Opinión
El taller de artes y ciencias de Segundo Nieto
miércoles 7 octubre, 2026
Néstor Melani Orozco
Fabricó el Escudo de La Grita, con su heráldica de colores a los secretos de la dichosa ciudad primogénita. Un día revestido de tareas el interesante profesor en mi sala de Dibujo del Liceo Militar Jáuregui me narró de cuando era muy jovencito presenció de ver a su tío Pepe Melani corrigiéndole una escultura a un escultor que venía de Francia, como de ayudar al padre Laussal del Seminario Eudista a crear el Cristo gigante, “Corazón de Jesús” abierto de brazos quién muy de años permaneció en lo alto de la neogótica capilla.
Mientras sonaba como un delirio de amor la máquina de Pepa Nieto diseñando los trajes de la santidad del “Niño Romano” de la iglesia del Espíritu Santo, aquella preciosa reliquia que trajo de Italia Doña Josefa Melani de Olivares, y regaló a Mons. Jáuregui en 1897. Todo estaba allí en la vieja casa entre el espejo venido de Liborno y el retrato de José Gregorio Hernández, de quién el Dr. Mario Briceño Perozo había invocado para la Gobernación de Trujillo. Y entre los sueños y el interesante maestro y profesor Segundo Nieto de los Melani, hermano de la costurera; artista, porqué el bisabuelo Doménico fue el toscano mentor del imaginero escultor Atanacio Cárdenas y su tío Pepe, el fino pintor de las edades gritenses. Así vi a Segundo Nieto Melani tantas veces de los años en el portentoso Instituto donde dictaba cátedras de Educación Artística, Dibujo para Arquitectos más Historia del Arte.
Y siempre con su escuadra de madera, los escalímetros y el transportador cruzando las aulas y meditando los puntos exactos de la notoriedad de los diseños. Del siempre pintor adivinando los recuerdos cuando en la facultad de Bellas Artes de Caracas fue condiscípulo del gran Héctor Poleo, de los secretos de César Rengifo entre los hechos del maestro Marcos Castillo. Y de revivir los ecos donde trabajó en “Los Correos de Venezuela” allá en Carmelitas de la avenida Urdaneta, viviendo en la casona de La Pastora con los hermanos Baptista Olivares. Me lo dijo entre sus invitaciones a mostrarme los espacios del fotógrafo y de llevarme a escuchar las interesantes grabaciones que realizaba a los músicos valeroso de la hermosa ciudad de La Grita. Desde la sublime voz de Alix Thelma Ostos hasta la crónica cantada de Miguel Ángel Méndez. De las noches de Jesús “Canito” su hermano, a la ceremonia de Ramón Moncada con la guitarra de los amores perdidos del alma.
Fue de enseñarme a empastar libros y de este aprendizaje enseñárselo yo a Ramón Elías, cuando lo llevé a trabajar conmigo en la sala de Dibujo del valioso Liceo Jáuregui. De mostrarme Segundo, la marimba o el xilófono nicaragüense y los testimonios del maestro creando ideas en la ciencia y las artes. En la conjugación arquitectónica y los inventos, desde una emisora clandestina hasta el telescopio gigante para mirar la luna desde sus mares del cielo. Más adentro de las cartas benditas y los ojos azules del transparente mar Mediterráneo. De su bisabuela María Teresa Pieruzzini, hermana del tío Alexandro quien fue primer violín de Giuseppe Verdi en la filarmónica de Venecia. El de la adoración por sus hijas, por las morochas, en sus encantos del alma. De llorar la despedida en el claustro de mi casa solar por el periodista viajando a otras ilusiones. Muchas noches me invitó a compartir guitarras en su casa rural de la barriada de San Vicente, donde asistían: el holandés Antón Charles Tesser e Hildamar Escalante, la Poetisa compañera en New York de Jaqueline Kennedy, más de Baltazar Guerrero el ingeniero del tiempo, y sabedor de hilos eléctricos como si Nicola Tesla estuviera escondido en su caja de herramientas. Desde el médico veterinario José Antonio Sánchez Moreno con el cuatro viejo, o el alarife Marcos Salas narrando las existencias de la “Seguridad Nacional”.
Y la vida de pintar y soñar. Una tarde de hace muchos años, vino a mi casa y me invitó para regalarme muchos de sus libros, entre ellos poseía “Tratado de la Pintura” de Leonardo qué le trajo Isaura de Florencia de regaló en 1904 a mi padre. Como la biblia donde muy después aprendí del profeta qué Jesús de Nazaret se copió “el Padre Nuestro”. Se fue Segundo Nieto queriendo demostrar como realizó un avión a control remoto construido en madera de Balza. Y de silencios sus lágrimas por la verdad. Ayer crucé la calle frente a su casa, y vi a su hija: le pregunté por sus cámaras fotográficas, por el libro “El Arte de Dorar” y por los secretos cuánticos de su ingeniería. La joven sonrió y con los ojos húmedos me dijo: “se llevaron todo”. Volví a mis silencios y recordé a mi amigo Fruto Vivas, el continental arquitecto, cuando me dijo: …”Fue Segundo Nieto el mejor amigo del Bachillerato de La Grita, en los tiempos de estudiantes del Instituto Civil”, -me lo dijo- el arquitecto y de quién había sido, su condiscípulo. “Y se hubiese convertido en mayor arquitecto que mi persona”… Volví de nuevo y sentí las heredades sagradas y la magia de un personaje que se deberá rendir honores a su historia de maestro, educador, creador y artista…
*Artista Nacional. Maestro Honorario. Doctor en Arte. *Cronista de La Grita.












