Opinión
La arquitectura del pensamiento científico
lunes 19 enero, 2026
Hogan Vega y Dorli Silva
La arquitectura del pensamiento científico es un planteamiento fascinante y muy riguroso: Cómo nuestras creencias más profundas sobre qué es lo real (ontología) y cómo conocemos (gnoseología) dictan el método que seguimos para investigar y, al cruzar estas dos dimensiones, la fuente del conocimiento y la naturaleza de la realidad. De allí podemos generar una matriz que define los enfoques epistemológicos. Este marco es vital porque ninguna investigación es neutra; todas parten de un compromiso previo con una de estas posturas.
El cruce entre el eje ontológico (idealismo versus realismo) y el eje gnoseológico (empirismo versus racionalismo) nos ofrece las convicciones acerca de las relaciones que el sujeto investigador tiene con la realidad, y de ahí que se pueda observar dos formas de valorar dichas relaciones, estas basadas en el idealismo y realismo. Por lo tanto, el cruce de estas dos variables nos permite visualizar cuatro enfoques epistemológicos que nos permiten manejar los marcos presuposicionales (o epistemológicos) conocidos como sistemas de creencias, supuestos fundamentales y cosmovisiones que guían cómo pensamos, conocemos e interpretamos la realidad y la investigación, estableciendo qué se considera conocimiento válido y cómo se construye, influyendo en la metodología y las perspectivas teóricas en campos como la ciencia y la filosofía. Funcionan como filtros invisibles, determinando las preguntas que hacemos y las respuestas que aceptamos, y se manifiestan en la ciencia (supuestos sobre la capacidad de conocer) o en la mediación (preguntas que orientan al futuro) de una investigación científica, desde los cuales se conciben, desarrollan y evalúan los procesos científicos, así como también las tendencias en la evolución de la epistemología.
En otras palabras, la importancia en la investigación científica al manejar los marcos presuposicionales nos permite: Concebir, es determinar qué problemas son dignos de estudio; desarrollar, es elegir la metodología (cualitativa, cuantitativa o compleja); evaluar, para definir qué criterios de validez se aplicarán (¿es la verdad una correspondencia con los hechos o un consenso entre sujetos?). Al mismo tiempo, la evolución de la epistemología sugiere que no estamos ante compartimentos estancos, término que se usa metafóricamente para referirse a aspectos aislados de la mente o la vida personal, como un método para vivir el presente de forma compartimentada, por otra parte, es una transición hacia la transcomplejidad, donde se intentan integrar estas visiones para abordar realidades multidimensionales.
Asimismo, el cruce entre las variables nos permite visualizar los cuatro enfoques resultantes, iniciando con el enfoque empírico-realista, aquí el investigador busca patrones en la experiencia sensible. Es el fundamento del positivismo clásico. Aquí se cree que la realidad es una entidad física, externa y regida por leyes naturales, y que la única forma de acceder a ella es mediante la observación sensorial directa y la experimentación. Con una visión de que la realidad existe independientemente de si el científico la estudia o no. El método, es la inducción controlada (de casos particulares a leyes generales). Se prioriza lo cuantitativo y la medición precisa. El objetivo es descubrir las leyes universales que gobiernan el mundo físico. El segundo enfoque es empírico-idealista, a primera vista parece contradictorio, pero es la base de muchas corrientes fenomenológicas y constructivistas. Aquí, aunque se valora la experiencia (empirismo), se reconoce que lo que percibimos no es la “cosa en sí”, sino cómo nuestra conciencia interpreta esa experiencia (idealismo) con una visión de la realidad en la construcción social o subjetiva basada en las vivencias compartidas. El método es la introspección y descripción de significados. Se busca entender el “mundo vivido” de los sujetos. El objetivo es comprender cómo los seres humanos dan sentido a su realidad a través de la experiencia sensible y emocional.
En tercer lugar, tenemos el enfoque racional-idealista, el cual considera que el conocimiento está mediado por estructuras de poder y procesos históricos con la interpretación de libros, lenguaje amplio. Es el terreno de la teoría crítica, el estructuralismo y la dialéctica. Se sostiene que la realidad es una estructura de ideas, símbolos o relaciones de poder (idealismo) y que solo mediante el ejercicio de la razón pura y la reflexión crítica podemos desvelar su esencia con una visión de la realidad que vemos a menudo en una apariencia creada por estructuras ideológicas o culturales. El método, es el crítico-reflexivo, que analiza la lógica interna de los sistemas de pensamiento y las estructuras sociales con el objetivo de transformar la realidad mediante la crítica de las ideas y la toma de conciencia racional.
