Opinión
Gobierno de Transición para desmontar el Socialismo del siglo XXI
sábado 18 julio, 2026
Carlos Casanova Leal
El modelo del Socialismo del Siglo XXI no es un sistema económico con fallas que se puedan corregir con un par de licencias petroleras o permitiendo la circulación de dólares. Es un diseño de destrucción de la propiedad privada, centralización asfixiante y aniquilación del salario real a través de la estafa de la bonificación, que nos trajo a la crisis humanitaria compleja de la que no hemos salido y que se profundiza por el doblete del terremoto.
Lo que está a la vista del mundo es la total incapacidad de respuesta del Estado para superar la actual crisis; si no se desmonta el modelo implantado, la crisis seguirá existiendo en razón de que la pobreza tiene su origen en el modelo socialista del siglo XXI; por ello, no se avanza en las políticas económicas que nos regresen al modelo económico constitucional y con ello el bienestar en calidad de vida de los ciudadanos.
La sucesión que se produjo después del 3 de enero 2026 no es transición. Las instituciones, el control social a través del hambre, los tribunales, fiscalías politizadas y las inhabilitaciones siguen ahí. La transición no ha comenzado, porque quienes hoy gestionan el día a día son los herederos y beneficiarios del mismo modelo que destruyó al país.
Cada día que pasa sin un gobierno de transición que asuma el control real y doliente del país es un día más de parálisis, cuyo costo es el limbo humanitario. Las políticas de transición deben llover trasversalmente en todos los ámbitos de la vida del país; es por lo que no debemos confundir las funciones de la comisión de las dos asambleas, que tienen un mandato legislativo y técnico sumamente específico: Redactar reglamentos, postular nombres para el CNE, y tal vez proponer reformas a ciertas leyes. No tienen facultades de gestión pública, ni presupuesto ejecutable, ni mando sobre el territorio, dicho de otra manera, no tienen gobierno, de donde lo que escojan para un nuevo CNE deben ser técnicos realmente independientes.
Es un error de apreciación política archivar el abrumador triunfo de la sociedad democrática del 28 de julio del 2024, y peor aún no interpretarlo en sus aspiraciones de contar con un gobierno de transición para reestructurar el Estado y reconstruir a Venezuela, la legitimidad del gobierno de transición se la otorga esa altísima votación que al hacerlo su mandato fue firme, quiere cambio del sistema del socialismo del siglo XXI, no solo en razón de que nos trajo a la pobreza, sino por ser inconstitucional, por lo que ni los venezolanos ni nuestras aspiraciones pueden quedar desterradas de la mesa de decisiones.
Aquí no se trata de un plan de convivencia, ya que la crisis se agudiza por falta de decisiones en lo económico de donde no se presenta un plan global de retorno a la economía abierta.
¿Quién gobierna? Esa interrogante desnuda la farsa de la arquitectura actual. Si un ciudadano, un analista o la comunidad internacional tienen que preguntarse hoy en Venezuela quién gobierna realmente, es porque el poder se ha fragmentado en un archipiélago de complicidades donde nadie asume la responsabilidad del desastre, pero todos cuidan su parcela. Mientras Washington juegue al pragmatismo de los barriles de petróleo y las cúpulas de Caracas jueguen al reparto de cuotas en comisiones sin poder real, el ciudadano de a pie sigue pagando la factura con servicios colapsados, inflación y la pérdida de su soberanía.
Sin un Gobierno de transición real, soberano, unificado y dotado de Poder Ejecutivo, Venezuela está condenada a la parálisis perpetua. No se puede reactivar la economía, unificar la hacienda pública, recuperar los miles de millones de dólares saqueados por la corrupción para la reconstrucción, ni devolverle la dignidad al salario, así como la autonomía a las regiones si no se desmonta, primero y de raíz, el modelo del Socialismo del Siglo XXI, que es el mandato popular aun sin realizar.
Gobierno de transición permite desmontar el socialismo chavista, reconstruir el país y entregarle a un nuevo gobierno un Estado en pleno funcionamiento para que gobierne.
El país no necesita un comité de enlace para administrar la crisis del chavismo bajo la mirada de Washington. Necesita un Gobierno de Transición soberano y con capacidad de mando, cuyo único norte sea la reingeniería ética del Estado y el desmontaje de la economía de bodegón para dar paso a un plan de reconstrucción estructural. Cualquier otra fórmula intermedia es, simplemente, recetar un analgésico para curar una fractura expuesta.
Dios con nosotros.











