Opinión
La hija de Isaura
miércoles 15 julio, 2026
Néstor Melani Orozco
Como de campanadas la alborada del convento de aquella ciudad, antigua capital política del Táchira, más adentro de los viajeros y eternos peregrinos en la adoración al crucifijo más viejo de la patria. Porque entre reminiscencias existe en el lienzo del “Purgatorio” del pintor Marcos León Mariño de aquel 1916, un ángel elevando las ánimas al cielo.
Hoy en la iglesia de piedra de La Grita, en la hermosa presencia de los credos eternos, donde el maestro por voluntad de la poetisa Isaura, encargando una alegoría donde posó para el artista la hija hermosa de 16 años, Ana Mireya Olivares Melani, con los sueños de aquel sentimiento consagrado a la eternidad de la iglesia antigua de los franciscanos. Lo dijo Doña Josefa Melani de Olivares entre los acordes del piano y la hermosa niña de su unión con Don Carlos Olivares, quien había bautizado en Roma Monseñor Jesús Manuel Jáuregui.
Entre las rosas y la eterna pintora madre de la generación de los Baptista Olivares. Porque Ana Mireya se casó con Carlos Enrique Baptista Febres, sobrino de don Tulio Febres Cordero. Como una guitarra de amor y las ventanas del tiempo de ser la prima hermana, eterna de Pepe Melani para invocar dibujos y realizar lienzos como si John Constable describiera los paisajes inmensos de las ternuras de aquella ciudad de La Grita vieja.
Entre brumas de la niebla y la perpetuidad andina de pintar con las eternidades. Fue de decirlo en la casona donde compartió Don Udon Pérez ese mismo año 1916 componiendo el himno de los zulianos en La Grita de voces y encantos y de Rafael Pocatera describir sus narrativas entre las memorias de un pueblo y la Venezuela de comienzos del siglo XX. Como de las descripciones de Mariano Picón Salas. Anotaciones hermosas qué mostró en sus letras el poeta y jurista Teodoro Gutiérrez. Calderón para el Anuario el Instituto Civil Jáuregui en 1947. Junto a los acordes de cada esperanza y de la pintora conquistando los manifiestos de la heredad italiana. Más cerca de Liborno entre las benditas presencias en las ánforas de aquel Cristo revestido de toda la poesía de un siglo. Como de sus abuelos Doménico Melani Serena y María Teresa Pieruzzini y el dichoso coronel Masferson padre de don Carlos Olivares.
La pintora de la musicalidad junto a la mandolina entre el piano, para invocar a Alexandro Pieruzzini, el tío de la toscana que había sido primer violín de la filarmónica de Giussepe Verdi, dicho en los testimonios por Antonino Amérigo Melani en la fiesta de los músicos frente a Eloy Galaviz en San Cristobal en 1899 donde se componía el Primer Himno del Estado del Táchira en homenaje al triunfo de los andinos de Cipriano Castro. Interesante canto que fue ocultado por el otro canto desde 1913. Y en la labor de historiador y académico Don Horacio Moreno rescató cono testimonio de las edades musicales del Táchira. Mas de la hija de Isaura en las descripciones en Tovar por Itala Melani Pieruzzini cuando recordaba su herencia de la Isla de Elba y bendecía a su sobrina, hija de su hermana Josefa Catalina. Y desde la casona gritense donde 27 años atrás José Gregorio Hernández ejecutó a Vivaldi y de multitudes a José Ángel Lamas con las flores del jardín del convento en La Grita de 1889, memorias de Mons. Mons. Jáuregui y la campana de la historia de amor de Lucía Serena la misma vivida e inspiración en la novela de Emilio Constantino Guerrero. En 1904. Ana Mireya, madre del inmenso artista venezolano Hugo Baptista. El único tachirense en representar a nuestra patria en la Bienal de Venecia de 1959. Quien, al ganar el Premio Arturo Michelena en 1958, ella fue a recibir el galardón porque su hijo estudiaba en la Universidad de La Sorbona de París. Entre las logias de un sueño y la eterna presencia de los libros del mundo. Cuántas palabras de Doña Ana Mireya escuchamos en el edificio “Melody” de Chacao de aquella Caracas de 1969, donde recibió el nombre de “La Abuelita Pintora” exponiendo en la Galería de Arte de la Torre Capriles.
De recordar su amistad con Lastenia Tello de Michelena, esposa del pintor neoclásico venezolano en La Pastora. -lo narro-. Quien en su amistad le regaló un abanico decorado por el inmenso artista Arturo Michelena. Ana Mireya la divina hija de Isaura, doña Josefa Melani de Olivares. La consagrada madre y la inmensa mentora de la poesía en los Andes. Siempre fue Ana Mireya, admiradora de La Grita, su ciudad natal, y siempre en cada reminiscencia con un mundo de grandes verdades.
Falleció un 11 de septiembre de 1981. En San Cristóbal. Habiendo nacido un día de Santa Ana de 1900. Junto a las flores de la casona de la poesía y los eternos testimonios de un siglo. La Casona de la hija e Isaura la adquirió el Padre José Teodosio Sandoval para convertirla en la casa parroquial de Los Ángeles. Y desojando los colores de un mundo, el ángel aun en aquel lienzo va volando con el alma de las almas de cada recuerdo…
*Artista Nacional. *Maestro Honorario. *Doctor en Arte. *Cronista de La Grita.












