Opinión
El factor China en los minerales críticos: Volatilidad, tecnología y el nuevo orden global
lunes 18 mayo, 2026
Mauricio R. Pernía-Reyes *
Durante décadas, el petróleo se constituyó como un elemento central en la dinámica geopolítica global. En efecto, tanto en el contexto de conflictos armados como en la toma de decisiones financieras de alcance internacional, los hidrocarburos inciden en el poder de negociación entre países consumidores y productores, impactando directamente en la economía mundial. Sin embargo, a medida que numerosos países avanzan en su transición hacia energías renovables, fortalecen su infraestructura digital y modernizan sus capacidades militares, ha comenzado una nueva fiebre extractiva.
Esta afirmación puede deducirse de los siguientes datos: De acuerdo con proyecciones recientes de la Agencia Internacional de Energía, la demanda de litio será cinco veces mayor para 2040, mientras que las tierras raras y el cobalto siguen una trayectoria similar. Un informe de la consultora Ernest & Young (2024) en su encuesta anual de riesgos y oportunidades para la industria minera, señala datos similares y afirmando, además, basado en fuentes, que “Durante los próximos 30 años, necesitaremos extraer más minerales que los que la humanidad ha extraído en los últimos 70.000 años. La demanda exponencial de minerales críticos para la transición energética creará una brecha de suministro significativa, lo que exigirá una inversión inmediata por parte de las empresas mineras”.
No obstante, este auge de la minería si bien tiene determinados paralelismos con la era del petróleo, no supone su repetición; y quienes así lo plantean puede que pierdan de vista el contexto en el que se producen estos minerales en combinación con las innovaciones industriales. Por ello, se puede afirmar que la economía global atraviesa un escenario diferente y caracterizado por una mayor volatilidad, lo cual podría implicar el término de las reglas establecidas hasta ahora. En efecto, a pesar de sus crisis recurrentes, la industria petrolera global operaba bajo una estructura comprensible. Los precios se fijaban en mercados occidentales, las disputas se resolvían en tribunales internacionales como foros de arbitraje o mediación, y el sector defensa de los Estados Unidos otorgaba seguridad de las rutas marítimas comerciales, como el Estrecho de Ormuz, entre otros. Hoy, ese orden está en descenso, no hay control total de los pasos y no es claro el panorama a corto y mediano plazo.
Así, la naciente era de los minerales críticos carece de una estructura razonablemente predecible y de actores con influencia global capaces de sostenerlo en los lugares de producción. En lugar de ello, el mercado de minerales críticos hoy está marcado por el dominio de un actor: China. A diferencia de la OPEP, por ejemplo, que en su apogeo no controló más del 35 % del crudo mundial, Pekín refina actualmente el 60 % del litio, el 75 % del cobalto y un 90 % de las tierras raras a nivel global. Esta concentración, gestionada por un Estado altamente centralizado, otorga a China la capacidad de restringir el suministro como herramienta geopolítica, algo que ya ha comenzado a ensayar con exportaciones de galio y germanio, entre otras medidas. En esa misma lógica puede leerse la inclusión de Jensen Huang, CEO de Nvidia, en la comitiva presidencial estadounidense en la actual visita a de Donald Trump a China: Como parte de una posible negociación geoeconómica en la que el acceso a tierras raras y minerales críticos se entrelaza con una eventual flexibilización del comercio de chips avanzados.
En este contexto, una lectura atenta de los acontecimientos permite advertir que, además del riesgo geopolítico, otro desafío para países productores e inversores es de carácter tecnológico, y por eso lo resalto de seguidas. Tomemos en consideración que, durante casi un siglo, el petróleo no tuvo un sustituto comercial viable, lo que garantizaba inversiones a largo plazo. No obstante, respecto de los minerales críticos, resultan absolutamente impredecibles las innovaciones que pueden hacer que un mineral crítico hoy, sea desplazado por una mejora en otro tipo de minerales o materiales, realizada en un laboratorio y que permita ser escalable industrial y económicamente. Pueden verse como ejemplo los países que han sostenido su economía sobre el cobalto quienes tuvieron que manejar la caída de los precios de este mineral a la mitad de su valor cuando los fabricantes de baterías desarrollaron celdas de fosfato de hierro y litio que prescindían de este mineral que, aun cuando esta innovación hace más pesado el vehículo, en contraste otorgan mayor autonomía y vida útil, lo que puede verse en varios modelos de vehículos Tesla Model 3, específicamente en su versión estándar.
Ante este panorama de demandas colapsables y monopolios de refinamiento, el sistema internacional y los países ricos en recursos deben prepararse sin pérdida de tiempo. Las soluciones que se propongan deben considerar una reestructuración razonable del comercio global y aplicar soluciones de orden nacional que les hagan ser más flexibles ante cambios en las innovaciones sin que afecten severamente sus economías. Venezuela y la etapa minera que se inaugura con la nueva Ley Orgánica de Minas de abril de 2026 debe tenerlo en cuenta. Los decidores de políticas públicas, el sector empresarial y las universidades están llamadas a ello, con sentido de urgencia, como señala John P. Kotter en su libro.
En próximas entregas trataré sobre las posibles opciones para enfrentar estos factores geopolíticos globales.
*Profesor-Investigador de la UCAT
Miembro directivo de CEDE y de la Red Iberoamericana de Derecho Minero
Vicepresidente para Venezuela de la Alianza Minera de América Latina (ALMA)











