Opinión
José Armando Santiago Rivera: comprender a Rubio más allá de su historia
lunes 2 noviembre, 2026
Antonio Sánchez Alarcón
La semana pasada leí con alegría e interés la entrevista que Norma Pérez realizó al profesor José Armando Santiago Rivera para Diario La Nación, titulada «Un rechazo forjó al maestro José Armando Santiago». La lectura me llevó a hurgar entre los papeles de mi archivo, ahora digitales, donde encontré un trabajo suyo de extraordinario valor sociohistórico: “Rubio: la geohistoria de una comunidad”, publicado en 2007.
El hallazgo me permitió reencontrarme con una investigación que merece mayor reconocimiento entre los rubienses. No se trata de otra crónica sobre personajes y acontecimientos, sino de un esfuerzo sistemático por explicar las condiciones materiales, económicas y sociales que hicieron posible la formación y transformación de nuestra ciudad.
Santiago Rivera estudia a Rubio como una realidad histórica construida. Su análisis distingue dos grandes etapas: la agropecuaria y rural, sustentada en la producción cafetalera, y la petrolera y urbana, determinada por los cambios estructurales de la economía venezolana.
El mérito de su investigación consiste en demostrar que las ciudades no surgen exclusivamente de la voluntad de sus fundadores ni se desarrollan por una supuesta vocación natural de progreso. Son resultado de relaciones concretas entre territorio, trabajo, propiedad, comercio, instituciones y poder político.
El café no solamente produjo riqueza. Organizó caminos, haciendas, asentamientos y relaciones sociales. Posteriormente, la economía petrolera modificó aquella estructura, estimuló la expansión urbana y trasladó hacia el Estado decisiones anteriormente vinculadas con los poderes económicos locales.
Cabe, sin embargo, una observación crítica. Aunque el autor atribuye particular importancia al capitalismo internacional, la historia de Rubio tampoco puede reducirse a determinaciones externas. Sus habitantes, productores, trabajadores e instituciones participaron activamente en la construcción de esa realidad. Las estructuras condicionan la acción humana, pero no la sustituyen.
Precisamente allí reside el valor de una investigación rigurosa: sus explicaciones pueden discutirse, contrastarse y ampliarse.
Resulta significativo que el profesor Santiago Rivera reconozca entre las motivaciones de su trabajo las preguntas de sus alumnos. Quienes pasamos por su cátedra de Geografía Económica en el Liceo Carlos Rangel Lamus recordamos aquel rigor metodológico que nos enseñó a buscar explicaciones donde otros apenas veían datos. La investigación y la enseñanza nunca estuvieron separadas en su magisterio.
Su obra, enriquecida con diecinueve mapas, constituye una referencia para comprender el pasado y examinar críticamente los problemas actuales de Rubio.
Reconocer al profesor Santiago Rivera significa algo más que celebrar su trayectoria académica. Significa valorar el conocimiento que ha producido sobre nuestra ciudad.
Porque Rubio necesita conservar su memoria, ciertamente. Pero necesita, sobre todo, comprender su historia para decidir con mayor inteligencia su futuro.
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