Opinión
El investigador del siglo XXI
lunes 9 marzo, 2026
Hogan Vega y Dorli Silva
Entender la investigación no como un fin, solo la necesito para publicar un artículo científico, hacer la tesis, cumplir con el trabajo final de la asignatura Metodología de la Investigación, entre otras, para lograr graduarse, sino como el motor principal para adquirir competencias, cambia por completo la dinámica en el aula. No se investiga para “saber cosas”; se investiga para “saber hacer” y “saber ser”. De ahí que los docentes del área de investigación tengan una tarea compleja a cumplir: Resolver la realidad actual de la educación motivada por las carencias de los estudiantes. La brecha entre lo que el estudiante debería saber y lo que realmente sabe se cierra con paciencia, con herramientas modernas y una fe inquebrantable en la capacidad de transformación del ser humano.
Sin embargo, la tarea del docente inicia cuando se compromete a formar investigadores en las áreas de ciencias exactas, sociales y humanidades. Al mismo tiempo, enseñar a investigar va más allá de la descripción y análisis del quehacer científico; por lo tanto, es fundamental que los aspirantes a investigadores se involucren activamente en todas las tareas de esta práctica, trabajando de la mano con personas más experimentadas y dentro de entornos institucionales que fomenten la investigación con las estrategias para enseñar a producir conocimiento científico en ciencias exactas, sociales y humanidades. Se enfatiza que la enseñanza de la investigación debe ser vista como una práctica concreta, utilizando como referencia los procesos, prácticas y estrategias de formación de investigadores en diversas instituciones educativas.
Por consiguiente, enseñar a investigar es un proceso complejo y diversificado, que implica dos aspectos fundamentales: Qué se enseña (el oficio de investigador) y cómo se enseña (el oficio del docente). La nueva didáctica invita a la diferenciación, reconociendo que no existe una única manera universal de enseñar a investigar. Esto se debe a que la enseñanza de la ciencia exacta, social y humanística está intrínsecamente ligada a la forma en que se concibe y produce conocimiento en estos campos. Cada disciplina (ingeniería, filosofía, sociología, historia, periodismo, entre otras) tiene sus métodos específicos para plantear problemas, construir observables, desarrollar teorías y comprobar hipótesis, lo que exige enfoques didácticos distintos.
En otras palabras, el docente debe tener una postura consciente de la realidad para formar investigadores, con el uso de nuevos enfoques y el uso de los enfoques tradicionales de cursos de metodología de la investigación científica que a menudo se centran en la enseñanza conceptual y abstracta, sin una conexión directa con la práctica. Es decir, enseñar a investigar con las herramientas tradicionales de un aula de clase con pizarrón es limitado, ya que enseña a definir, describir y analizar, pero no a generar conocimiento. Tampoco se debe enseñar de manera general y abstracta, asumiendo un único procedimiento repetible.
En cambio, el docente propone entender el método como la organización estratégica de todas las operaciones involucradas en la producción científica. El investigador, al formular un problema, planifica y dirige sus decisiones teóricas, prácticas y operativas para responder a su pregunta. La estrategia didáctica del docente es introducir el tiempo necesario para producir conocimiento, que implica suspenso, innovación y cambio, alejándose de los formalismos y abrazando la imaginación creadora del investigador, sin descuidar el rigor y la disciplina. La enseñanza de la investigación no debe separar la teoría de la práctica.
En consecuencia, los docentes del área de investigación deben garantizar una didáctica de la investigación en ciencias exactas, sociales y humanidades que sea práctica, contextualizada, diferenciada según las disciplinas y que fomente la participación activa del estudiante en el proceso de generación de conocimiento, reconociendo la complejidad y la creatividad inherentes a este oficio. A diferencia, a quien se enseña en el oficio de investigador, tenemos estudiantes que vienen arrastrando carencias profundas desde la educación básica, al igual que, las carencias investigativas son comunes entre los estudiantes de pregrado y postgrado. Pero debemos entender que es nuestra realidad y no vale decir que son una generación de cristal, indiferente y atenida, son nuestra materia prima. En nosotros está el poder de transformar visiones, despertar el pensamiento crítico, tratar de encender la luz de la curiosidad hacia la investigación en pregrado y postgrado. Involucra esfuerzo de ambas partes, implica enseñarle al estudiante a ser estudiante y facilitarle las herramientas para impulsar sus competencias.
