Opinión
Entre operetas
miércoles 4 febrero, 2026
Mario Valero Martínez
Los especialistas en teatro, pero también musicólogos, describen la opereta como un espectáculo cómico, a veces levemente dramático que pone en escena guiones frívolos, en ocasiones absurdos, dedicados a fábulas sentimentales, sociales, cotidianas, urbanas. El género es diverso y cabalga entre el paraíso y el infierno. En algunas tramas se deslizan las sátiras dirigidas a criticar o ridiculizar hechos, instituciones, personajes y no faltan los cuestionamientos a los políticos de oficio. Total, la función es pretendido divertimiento en escenario de ficciones. Pero la palabra opereta adquiere otra faceta fuera de sus ámbitos teatrales. Se utiliza igualmente, para retratar acciones y actores que, revestidos de formalidades, rostros circunspectos, amplificadas sobriedades, incluso con algo de irreverencia, se desenvuelven simultáneamente en ambientes telúricos y grandes fachadas escénicas. Agendas ocultas, tropelías, ambiciones desmedidas, manipulaciones, entre otros fines deleznables, guionizan los entretelones de ese creciente modo de politiquear que tanto daño ha causado a la democracia. En ese mundillo de la vida real, el uso de la retórica vacua es esencial, el espejismo es un recurso necesario, la religión es un médium infaltable, los gestos calculados indispensables y las redes sociales digitales altamente imprescindibles. Entre estas operetas de no ficción y con disímiles libretos, se relata gran parte de la geografía política vivida en el transcurrido y convulsionado cuarto de siglo XXI. Irritante, desconcertante y de proyectadas incertezas.
En diversos escenarios han irrumpido esos actores clientelares de fácil arenga, verbo encendido, envolventes encantamientos, burlas constantes, amenazas crecientes a sus rivales, venganza y grandilocuentes ofrecimientos. Los hemos visto en diversos estilos. Arrogantes en sus verbosidades y revolucionarias etiquetas antimperialistas blandiendo látigos y espadas libertadoras. Altaneros en sus verborragias empuñado motosierras y agitando banderas libertarias. Vanidosos (as) de labia fervorosa que, simbología religiosa en mano, se consideran únicos e imprescindibles. No faltan los tiranos narcisistas que se creen los elegidos para repartirse el planeta. En esa especie de performance van soltando sus prédicas populistas, repitiendo lo que sus seguidores quieren escuchar. Y no es sátira. En sus variopintas corrientes se ubican a la derecha y a la izquierda, aunque en los bordes de sus extremas retóricas se difuminan las diferencias
Al ritmo del abrumador palmotear de encandiladas mayorías electores y lealtades tribales, los encantadores de turno danzan sobre sus cartografías nacionales, o según la escala del poder en que se asientan, sobre el atlas mundial; al tiempo afinan los instrumentos coercitivos, mosquetón en mano y cautivador voto. La charlatanería del rancio nacionalismo con bandera al costado, es buena coartada para edificar poderosos entramados de control absoluto del poder y en sus marciales y autoritarios estilos, cercenan las libertades, vulneran y desprestigian los derechos humanos. Al unísono extinguen la democracia y degradan los paisajes humanos.
En estas operetas de la vida política, asombran (o tal vez no tanto) otros inesperados escenarios. Otrora omnipotentes e histriónicos herederos del poder, represores de oficio, transmutados de la noche a la mañana en obedientes figuras de reparto de un libreto en rápida readaptación; en paciente espera y sin rubor, apuestan por su reingeniería político-actoral. Al frente opuestos, acríticos y dóciles actores, añoran y arañan ocupar el lugar protagónico en el espectáculo del mismo libreto, sin importar la forma ni formalidades. Curioso, ambos aceptan y disputan la tutela de mismo e impresentable comediante. Comedia es el título de una canción escrita por Boby Capó y cantada por el gran Ismael Rivera, Maelo, y dice, “en el gran escenario de la farsa, la comedia de la vida es inhumana. Hay payasos llevando armaduras frías y tenorios que no tienen ni una espada”. Operetas y mucho humor negro. Entreactos, sin duda alguna, alegra la libertad de los presos políticos. @mvalerom










