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Inicio/Opinión/La dignidad humana como fundamento de la paz y la justicia laboral universitaria

Opinión
La dignidad humana como fundamento de la paz y la justicia laboral universitaria

domingo 26 abril, 2026

La dignidad humana como fundamento de la paz y la justicia laboral universitaria

Pedro Morales /Omar Pérez Díaz *

Introducción

 El presente análisis se adentra en la intersección vital donde la justicia social y la espiritualidad convergen para refundar la esperanza nacional. En un contexto de profunda fragmentación, proponemos una visión de la universidad no solo como centro de saber, sino como garante de la dignidad humana. A través de un diálogo transdisciplinario que amalgama la doctrina social emanada del magisterio de León XIV con las premisas científicas de los Premios Nobel de Economía —Stiglitz, Ostrom, Sen y Kahneman—, se articula una propuesta donde la paz no es un concepto abstracto, sino el resultado tangible de una gestión institucional volcada hacia el reconocimiento del valor infinito de la persona.

En este marco de referencia, donde la espiritualidad y la ciencia convergen en un solo propósito de país, es preciso desglosar los pilares operativos de nuestra propuesta:

La universidad venezolana se erige hoy como el baluarte fundamental de una cultura de paz. En un tiempo que exige grandeza ética y compromiso histórico, la institución académica no puede ser un espectador pasivo; debe ser el epicentro donde se fragüe la unidad nacional. Es así como asume el rol de un «hospital de campaña» —una institución que abandona la quietud del escritorio para sanar las heridas sociales en el terreno mismo de los hechos— y actúa como un «auditor espiritual» que ejerce una vigilancia ética y exige transparencia frente a la opacidad de la injusticia (León XIV, 2026).

Partiendo de esta premisa, es imperativo reconocer que nuestra misión trasciende la instrucción técnica para convertirse en un llamado a la concordia y al diálogo, asumiendo que esta voluntad de paz no es una declaración retórica, sino una línea estratégica fundamentada en la justicia laboral. Al respecto, Stiglitz (2012) afirma de manera literal que «los mercados no existen en el vacío, sino que están configurados por normas y leyes» (p. 15), subrayando que una sociedad donde se ignora la equidad laboral termina por erosionar su propio capital social y su estabilidad política.

Para que esta unidad sea sostenible, es imperativo que la universidad materialice sus ideales a través de un acompañamiento transformador que reconozca al ser humano en su sagrada multidimensionalidad. Deje la mirada de la trascendencia, comprendemos que el escenario único ante los ojos de Dios es la dignidad del ser humano, a quien debemos reconocer como un «diamante humano» cuyo valor intrínseco es incalculable y superior a cualquier lógica extractiva o mercantil (León XIV, 2026).

Esta concepción del valor humano encuentra su correlato jurídico en el artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999). Este precepto consagra el salario mínimo vital como garantía de una vida digna, lo que nos sitúa en la ruta de Ostrom (2009), quien sostiene afirma que «los individuos que participan en el diseño de las reglas operativas y las perciben como legítimas tienen más probabilidades de cumplirlas voluntariamente» (p. 101). Bajo esta lógica, la paz institucional no emana de la imposición, sino del reconocimiento recíproco de que las reglas del juego —empezando por una remuneración justa— respetan la dignidad de quienes sostienen el sistema; solo cuando el trabajador se siente incluido en la justicia de la norma, su compromiso con la paz se vuelve un acto de voluntad y no de sumisión.

Desde el ámbito axiológico, respaldamos el ideal de una nación unida mediante la formación en valores permanentes que protejan la integridad de la existencia. La universidad debe formar profesionales con la «naturaleza del incienso», seres que aceptan desgastarse en el servicio (incandescencia) para purificar el entorno y expandir una fragancia de ética pública que beneficie a todos los ciudadanos sin discriminación (León XIV, 2026).

