Skip to main content Skip to footer
  • Inicio
  • Política
  • Regional
  • Frontera
  • Nacional
  • Internacional
  • Opinión
  • Legales
  • Obituarios
  • Sucesos
  • Deportes
  • +Sec
    • Clasificados
    • Cosas del Mundo
    • Compilado Musical
    • Cultura
    • Economía
    • Farándula y Espectáculos
    • Flash
    • Infogeneral
    • Noche de Ronda
    • Reportajes y Especiales
    • Tecnología
    • Salud
    • Tachirenses en el mundo
    • Noche de Ronda
    • Obituarios
    • _________
Diario La Nación - Inicio

Buscar en Diario La Nación

La Nación RadioPublicidad
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
ImpresoMiniavisos
  • Inicio
  • Política
  • Regional
  • Frontera
  • Nacional
  • Internacional
  • Opinión
  • Legales
  • Obituarios
  • Sucesos
  • Deportes
  • + sec
    • Clasificados
    • Compilado Musiacal
    • Cosas del Mundo
    • Cultura
    • Economía
    • Farándula y espectáculos
    • Infogeneral
    • Marcas y negocios
    • Noche de Ronda
    • Reportajes y Especiales
    • Salud
    • Tachirenses e el mundo
    • Tecnología
Inicio/Opinión/La crisis del yen japonés y el clamor por la Virgen de los Ángeles

Opinión
La crisis del yen japonés y el clamor por la Virgen de los Ángeles

domingo 2 agosto, 2026

La crisis del yen japonés y el clamor por la Virgen de los Ángeles

Pedro Morales

Parte I: La congruencia del ser humano frente a la incertidumbre

A primera vista, la fría mecánica de las finanzas internacionales y la tibia serenidad de una festividad mariana en los Andes venezolanos podrían parecer dos universos distantes. Sin embargo, en el trasfondo de ambas realidades late una misma preocupación fundamental: la dignidad del ser humano frente a la incertidumbre.

En esta reflexión abordamos, en primer lugar, el impacto terrenal de una economía global desalineada —ejemplificada en el colapso del yen japonés durante este año 2026—, donde la especulación y las distorsiones monetarias terminan por diluir el poder adquisitivo del salario y el esfuerzo de las familias. No obstante, frente a la volatilidad material y la precarización, el ser humano no se agota en las ecuaciones de los bancos centrales; requiere una respuesta axiológica y espiritual que sostenga la esperanza.

El concepto que articula de forma armónica esta lectura es «el clamor». Por un lado, el clamor cotidiano del trabajador, del chofer y del ama de casa que exigen justicia monetaria para que el fruto de su sudor vuelva a valer; por el otro, el clamor histórico que dio origen al nombre de La Grita durante los sismos de 1610, donde la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles emergió como la voz celestial que transforma el grito de angustia en serenidad, consuelo y fe.

Publicar esta lectura hoy, domingo 2 de agosto —en el marco de la festividad patronal gritense de más antigua veneración desde 1579 y preámbulo a las fiestas del Santo Cristo—, brinda un necesario anclaje regional y humano a la ciencia económica. Con ello reafirmamos que la dimensión financiera debe estar siempre al servicio del ser humano y que, ante las tempestades de la economía, la fe pura y la fortaleza familiar constituyen el muro inexpugnable donde el pueblo renueva sus fuerzas.

Parte II: La lección del yen y el valor del trabajo real

La economía moderna suele presentarse envuelta en términos indescifrables: tasas de política real, curvas de rendimiento, operaciones de acarreoy diferenciales cambiarios. Sin embargo, detrás de esa cortina de palabras complejas, la economía no es más que la administración del esfuerzo humano y de los recursos de una sociedad. Lo que ha ocurrido con el yen japonés en 2026 nos ofrece una lección clara sobre lo que sucede cuando las decisiones de política monetaria se distancian de la realidad cotidiana de los trabajadores y de las familias.

Durante varios años, Japón ha experimentado un fenómeno particular: las empresas han aumentado los salarios a un ritmo superior al 5 % anual y el crédito bancario ha crecido con fuerza. En apariencia, una economía donde los sueldos suben y el dinero circula debiera ser sinónimo de bienestar. Sin embargo, la divisa japonesa ha sufrido una depreciación histórica, alcanzando sus niveles más bajos en cuatro décadas frente al dólar y al euro. ¿Cómo se explica que en un país productivo el dinero pierda su valor de manera tan marcada?

