes; constituyen la matriz fundamental y la condición de posibilidad de la existencia misma de la universidad.

Esta aproximación analítica permite abordar la realidad universitaria desde una doble dimensión integradora:

  1. A nivel de la interlocución internacional: Trascender la lectura estrictamente geopolítica o macroeconómica ortodoxa que se hace a distancia y desconociendo la realidad particular venezolana por parte de las instancias externas (como Washington o los organismos multilaterales), incorporando como premisa ineludible la preservación del capital humano y el rescate del patrimonio científico de la nación.
  2. A nivel de la dinámica institucional interna: Complementar la justa aspiración de modernización curricular, incorporación de tecnologías emergentes y desarrollo científico con el diagnóstico riguroso de los procesos académicos tras años de crisis multidimensional, la evaluación real de la infraestructura y la dignificación integral del ser humano —docentes, estudiantes, personal administrativo, obreros, jubilados, pensionados y nuestros egresados, quienes constituyen la reserva intelectual y el talento profesional desplegado tanto en el país como en el exterior— que le da sentido y trascendencia al templo del saber.

I. Marco contextual geopolítico y la nueva realidad legislativa de EE. UU.: El tutelaje directo, la retórica del «Estado 51» y la exigencia bicameral de la diplomacia académica

El reciente resultado de las elecciones de medio término en los Estados Unidos de América —donde el Partido Demócrata ha obtenido la mayoría y el control de ambas cámaras del Congreso (Senado y Cámara de Representantes)— configura un nuevo mapa de poder que modifica de manera sustancial la interlocución diplomática internacional y la gobernanza presupuestaria de los recursos soberanos de Venezuela retenidos en el exterior.

Si bien el Poder Ejecutivo conduce la política exterior, la nueva mayoría en el Congreso estadounidense asume ahora facultades directas de fiscalización y supervisión sobre las licencias petroleras, los contratos energéticos y el destino de los fondos congelados. Esta narrativa se inserta en el debate público tras las categóricas declaraciones emitidas por el presidente Donald Trump, quien al hacer referencia a Venezuela como el posible «Estado 51» de los Estados Unidos —sugiriendo la sustitución de la figura presidencial por un gobernador territorial sobre la base de la extracción masiva de petróleo y la creación de empleos— confirma de manera irrebatible la verdadera dinámica geopolítica del presente: Venezuela se encuentra bajo un tutelaje y control directo que decide sobre el destino de sus recursos soberanos y de su economía.

Esta realidad deja en evidencia el error de quienes, incluso dentro de los debates académicos y universitarios, siguen dirigiendo sus reclamos y solicitudes a instancias locales que carecen de autonomía financiera y margen de decisión real. Si el poder de decisión efectivo sobre la liberación de los fondos soberanos reside en las instancias de poder en Washington, es ante ellas —Casa Blanca y nuevo Congreso bicameral— donde debe exigirse, con rigor de Estado, convicción académica y el respaldo de nuestro talento y connacionales en el exterior, la atención prioritaria a las instituciones fundamentales de la sociedad venezolana.

Asumir semejante interlocución exige trascender las lecturas lineales y los diagnósticos desconectados del entorno global que aún persisten en ciertos sectores. La viabilidad de nuestros recursos soberanos se inserta en una dinámica geoeconómica transcompleja, evidenciada en factores tales como la severa volatilidad en Wall Street —provocada por el ajuste bursátil en el sector de la Inteligencia Artificial y el consecuente desplazamiento del capital hacia sectores defensivos como el farmacéutico—, las tensiones en el mercado global del crudo, la inestabilidad bancaria regional evidenciada en colapsos como el de Paraguay, y el evidente resquebrajamiento en el seno del Ejecutivo estadounidense tras el impacto de las elecciones, donde las tensiones internas en su gabinete y la pugna con el Congreso bicameral reflejan el alto costo político de su agenda exterior (desde el frente de Irán hasta la gestión del expediente venezolano).

Intentar debatir el futuro de la universidad, su gestión presupuestaria o la incorporación de tecnologías emergentes desprovistos de este marco global —como si las funciones sustantivas discurrieran al margen de la geoeconomía real— equivale a ignorar las fuerzas sistémicas que condicionan la liberación de nuestros activos. Desconocer este escenario implica omitir las variables financieras y geopolíticas reales que sofocan la economía nacional y condicionan de forma directa el salario constitucional y la sostenibilidad presupuestaria de la educación superior en Venezuela.

