Opinión
Junta de transición con alma social: salario, educación y país
domingo 18 octubre, 2026
Pedro Morales- Omar Pérez Díaz
El reciente y valiente pronunciamiento presentado ante la representación diplomática de los Estados Unidos —y dirigido a la administración del presidente Donald Trump— por la magistrada emérita Dra. Blanca Rosa Mármol, en representación de sectores ciudadanos organizados, constituye un hito de interpelación cívica. Su llamado categórico a superar los mandatos fenecidos y a articular una salida estrictamente constitucional a través de asambleas ciudadanas y una Junta de Gobierno transitoria para convocar elecciones libres sintoniza con el anhelo de justicia de una inmensa mayoría. Respaldamos con absoluta hidalguía esta iniciativa y el derecho soberano de nuestro pueblo a decidir su destino.
No obstante, al analizar con rigor el contenido de este tipo de planteamientos y la dinámica de las conversaciones que se promueven en los círculos de poder internacional, es imperativo advertir un vacío estructural que se corre el riesgo de repetir. Enfoques tradicionales —como los evaluados históricamente por actores de la política exterior estadounidense, incluido el secretario de Estado Marco Rubio— suelen concebir la transición bajo un reduccionismo peligroso: limitar el cambio a un reordenamiento de cúpulas, a la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) y a la ejecución de comicios en plazos perentorios.
Más allá de los valiosos esfuerzos iniciales, y reconociendo plenamente la alta reserva moral y ética que encabezan estas destacadas personalidades, se apela con visión de estadista a la necesidad de ampliar el radio de convergencia nacional, integrando de manera plural la experiencia viva, el testimonio de vida y el profundo aporte de las regiones y del saber universitario, superando los esquemas de aislamiento para construir un consenso realmente inclusivo y sustentado en las necesidades vitales del pueblo.
En este sentido, pretender que la reconstrucción de Venezuela se agota en la restitución de la arquitectura formal del Estado, omitiendo la catástrofe que devora a la sociedad, constituye un error de cálculo imperdonable. Por ello, es un deber patriótico sugerir a los promotores de esta iniciativa que su petición formal ante la administración estadounidense incorpore con la misma centralidad los siguientes pilares ineludibles:
1. El rescate del salario y del tejido humano frente a la asfixia
Ninguna Junta de Gobierno ni proceso de transición podrá estabilizar a la nación si nace de espaldas a la tragedia social. La sociedad venezolana padece desde hace más de una década un cataclismo socioeconómico endógeno e inducido que pulverizó el poder adquisitivo de la familia trabajadora. Hoy, el salario mínimo vital y las pensiones se encuentran reducidos a una fracción marginal que vulnera frontalmente el artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, condenando al ciudadano a una indigencia que destruye su salud, su nutrición y su vida. La estabilidad monetaria y social exige ineludiblemente la restitución científica y justa de la remuneración del trabajo.
2. La educación, la universidad y los valores fundamentales como ejes de la reconstrucción
Asimismo, cualquier ruta transitoria que se dialogue con la comunidad internacional debe contemplar la recuperación integral de todo el sistema educativo nacional, entendiendo que la fortaleza de la educación superior descansa ineludiblemente sobre la solidez con la que se prepare a las nuevas generaciones desde las escuelas y liceos. El desfinanciamiento sistemático y la asfixia presupuestaria de todo el aparato educativo representan una herida profunda en la reserva moral de la nación. En este ámbito, la universidad no es solo infraestructura; es la comunidad espiritual encargada de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre. Ignorar su quiebra patrimonial y salarial —junto a la de todo el sistema de enseñanza— en los planes de reconstrucción equivale a amputar el cerebro y la brújula ética de la patria.
Consideración final
Respaldamos firmemente el esfuerzo del grupo de la Dra. Mármol al apelar a la soberanía popular. Con el mismo espíritu constructivo, exhortamos a que la propuesta elevada ante la administración de los Estados Unidos trascienda la mera coyuntura electoral. Es imperativo integrar un plan de emergencia salarial indexado a la canasta básica —sustentado en la propuesta metodológica salarial con más de una década de desarrollo y en estricto cumplimiento del artículo 91 de la Constitución—, así como un plan integral de reconstrucción universitaria (PIRU), ambos frutos de una sólida trayectoria de investigación al servicio de la nación. Solo cuando la libertad política camine indisolublemente unida a la justicia social, a la dignidad del trabajo y al rescate de nuestros valores fundamentales, Venezuela alcanzará su redención definitiva.
«Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.»
Dr. Omar Pérez Díaz *
Profesor Titular ULA | Decano Vicerrector de la ULA Táchira
[email protected] | Instagram: @ulatachira.reporta
Pedro Morales*
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET. Expresidente de APUNET
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»
[email protected] | Instagram: @tipseconomic












