Opinión
El renacer afectivo, ético y trascendente del San Cristóbal Country Club
martes 9 junio, 2026
María Ninoska García de Morales
Artículo de opinión basado en mi discurso de orden pronunciado con motivo del acto oficial de juramentación y toma de posesión como presidenta de la junta directiva de nuestra institución, celebrado en San Cristóbal, estado Táchira.
Toda institución que aspire a perdurar en el tiempo debe realizar el profundo ejercicio de redescubrir su esencia y su misión histórica. Asumir la conducción de una entidad civil no puede hacerse desde la fría distancia del poder, sino desde la emoción más sincera de quien ama entrañablemente su entorno. La hermosa voluntad de participación que se manifestó en la pasada jornada electoral en la Asociación Civil San Cristóbal Country Club – «Polígono de Tiro» no fue un simple conteo de votos; representó un testimonio de civismo, un abrazo de reencuentro y el motor definitivo para nuestra reconstrucción moral.
Es de estricta justicia ofrecer un conmovido reconocimiento a la junta directiva saliente. Servir a una asociación civil sin fines de lucro es, por definición, un acto de entrega generosa y desinteresada. Haber formado parte de ese equipo humano en el rol de secretaria me permitió convivir y debatir con personas de una vasta experiencia, no solo dentro del club sino en sus respectivas disciplinas profesionales. Compartir ese espacio constituyó un aprendizaje profundamente significativo que enriqueció mi visión institucional y me permitió comprender la diversidad de perspectivas de nuestra comunidad. Desde el respeto a esa trayectoria compartida, se asume hoy el testigo con gratitud, sabiendo que la grandeza de una institución se construye sumando voluntades y jamás restando afectos.
En esa misma línea de honor, es imperativo enaltecer con profunda admiración a todos los integrantes de la plancha 33. La contienda electoral alcanzó su máxima cúspide y una dignidad sin precedentes gracias a la participación de personalidades que son auténticas instituciones en nuestro estado Táchira y en Venezuela; ciudadanos de un excelso valor moral, académico y profesional que representan referentes de civilidad para nuestro país. Contar con rivales de semejante investidura, en una circunstancia estrictamente electoral, elevó el debate a las esferas de la más alta madurez democrática y le otorga un valor agregado excepcional a la gestión que se inicia. Su presencia y su compromiso no hicieron sino engrandecer la victoria de la institución, demostrando que en nuestro club el respeto mutuo es y será siempre la primera piedra angular.
Con esa misma vibración de orgullo, es menester valorar a los integrantes de la plancha 7, un equipo que acude a esta cita con el alma llena de ilusión y la voluntad dispuesta a entregar lo mejor de sus talentos. Hombres y mujeres procedentes de los más diversos sectores de la vida institucional, social y empresarial de nuestra región, convocados desde este instante a honrar el inmenso compromiso pactado con los socios, con el Táchira y con Venezuela. El norte es transformar, mejorar y consolidar nuestra casa común; no buscar preeminencias, sino sembrar con alegría un grano de arena, sabiendo que el liderazgo institucional exige constancia, pulcritud y una inquebrantable vocación de servicio. Reconstruir el futuro de nuestra comunidad es una tarea noble que se asume en estricta unión.
Este despliegue de civismo y transparencia no habría alcanzado su cauce impecable sin la labor encomiable de la comisión electoral del club. Es oportuno y de obligada rectitud ética reconocer la entrega, la imparcialidad y la pulcritud con la que sus miembros condujeron cada fase de este proceso, garantizando el respeto absoluto a la normativa estatutaria y asegurando la certeza jurídica de la voluntad soberana de nuestros asociados. Su gestión ejemplar es el vivo testimonio de que las instituciones se fortalecen cuando actúan guiadas por el orden, la rectitud institucional y el servicio desinteresado al bien común.
Ningún proyecto de transformación sería posible sin el motor humano que sostiene el día a día de las instalaciones, lo que obliga a dedicar un emocionado y profundo reconocimiento a todos los trabajadores que hacen vida en el club. Ellos son el personal de apoyo necesario, los grandes y silenciosos protagonistas que con su esfuerzo diario permiten que la institución salga adelante; una fuerza viva llamada a renovar la querencia por nuestra casa, a trabajar con mayor compromiso y orgullo, sabiendo que son parte vital de cada meta positiva por alcanzar.
De igual manera, este llamado se extiende con espíritu constructivo a los aliados comerciales, arrendatarios y concesionarios que dinamizan la vida económica. Su prosperidad es también la nuestra, y bajo una visión de ganar-ganar, la directiva los invita a trabajar de la mano: en la medida en que se fortalezca la infraestructura que cobija sus negocios, se espera su valioso y solidario aporte recíproco para compensar, mantener y enaltecer cada espacio común, garantizando que el legítimo crecimiento comercial se traduzca directamente en el bienestar de toda la familia asociativa.