La propia historia de los Estados Unidos demuestra que el liderazgo y la prosperidad no se sostienen solo en lo que se extrae del suelo, sino en el vigor de sus universidades. No pretendemos atribuir a la administración estadounidense la causa originaria del deterioro institucional, pues la política de asfixia presupuestaria e institucional contra la universidad proviene de un esquema interno prolongado desde hace más de dos décadas por el Ejecutivo nacional. No obstante, asumir o ejercer un tutelaje sobre la economía venezolana y fiscalizar sus recursos desde el Congreso sin asumir la responsabilidad histórica de preservar su sistema de educación superior constituye una grave contradicción ontológica. No se puede administrar la riqueza material de un país mientras se permite el desmembramiento y la descapitalización de su reserva intelectual y humanística.

II. Diagnóstico ontológico: El límite de la resistencia humana, la urgencia del salario vital y la dimensión sagrada del estudiantado

Es momento de poner los pies sobre la tierra y hablar con absoluta verdad y empatía. En el debate público es frecuente escuchar discursos entusiastas sobre la docencia del futuro, la robótica, la inteligencia artificial o la modernización curricular. Todo ello es deseable y necesario, pero resulta una ilusión impracticable si se ignora la realidad de quienes deben ejecutar esa transformación.

La aproximación ontológica al sistema universitario revela una verdad contundente: la alta productividad, la mística y el compromiso del personal docente, administrativo, obrero, y de manera muy especial de nuestros jubilados y pensionados —quienes entregaron su vida entera a la construcción del patrimonio académico y hoy padecen la más severa vulnerabilidad—, han demostrado un heroísmo extraordinario, pero han llegado a su límite. Ya no se puede exigir más al desgaste biológico de un trabajador o de un jubilado cuyo poder adquisitivo ha sido pulverizado. La continuidad de la universidad no se sostiene con discursos abstractos, sino con la restitución de la paz cognitiva y la dignidad biológica de su gente. El salario digno, amparado en el artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y calculado con base en la canasta familiar, no es una reivindicación secundaria; es el punto de partida y el eje transversal sin el cual cualquier plan de desarrollo resulta inviable.

Asimismo, este diagnóstico ontológico exige centrar la atención en la razón de ser de la institución: el estudiantado venezolano. Los estudiantes no son mera matrícula ni receptores pasivos de información; son la reserva espiritual, el talento móvil y la esperanza generacional de la República. Hoy día, el estudiante enfrenta una realidad ontológica dramática, signada por la asfixia socioeconómica, la falta de providencias estudiantiles dignas (comedor, transporte, becas reales y servicios de salud) y la zozobra de un futuro incierto que incentiva la migración forzada. Reparar el tejido universitario implica garantizar a los estudiantes condiciones de vida y estudio dignas, protegiendo su salud integral, su permanencia académica y su derecho inalienable a formarse en aulas equipadas y dignas.

III. Conclusión preliminar: El rescate del ser humano y la verdad presupuestaria

La lección fundamental de esta Parte III —enmarcada en la secuencia del Informe para la administración de los EE. UU.— es categórica: el desarrollo de las funciones sustantivas de la universidad (docencia, investigación y extensión) y la propia gestión institucional que las viabiliza carecen de sustento real si se pretenden ejercer sobre la asfixia socioeconómica de su gente. A nivel macro, la nación debe comprender a la universidad como una inversión estratégica de Estado; a nivel micro e institucional, es urgente restituir la verdad presupuestaria operativa y el salario justo (Art. 91 CRBV) que garanticen la dignidad biológica del trabajador y la sostenibilidad diaria de nuestras casas de estudio.

Con esta premisa ontológica y geopolítica asentada, la Parte IV abordará la arquitectura técnica de soluciones: la liberación de fondos soberanos retenidos en el exterior, el desglose de las cuatro partidas presupuestarias del Plan Integral de Reconstrucción Universitaria (PIRU), el rescate de la infraestructura y el modelo de gobernanza transparente que demanda la educación superior en Venezuela.

«Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.»

Artículo anterior de referencia:

Morales, P. (2026, 31 de octubre). Carta abierta a María Corina Machado. El Nacional. https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/carta-abierta-a-maria-corina-machado-2/

*Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET. Expresidente de APUNET

«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»

[email protected]  | WhatsApp: +58 416 8735028

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