El cuarto enfoque es el racional-realista, se asume que la realidad funciona bajo leyes lógicas, donde el conocimiento no empieza en el dato, sino en la teoría (conjeturas). Se diseñan modelos abstractos, sistemas lógicos, matemáticas que luego se contrastan con la realidad para ser falsados o corroborados mediante la deducción controlada. Este enfoque es propio del racionalismo crítico (como el de Karl Popper), donde se acepta que hay una realidad objetiva (realismo), pero se desconfía de los sentidos porque pueden engañarnos. Por lo tanto, el conocimiento debe comenzar con la construcción de modelos mentales y teorías lógicas con una visión de la realidad donde se tiene una estructura matemática o lógica que puede ser descifrada por la razón. El método es deductivo (de la teoría a la comprobación). Se crean hipótesis abstractas y luego se intentan falsar o contrastar con la realidad con el objetivo de explicar los mecanismos subyacentes de la realidad mediante teorías robustas.
En consecuencia, hagamos un ejercicio, donde nos imaginamos que queremos investigar el rendimiento académico de los estudiantes universitarios desde la perspectiva de los cuatro enfoques epistemológicos, de ahí que, iniciamos por estudiar el enfoque empirista-realista, desde esta postura, el investigador ve la educación como un sistema de variables medibles, donde el conocimiento proviene de la observación externa de hechos concretos y, por tal razón, vemos el problema de la siguiente forma: “¿Qué factores socioeconómicos predicen el promedio de calificaciones?” Metodología: al aplicar encuestas estandarizadas y analizar correlaciones estadísticas entre el ingreso familiar y las notas finales, tenemos como resultado, el siguiente informe estadístico que demuestra que, a mayor ingreso, mayor es el rendimiento, buscando leyes generales aplicables a toda la población universitaria.
En segundo lugar, lo analizamos con el enfoque empirista-idealista (la vivencia subjetiva).
Aquí, el investigador no busca el dato, sino la experiencia. Se entiende que la realidad educativa es lo que los estudiantes sienten y perciben en su conciencia, donde el problema se expresa: “¿Cómo experimentan el estrés los estudiantes de medicina durante su primer año?” La metodología, son las entrevistas en profundidad y grupos focales. El investigador se sumerge en los relatos de los estudiantes para captar sus sensaciones y miedos, con el resultado de una descripción detallada de los significados que los estudiantes le otorgan al éxito y al fracaso, reconociendo que cada vivencia es una realidad única.
En tercer lugar, lo abordamos desde el enfoque racionalista-realista (la estructura lógica).
En este caso, no se empieza contando notas (empirismo), sino diseñando una teoría o modelo lógico de cómo debería funcionar el aprendizaje, y se asume que el cerebro tiene una estructura real que debemos modelar racionalmente, y el problema que se presenta es el siguiente: “Validación de un modelo pedagógico basado en el aprendizaje por competencias.” La metodología, se basa en un diseño de un modelo teórico (hipótesis) basado en la neurociencia. Luego, se aplica en un aula y se observa si el comportamiento de los estudiantes se ajusta a lo que la teoría predijo, con el resultado, de la confirmación o refutación de la teoría pedagógica. Si los estudiantes no aprenden, se asume que la teoría debe ser ajustada lógicamente.
En cuarto lugar, lo estudiamos mediante el enfoque racionalista-idealista (la crítica transformadora), ya que este enfoque no quiere describir el mundo, sino denunciar las estructuras de poder que lo sostienen, donde la educación es vista como un espacio de ideologías en conflicto, para ver el problema: “¿De qué manera el currículo universitario refuerza la desigualdad de género y la hegemonía cultural?” La metodología, es el análisis del discurso de los programas de estudio y de las políticas universitarias, donde se busca “desenmascarar” lo que no es evidente a simple vista, con el resultado de una propuesta de cambio curricular que busca la emancipación del estudiante y la transformación de la estructura social de la universidad.
En síntesis, el propósito de la arquitectura del pensamiento científico es mostrarles a los estudiantes y los nuevos investigadores que la investigación no comienza con el procedimiento metodológico, sino que, al realizarla, es importante iniciar por reconocer que en el campo del saber científico existe una rama del conocimiento dedicada a la reflexión sobre la ciencia misma o sobre su producto, es decir, el conocimiento científico. Aristóteles decía: “Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos”.










