Opinión
Ingresos petroleros reales y el sustento del salario mínimo vital
domingo 15 marzo, 2026
Pedro Morales /Carolina Casanova
La economía venezolana ha iniciado el primer trimestre de 2026 bajo una transformación estructural de sus flujos de caja, definida por el tránsito hacia un modelo de integración operativa con el mercado energético estadounidense. En este sentido, bajo la supuesta supervisión de licencias de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro), la producción ha superado el millón de barriles diarios, impulsada por la gestión directa de empresas internacionales en la Faja del Orinoco y el Lago de Maracaibo.
De esta manera, esta optimización de la tesorería ha permitido capturar el valor pleno del barril, eliminando los descuentos punitivos de intermediarios que anteriormente restaban hasta 30 dólares por unidad. Según reportes de monitoreo de exportaciones de marzo de 2026, esta dinámica ha generado un excedente fiscal sin precedentes en la última década de restricciones financieras, alcanzando un monto aproximado a los 4.200 millones de dólares en este periodo fundacional. Por consiguiente, esta inyección de liquidez sistémica de 1.400 millones de dólares mensuales de «dinero nuevo» facilita la estabilidad cambiaria y dinamiza la capacidad adquisitiva nacional
Por otro lado, desde una perspectiva de excelencia técnica, el sustento para proyectar un salario base de 1.000 dólares mensuales, en una primera fase de arranque, emana de un análisis de cobertura directa sobre este flujo de caja de la renta capturada en este primer trimestre de 2026. En efecto, al aplicar la inyección mensual de 1.400 millones de dólares sobre la nómina pública activa —estimada en un promedio de 2.750.000 trabajadores—, se determina que el uso de apenas el 41,75 % de dicho excedente permite financiar técnicamente un aporte de 850 dólares por trabajador. Asimismo, al integrar este apalancamiento con una base presupuestaria ordinaria conservadora de 150 dólares, se alcanza el punto de equilibrio de los 1.000 dólares sin comprometer el 58,25 % restante de los ingresos adicionales.
De igual forma, este margen superavitario se podrá destinar estratégicamente para, definitivamente, “sembrar el petróleo” mediante la diversificación de la economía, la recuperación de la infraestructura crítica del país, el fortalecimiento de las reservas internacionales y el pago de pasivos laborales históricos, garantizando así la sostenibilidad fiscal sin recurrir a la emisión monetaria del BCV. En este contexto, este constructo de viabilidad encuentra su imperativo legal en el artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual legitima la aspiración a un salario suficiente frente a una canasta básica que supera los 2.500 dólares, especialmente tras un trienio de congelación remunerativa en la administración pública.
Sin embargo, esta solvencia fiscal contrasta con la persistencia de una «tríada de la regresión laboral» que mantiene asfixiada a la totalidad de los trabajadores universitarios —docentes, administrativos y obreros— y, en general, a la fuerza laboral nacional. En este sentido, esta estructura se fundamenta en tres dispositivos que desvirtúan la Ingeniería de la Economía Humana —entendida como la disciplina que integra las variables técnicas de la ingeniería y la economía con los valores axiológicos para optimizar el bienestar integral y la dignidad del ser humano en sus procesos productivos—: el instructivo de la Onapre, el cual reduce arbitrariamente las primas salariales y beneficios adquiridos; el Memorándum-Circular 2792, que anula la progresividad y la libre negociación de las convenciones colectivas; y, fundamentalmente, el desconocimiento sistémico de las Normas de Homologación.
Por consiguiente, estas últimas constituyen la piedra angular del conflicto por representar el pacto histórico que vincula el salario con el costo de vida y el mérito académico. De hecho, se trata de un constructo que, al amparo del artículo 91 constitucional sobre el salario mínimo vital, busca la justicia distributiva para todos los trabajadores frente a una arquitectura institucional que hoy desarticula la meritocracia nacional, ignorando que el excedente capturado por la renta petrolera cubre con holgura la meta salarial propuesta de los 1.000 dólares.