Por otra parte, la obtención de un título académico de pregrado o postgrado tampoco es para un grupo reducido de profesionales con virtudes como la disciplina, la constancia, la perseverancia, análisis crítico, el hábito de la lectura, la aplicación del método científico que permite convertir una pregunta en un producto replicable en ciencia, no debe ser solo para algunos privilegiados. Ciertamente, no todos tienen los medios para llegar a ser profesionales de tercer nivel y más difícil aún, a postgrado, pero hacerlo posible debería convertirse en nuestra meta.
Estimado docente, hagan que sus estudiantes vean la asignatura Metodología de la Investigación, que no es solo un requisito académico, sino una herramienta profesional poderosa, una fuente de transformación personal y social, que su investigación tiene un impacto y un valor. Que la tesis deje de convertirse en soporte de lavadoras o base de un adorno de la biblioteca, para cumplir su cometido como portales de la ciencia al servicio de la sociedad. Sin duda, es profundamente satisfactorio escuchar a los estudiantes decir: “Doctora o doctor, ¿cuándo hacemos el siguiente artículo?” o “¡Esto ya me gustó!”, y la frase que todo docente desea escuchar: “Gracias por ser una inspiración, por ayudarme a creer en mí”.
Esta situación nos obliga a profundizar en el mundo de la Metodología de la Investigación con la implicación de una serie de habilidades que, suponemos, nuestros estudiantes de pregrado y posgrado ya tienen desarrolladas, pero no es así. A continuación, mencionaremos algunas carencias académicas comunes que presentan los estudiantes de nivel secundaria, licenciatura, ingeniería, medicina y postgrado: Es común encontrar blogs, notas, presentaciones y sitios de internet de dudosa procedencia dentro de las fuentes mal referenciadas en las actividades de los estudiantes, incluso en las tesis; los estudiantes no saben cómo utilizar la IA como una herramienta académica, sino como una suerte de muleta para no pensar. Igual que encontrar el plagio directo al plagio con IA.
De igual manera, sabemos que el estudiantado de nivel secundaria tiene un bajo nivel de análisis, pero encontrar similitud con el doctorando es alarmante y tristemente se hace cada vez más cotidiano; seguimiento de instrucciones, no importa si son escritas, en video o en audio, el estudiante buscará que el docente le explique de manera detallada lo que debe hacer al menos dos veces. No se sorprenda cuando le manifieste que nunca leyó, vio o escuchó las instrucciones, o que solicite orientación poco antes de que concluya el tiempo límite de entrega; al mismo tiempo, puede ser que reciba una llamada o una amonestación de su coordinador cuando el estudiante que no cumplió al 100 % con sus actividades lo acuse de calificar de forma subjetiva su desempeño, incluso si usted fue claro en el manejo de la rúbrica. Y peor aún, profesor, qué difícil es ese tema, ya que no tengo tiempo para leer y menos el hábito de la lectura.
En síntesis, reconocer estas carencias es el primer paso para entender que las habilidades académicas no llegan con la edad, los títulos o la experiencia laboral; desarrollar competencias, esforzarse y alcanzar objetivos depende de cada persona. Nuestros estudiantes no están comprando un título de pregrado o postgrado como si fuera una especie de transacción. Ellos y ellas decidieron ser estudiantes, por lo cual deben asumir su rol y el compromiso que conlleva. Esta realidad exige disposición de ambas partes: el estudiante que asume su responsabilidad y el docente que brinda acompañamiento puntual y personalizado. Carl Jung decía: “Hasta que hagas consciente lo inconsciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino”.
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