Opinión
El taller de Carlos Cruz Diez en París
miércoles 4 febrero, 2026
Néstor Melani Orozco
Había de tiempos Maracay y los hechos notables convertían los manifiestos del arte nacional a los valores de Filippo Sindoni en las apreciaciones por la cultura. Eran testimonios a la connotación del arte. Para 1987 volví a París porque detrás de las ceremonias había que asistir a la logia del museo George Pompidou, donde Ives Tanguy demostraba los hechos del Surrealismo y desde cada noche de tertulias se podía entender las Magnificencias del arte francés. Mucho más de los valiosos testimonios de las corrientes elocuentes.
Fue una de las noches en el ático de Gilberto Padrón, justo con Diego Sarmiento y el médico Emiro Avendaño de hablarse de los encuentros donde apareció la figura de Carlos Cruz Diez en los significados del Arte óptico y las fuerzas devenidas de Yacoov Agam, el vanguardista palestino. O el maravilloso argentino Julio Lecpar. Con los mayores éxitos del lenguaje de la luz y los testigos de las manifestaciones de aquella capital de Francia.
Días después de aquel mayo fuimos al estudio del importante cinético de Caracas llamado Carlos Cruz Diez, donde se establecía el mundo de la confrontación numérica de las escalas. Al mundo cercano de Jesús Soto, a los sitios esotéricos de Rafael Núñez y del fresco temple de Juvenal Ravelo, entre “Los Coloritmos” donde existieron los grabadores de la majestad de DaDa. Era el taller principal de Carlos Cruz Diez en París, conocido como “La Boucherie” (antigua carnicería), funcionó como su centro de creación e investigación cromática durante décadas.
Este icónico taller y espacio de trabajo del artista se encontraba ubicado en el distrito 15 de París. Lo describió de recuerdos el notable ilustrador de “La Revista Farol”, el mismo de las búsquedas cuánticas y del maravilloso espacio de la heredad del Prisma. Entonces fue saber del taller del pintor quién había venido a París en 1960 en las necesidades de los hechos notables y buscando ubicarse de ensueños, un día regresó a Venezuela y visitando en la ciudad jardín al industrial Filippo Sindoni, donde le narró que en el corazón de la ciudad de París se vendía un local que fue de una carnicería. Esto impresionó al millonario, y sacando la chequera le sugirió el cuánto del costo de aquel bien que se convertiría en la misión universal del Arte Cinético. Sindoni le regaló el estudio en París al ilustrado creador.
Pasaron los años muy de las ideas, muy de saber del artista consagrado muy de encantos y museos, centros de arte y manifestaciones ante al mundo desde New York, de decirlo en Roma, París, Berlín, Praga, Caracas, México, Panamá, Bogotá, Buenos Aires, Jerusalén hasta Moscú. De elevar los sentidos humanos a. la connotación del más inmenso arte de los hechos del cinético ante las realidades de la cultura. Mucho tiempo después se narró sobre el millonario en defensa del arte a través de un gran artista venezolano.
En aquellas existencias cuando realizaba mi Mural bolivariano en la antigua Escuela de Aviación, José Torrealba y Mario Abreu junto con José Ignacio Zambrano me invitaron a conocer al ilustrado industrial italiano Don Filippo Sindoni, y en su colección estaban las más inmensas propuestas de Carlos Cruz Diez, habiéndose gestado el sentimiento por la defensa de un valor en las escuelas de las artes francesas. Gloria de las Américas.
Anoche entre mis memorias pude recrear aquellos momentos franceses del hacedor de los ritmos físicos del color. Y volví a apreciar al viejo napolitano contemplando su edificio, el más grande de la ciudad del Arawuá… “Cuando algún día se comprendan las verdades de los creadores, se podrá entender el inmenso valor humano de las existencias”.
* Artista Nacional. Maestro Honorario. Doctor en Arte. Cronista de La Grita
Destacados