Desde una perspectiva macroeconómica, la recuperación del valor real del barril —al pasar de un neto de 30 a cerca de 60 dólares— permite financiar este incremento a 1.000 dólares sin recurrir a la emisión monetaria del BCV, evitando así presiones inflacionarias. Por el contrario, un salario de esta magnitud genera un potente efecto multiplicador al inyectar liquidez al consumo interno, lo que incrementa la recaudación de impuestos indirectos y retroalimenta de forma orgánica el flujo de caja del Estado.
En definitiva, la defensa de la universidad y de su marco normativo es, en esencia, la defensa del futuro de Venezuela. Por ello, en un entorno internacional de incertidumbre geopolítica, el país debe navegar con su reserva intelectual fortalecida y no pauperizada, transformando la liquidez de base en bienestar real mediante el respeto estricto a la jerarquía normativa, la justicia social y el cumplimiento del mandato constitucional del salario mínimo vital.
Conclusión
En virtud de lo anterior, se colige que Venezuela atraviesa una ventana de oportunidad histórica derivada de la recuperación de su soberanía operativa en el mercado energético. Por ende, este análisis demuestra con rigor que, sobre una base de 60 dólares netos por barril, el flujo de caja nacional ya genera excedentes suficientes para financiar la meta salarial propuesta. Por tanto, no existe justificación técnica ni ética para postergar la dignificación de la fuerza laboral bajo el amparo del artículo 91 constitucional.
No obstante, ante la actual tormenta geopolítica que proyecta precios superiores a los 100 dólares, nuestra Tierra de Gracia se enfrenta al desafío de no reincidir en los errores del pasado. En consecuencia, esta nueva oportunidad debe asumirse en estricta concordancia con la verdadera “siembra del petróleo”: el excedente no debe diluirse en gasto improductivo o discrecionalidad administrativa, sino transformarse en capital humano, en la diversificación y el tejido del aparato productivo, efectivo y sostenido, en la reconstrucción de la infraestructura crítica y la consolidación del sistema axiológico y espiritual del venezolano. De esta manera, la Ingeniería de la Economía Humana es la herramienta para que esta bonanza sea, por fin, el sustento de una reserva intelectual fortalecida y no el velo de una nueva regresión, garantizando que la riqueza del subsuelo se traduzca en el bienestar real y el futuro de toda la nación en pleno.
¡Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará!
Algunas referencias bibliográficas
- Morales, P. (2026, marzo 14). Fracturas del orden global ante la tormenta geopolítica en Oriente Medio. El Nacional. Recuperado de https://www.elnacional.com/author/col-pedromorales/
- Morales, P. (2026, enero). Ideas esenciales para la carrera: Ingeniería de la Economía Humana y los Sistemas Axiológicos. San Cristóbal, Venezuela. Basado en Morales (2025).
- Morales, P. (2025). Modelo teórico de tutoría universitaria para el desarrollo integral del estudiante desde la perspectiva axiológica y espiritual [Trabajo de investigación original].
- Morales, P. (2025, agosto; obra original publicada en 2016). Metodología para enfrentar la crisis salarial universitaria y la desarticulación del «Salario Mínimo Vital» en Venezuela (10.ª ed.).
- Morales Rodríguez, P. J. (2025). PERSPECTIVA ECONÓMICA CONTEMPORÁNEA: La economía venezolana desde la mirada de un economista (Spanish Edition) (Edición Kindle). Amazon Digital Services.
M. Sc. Carolina Casanova
Profesora Agregada de la UNET. Presidenta de APUNET. Representante profesoral ante el Consejo Universitario de la UNET.
Pedro Morales
Economista (ULA). Profesor Titular de la ULA y la UNET. Expresidente de APUNET. Misión eucarística para la liberación espiritual: «Salve, María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera».
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