Opinión
¿Estamos perdiendo la memoria?
lunes 9 marzo, 2026
Antonio Sánchez Alarcón
Las naciones no solo se construyen con territorio, instituciones o recursos naturales. También se sostienen sobre algo más frágil y decisivo: La memoria. Un país que pierde sus archivos comienza lentamente a perder la conciencia de sí mismo.
Las hemerotecas —esos silenciosos depósitos donde reposan periódicos y revistas— han sido durante siglos una de las formas más concretas de preservar esa memoria. En sus páginas amarillentas está la historia cotidiana de una nación: Los debates, las crisis, los errores del poder, las ilusiones colectivas. Allí puede verse cómo un país se pensó a sí mismo en cada momento de su historia.
Sin embargo, en Venezuela ese patrimonio ha ido desapareciendo casi sin que nadie lo advierta. No hubo una orden para destruirlo. Simplemente se fue abandonando. La crisis institucional, el deterioro de las bibliotecas, el cierre de periódicos históricos y la ausencia de políticas de preservación han ido vaciando silenciosamente esos archivos.
El resultado es inquietante: Una parte significativa de la memoria documental del país se está perdiendo.
Las hemerotecas no son un lujo para académicos. Son una pieza esencial de la vida republicana. Los periódicos constituyen el registro más inmediato de la vida pública. Allí quedan consignadas las decisiones del poder, las controversias políticas, las promesas incumplidas y los debates que marcaron cada época.
Cuando esos archivos desaparecen, el pasado queda expuesto a la manipulación o al olvido.
La filosofía política ha insistido en que la memoria es una condición de la libertad. Una sociedad que no puede consultar su propio pasado se vuelve más vulnerable a los relatos interesados del presente. Sin documentos, la historia se transforma fácilmente en propaganda.
Por eso el deterioro de las hemerotecas venezolanas no debería ser visto como un problema menor o cultural. Es un problema político en el sentido más profundo del término: afecta la capacidad de una nación para comprender su propia trayectoria.
Si realmente estamos entrando en lo que algunos llaman un “nuevo momento político”, entonces hay una tarea que debería acompañar cualquier intento de reconstrucción institucional: Rescatar la memoria del país.
Recuperar las hemerotecas, restaurar archivos periodísticos y digitalizar las colecciones históricas es una tarea urgente. No se trata sólo de preservar papel viejo. Se trata de preservar la historia viva de la República.
Porque un país que pierde su memoria, termina perdiendo también la posibilidad de comprender su propio destino.
Destacados