La respuesta reside en una distorsión fundamental. El Banco de Japón ha mantenido durante mucho tiempo las tasas de interés en niveles negativos (-0,75 % en términos reales). En términos sencillos, esto significa que la autoridad monetaria abarató el dinero de forma artificial. Cuando el costo del dinero se mantiene tan bajo durante un período prolongado, se genera un incentivo perverso: resulta más lucrativo para los grandes actores financieros pedir prestado en yenes para especular en otros mercados internacionales que invertir en la economía productiva local.

Esta dinámica crea una brecha preocupante entre el trabajo real y el valor del signo monetario. Cuando la moneda se debilita en exceso, los productos e insumos importados se encarecen. En consecuencia, el aumento salarial que el trabajador recibe con esfuerzo termina diluyéndose en los anaqueles por el alza paulatina de los precios. El trabajo, entendido como la fuente legítima de creación de riqueza y dignidad humana, sufre un menoscabo en su poder adquisitivo real.

La situación ha alcanzado un punto tan crítico que hoy los bancos centrales de potencias como Japón, Corea del Sur e India han tenido que salir al mercado a vender masivamente dólares de sus reservas —pagando con dólares para comprar y retirar de circulación su propia moneda, aplicando la ley de oferta y demanda para encarecerla artificialmente— e incluso coordinar «verificaciones de tasas» con la Reserva Federal y el Tesoro de los Estados Unidos. Estas verificaciones de tasas consisten en llamadas directas que hacen las autoridades monetarias de EE. UU. y de Asia a los grandes bancos de Wall Street para consultar la cotización del yen; más que una simple pregunta técnica, esta maniobra funciona como una advertencia diplomática y financiera que demuestra a los especuladores que existen planes conjuntos para intervenir masivamente antes de que los signos monetarios se sigan desplomando.

Esta actuación desesperada de los bancos centrales responde a que estas naciones son altamente dependientes de la importación de petróleo, alimentos y materias primas. Si sus monedas pierden valor de forma acelerada, el costo en dólares de traer dichos insumos se multiplica, generando una devaluación descontrolada que impacta de lleno en los países emergentes y en las economías menos protegidas.

Este fenómeno de contagio y vulnerabilidad se manifiesta en tres fases críticas:

  • Efecto de contagio y huida hacia el refugio: Cuando una moneda fuerte como el yen se desploma de forma acelerada, los mercados financieros globales entran en pánico. Los grandes inversionistas internacionales retiran sus capitales de los países emergentes (Latinoamérica, Asia, África) y los refugian en activos denominados en dólares.
  • Encarecimiento automático del crédito y la deuda: Al huir los capitales, las monedas de los países vulnerables pierden valor automáticamente frente al dólar (se devalúan). Además, como gran parte de la deuda de estas naciones está contratada en dólares, pagar los intereses se vuelve infinitamente más costoso.
  • Pérdida de reservas y vulnerabilidad total: A diferencia de Japón o EE. UU., los países emergentes no poseen colchones ni reservas gigantescas para intervenir en el mercado cambiario. Por ende, la devaluación se vuelve descontrolada, encareciendo la importación de alimentos, medicinas y repuestos básicos.

Los principales perjudicados por esta devaluación son las familias de a pie, los trabajadores y los pequeños productores, quienes ven cómo el sueldo en moneda local se pulveriza frente al aumento inmediato en los precios de la comida, el transporte y los servicios básicos.

Por su parte, Estados Unidos interviene y respalda estas operaciones porque un colapso del yen y de otras divisas clave amenaza con desestabilizar el comercio global, obliga a la venta masiva de activos en Wall Street y encarece el dólar a niveles que perjudican sus propias exportaciones y la estabilidad financiera internacional. Es el equivalente a intentar apagar un fuego arrojándole cubos de agua mientras se mantiene la llave del gas abierta: cuando la política monetaria regala el dinero para estimular el consumo, pero la especulación se fuga al exterior, el costo de los parches financieros termina encareciendo el petróleo y los productos importados que consume el ciudadano común.

Es crucial precisar que Japón no atraviesa una ruina fiscal ni un colapso de su infraestructura. El país conserva fortalezas estructurales envidiables, como un superávit en su cuenta corriente y un importante volumen de activos en el exterior. La casa no se está derrumbando; lo que ha entrado en crisis es el mecanismo mediante el cual se gestiona el valor de la moneda.