Esta vocación de servicio encuentra su validación estructural conforme al enfoque de las capacidades de Sen (2000), donde el desarrollo se define como un proceso de expansión de libertades. El autor afirma textualmente que «el desarrollo exige la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza y la tiranía» (p. 19); esta ruptura con las cadenas materiales es el preámbulo necesario para que emerja la verdadera justicia, pues la libertad también demanda erradicar «la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas» (p. 19). Al honrar el mandato constitucional y divino de la dignidad, la universidad se transforma en una reserva moral que garantiza la convivencia y evita el deterioro institucional que nace de la inequidad.

Asimismo, la dimensión espiritual dota a este proyecto de país de una profundidad necesaria. La universidad debe ser el espacio que invite al joven al autoconocimiento, pues como indica Kahneman (2012) desde la psicología económica, «el dolor y el ruido están biológicamente programados para ser señales que atraen la atención» (p. 512). Esta alerta biológica nos advierte que el sufrimiento humano no puede ser ignorado por la institución, especialmente cuando «la depresión implica un ciclo autorreforzante de pensamientos miserables. Por lo tanto, no hay adaptación a estas condiciones» (p. 512), sugiriendo que la paz interna y el sentido de propósito requieren un ambiente institucional que valide la dignidad del individuo.

Bajo esta comprensión de la naturaleza humana, se hace evidente que la relación entre la justicia laboral y la paz es dialéctica: la satisfacción de las necesidades básicas permite que el espíritu se eleve hacia propósitos superiores, mediante la «lógica del pan partido», que implica la voluntad de desgastarse y compartirse para alimentar la esperanza colectiva y reconstruir el tejido social desde sus bases (León XIV, 2026), pues un profesional con sentido de trascendencia es un agente de unidad.

En definitiva, la apuesta por una sociedad unida encuentra su mayor fortaleza en esta síntesis donde el respeto a la ley, la rectitud ética y la elevación del espíritu convergen en un «ecumenismo del dolor», constructo que nos llama a validar y respetar el sufrimiento del prójimo como el primer paso indispensable para cualquier proceso de paz duradero (León XIV, 2026).

Es partiendo de esta validación del prójimo que, al asegurar un modelo de gestión que honre la dignidad de cada trabajador, estamos sembrando la verdadera paz nacional. Como concluye Sen (2000) en su visión humanista, «la libertad tiene un valor intrínseco para la vida de la persona» (p. 34); esta autonomía no es un fin aislado, sino el sustrato indispensable sobre el cual se edifica la convivencia ciudadana y el respeto mutuo. En virtud de esta responsabilidad histórica y amparados por tan altos ideales, se confirma que la universidad es la casa donde se vence la sombra de la división a través de la luz de la justicia y la verdad, reafirmando nuestro compromiso inquebrantable con la trascendencia de cada ser humano que hace vida en nuestra amada nación Venezuela.

¡Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará!

Referencias bibliográficas

  • Constitución de la República Bolivariana de Venezuela [Const.]. (1999). Artículo 91. Gaceta Oficial N.º 5.453 (Extraordinaria).
  • Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio (J. Chamorro Mielke, Trad.). Debate. (Obra original publicada en 2011).
  • León XIV. (24 de abril de 2026). Balance y reflexiones del Viaje Apostólico a África. [Registro audiovisual de prensa]. Recuperado de https://youtu.be/LoYp-XMGv08
  • Ostrom, E. (2009). Gobernanza de los comunes: la evolución de las instituciones de acción colectiva. Fondo de Cultura Económica.
  • Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Editorial Planeta.
  • Stiglitz, J. E. (2012). El precio de la desigualdad. Taurus.

Dr. Omar Pérez Díaz
Profesor Titular ULA
Decano Vicerrector  Decano de la ULA Táchira

[email protected]  Instagram: @ulatachira.reporta

Pedro Morales
Profesor Titular ULA – UNET
“Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera”

[email protected]  / Instagrama: @tipseconomic

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