La gestión inicia bajo el signo de la austeridad corporativa. Pero la austeridad, entendida desde su dimensión más humana, no es escasez; es el acto supremo de respeto hacia el esfuerzo de cada socio. La majestad de la administración no se medirá en la opulencia de gastos superfluos, sino en la transparencia absoluta de las cuentas y en la rectitud de los procesos. Seremos los custodios celosos de un legado material y social que nos ha sido confiado para ser entregado, enriquecido, a las generaciones venideras.
Para administrar este legado, debemos comprender primero la majestad del entorno que nos abraza. Nuestra asociación civil se erige sobre un escenario natural privilegiado, un oasis de verdor y frescura adyacente a la inmensidad de nuestras montañas tachirenses. Es imperativo reconocer y dejar constancia de la riqueza intangible e inconmensurable de nuestra biodiversidad; un patrimonio ecológico que no tiene un valor económico definido porque es, sencillamente, invaluable. Ningún otro club del estado Táchira posee este ambiente natural envidiable donde el ser humano convive en perfecta armonía con las plantas, la flora, el canto de las aves y nuestra fauna autóctona. Esta exuberancia no es un adorno; es nuestra mayor fortaleza, una ventaja competitiva de primer orden en toda Venezuela y un refugio de paz que nutre el alma, el cual estamos obligados a preservar con una profunda conciencia ambiental y ecológica.
Es en el corazón mismo de este santuario natural donde la fe encuentra su morada más pura. En las instalaciones se erige la imagen de nuestro santo y beato el doctor José Gregorio Hernández, convirtiendo su santuario en un referente moral absoluto para la convivencia. En este entorno sagrado, donde la luz del sol se filtra entre el follaje silvestre, su figura nos recuerda los valores de la humildad, la compasión y el servicio desinteresado al prójimo. Que su ejemplo guíe la vocación y que su luz bendiga a cada una de las familias.
Bajo esta misma luz de servicio y civismo, la junta directiva mantendrá las puertas abiertas de par en par para estrechar lazos con el entorno social e institucional que nos rodea. El club no es una isla; es una institución viva llamada a ser faro de cultura, orden y dignidad para San Cristóbal y ejemplo de convivencia urbana en el estado Táchira. Por ello, se asume con entusiasmo el compromiso de liderar una interrelación proactiva y un diálogo permanente con las distintas fuerzas vivas del estado, con sus gremios, sus universidades, sus expresiones ciudadanas y con las demás organizaciones hermanas que configuran el desarrollo de nuestra región.
Asimismo, se ratifica la alta responsabilidad social con las comunidades residenciales vecinas, asegurando que el sano disfrute interno coexista siempre con el respeto sagrado a su sosiego y bienestar, demostrando que la verdadera distinción de nuestra casa se manifiesta en su capacidad para tejer puentes de armonía y progreso con toda la sociedad tachirense.
Superada la natural deliberación del proceso electoral, el llamado imperativo de esta hora es al encuentro y a la unificación de los grandes criterios. No hay espacio para la apatía; convoca la unión, el trabajo y la fe en lo que somos capaces de lograr juntos. Caminamos con paso firme y el alma encendida hacia el renacer definitivo del San Cristóbal Country Club. En este nuevo amanecer, la corresponsabilidad y el inquebrantable compromiso ético de cada uno de los asociados serán los pilares sagrados sobre los cuales edificaremos el futuro de dignidad, orden y distinción que tanto merecemos.
La grandeza de una institución reside en la suma de sus virtudes colectivas. Hoy, más que nunca, nuestro club está llamado a ser faro de ética, transparencia, unidad y excelencia para el Táchira y para Venezuela. Que la luz de nuestros valores, la majestuosidad de nuestra naturaleza, la guía de nuestro venerable doctor José Gregorio Hernández y el amor por nuestra historia iluminen el sendero. Por una gobernanza institucional crítica, transparente y de profundo sentido humanista.
La grandeza de una institución reside en la suma de sus virtudes colectivas. Hoy, más que nunca, nuestro club está llamado a ser faro de ética, transparencia, unidad y excelencia para el Táchira y para Venezuela. Que el amparo y bendición del Santo Cristo de La Grita junto a la maternal protección de la Virgen de la Consolación de Táriba, la guía de nuestro venerable doctor José Gregorio Hernández, la majestuosidad de nuestra naturaleza y el amor por nuestra historia iluminen plenamente el sendero.
Por una gobernanza institucional crítica, transparente y de profundo sentido humanista.
Doctora en Innovaciones Educativas (UNEFA). Magíster Scientiarum en Derecho Procesal Penal (ULA). Especialista en Docencia en Educación Superior (UCV) y en Derechos Humanos (Unilibre-Colombia). Abogado (ULA). Profesora de Posgrado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la ULA Mérida. [email protected]