Reorganizar esta situación exige restituir la justicia en el sistema económico. «Poner a valer de nuevo el trabajo» implica ajustar la política monetaria para que el dinero vuelva a cumplir sus funciones primordiales: ser un resguardo seguro del ahorro, un medio de intercambio justo y un reflejo fiel del esfuerzo de la gente. Para que una nación mantenga un desarrollo armónico y sostenible, la dimensión financiera debe estar al servicio del ser humano y del trabajo productivo, y nunca por encima de ellos.

Parte III: El faro de la fe y el refugio espiritual ante la incertidumbre

Frente a la volatilidad de los mercados globales y las tensiones socioeconómicas que sacuden a la sociedad actual, la respuesta del ser humano no se agota en las ecuaciones financieras ni en la fría técnica de los bancos centrales. Cuando el panorama exterior amenaza con desintegrar la serenidad de los hogares y devaluar la dignidad del esfuerzo diario, el pueblo creyente encuentra en la trascendencia espiritual el pilar fundamental para sostener su esperanza.

Este domingo 2 de agosto se celebra la festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, la patrona y advocación mariana de más antigua veneración en La Grita, cuya devoción se remonta al año 1579, impulsada por los frailes franciscanos del antiguo convento de Santa Clara. A lo largo de los siglos, la imagen sagrada de la Virgen con el Niño Jesús en brazos —preservada en la histórica iglesia neogótica y coronada canónicamente en 2009— ha representado el regazo materno y la protección divina ante las adversidades históricas y telúricas de la región.

Existe una profunda conexión entre el significado histórico de esta advocación y las inquietudes del mundo contemporáneo. El propio nombre de La Grita proviene del estruendo o clamor registrado durante los primeros años del asentamiento y, de forma dramática, durante el devastador terremoto de 1610. La tradición espiritual ha conservado en su memoria colectiva a la Virgen de los Ángeles como la voz celestial que escuchó ese «clamor» de angustia de su pueblo para transformarlo, mediante coros angelicales, en un canto de serenidad, consuelo y conversión.

Hoy, en medio de la precarización y del ruido generado por la incertidumbre económica, la festividad de Nuestra Señora de los Ángeles actúa como un faro profético que señala la verdadera hoja de ruta para la sociedad: colocar a Dios en el centro del hogar, rescatar la santidad de la vida familiar y asumir la oración perseverante como la mayor fortaleza contra el desánimo. Funciona, además, como el preámbulo espiritual que prepara el corazón del pueblo para las veneradas fiestas del Santo Cristo de La Grita.

La devoción a María Santísima nos recuerda que el esfuerzo del trabajador que procura el pan con el sudor de su frente no camina huérfano. «Poner a valer de nuevo el trabajo» no es solo una exigencia de justicia económica terrenal, sino un imperativo ético y espiritual que reconoce en la labor humana un reflejo de la dignidad concedida por el Creador. Frente a las tormentas de la economía financiera, la fe pura y la unidad en la oración constituyen ese muro de bronce inexpugnable que renueva las fuerzas del alma, sustentados en la convicción inquebrantable de que, al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.

Lectura complementaria:

Morales Rodríguez, P. J. (2026, 1 de agosto). Ante el 1 de agosto en Venezuela, diálogo sí, pero ¿dónde están los reales? El Nacional. https://bitlysdowssl-aws.com/columnas/2026/08/ante-el-1-de-agosto-en-venezuela-dialogo-si-pero-donde-estan-los-reales/

Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
“Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera”

[email protected] |  [email protected]  | WhatsApp: +58 4168735028

Destacados

Atentado en Cúcuta deja varios heridos

Fabio Castañeda consigue sendos triunfos en Celendín y Lámpa

El Tour Internacional Menor Andina 91.9 FM se disputará del 21 al 23 de agosto

Alejandro Barragán tomará la alternativa en la Feria de Tovar 2026

Camacho: “Queremos comenzar el Clausura pisando fuerte”

Mbappé y Barcola tumban a una buena Senegal

Diario La Nación reabre las inscripciones de la Quiniela Instagol con quinielas por fases

“No suelto mis dólares»: venezolanos se aferran a una moneda que cada vez se ve menos en la calle

Cruzaba frontera con 49 fajos de bolívares fuera de circulación

Diario La Nación

Editorial Torbes CA
J-070059680

Miniavisos

Edición Impresa

Mapa del sitio

Política de privacidad

Sobre Nosotros