Opinión
La montera del diamante negro
miércoles 21 enero, 2026
César Melani Orozco *
Cuánto de amor y gracia la Feria de San Sebastián entre los acordes de “La Ciudad de La Cordialidad” como la bautizó el poeta Omar Mezza, en la grandeza hoy de la monumental del arquitecto Eduardo Santos Castillo en 1967, a la beatitud de Hugo Domingo Molina, en los portales mágicos de saberes de la fiesta del toro con los encierros de los bravos de casta y la solemnidad de un canto a un bambuco de Hugo Murzi, hasta conseguir de un pasodoble de Chucho Corrales en lo más sublime de la viva poesía. Fue ahora en nuestras meditaciones volver y sentir a través de la negra montera del torero eterno sucesor de Julio Mendoza. Para entender la historia de tantas leyendas.
Regresaba de Francia el poeta Juan Liscano con un cargamento de sueños y sobre los testimonios, sus esencias poéticas. De saberes inmensos, entonces fue invitado por Miguel Otero Silva y Rómulo Gallegos a contemplar una corrida del joven torero Luis Sánchez Olivares en el Nuevo Circo de Caracas, y en plena tarde del ruedo del arquitecto Alexandro Chataing, el poeta gritó de emoción: “Es un Diamante Negro” al contemplar la faena, fue el bautizo del diestro que muy de España se volvía el camino de la puerta de Toledo y muy de Andalucia un traje de luces para su eternidad. Quizás de las aldabas del General Gómez o los destinos poéticos del tiempo.
Ayer, mi hijo, Ing. Pepe Melani, me narró de la venta de la montera, por un coleccionista de Maracay. Me mostraron su imagen, era la bendita esencia de una leyenda, consagrada de aplausos y convertida en una reliquia. Me fui muy adentro de los ojos del silencio y casi pude describir de metáforas a Ignacio Zuloaga con los temples de sus lienzos y entre las ceremonias, para divisar los sueños en los carteles de toros de “Canito” allí, junto a los pétalos de una rosa roja guardada en los misterios. En los besos las mujeres hermosas, en las albas de las noches del vino y en la pureza de “Los Cantes Hondos”…
Dijo en el forro del fonde la montera “Juan Jiménez, Sastre de Toreros. El Prado 12. Madrid, España”. Es encontrar los caminos árabes de cada imagen de las Españas viejas. Es presenciar las voces de las multitudes en los monumentales ruedos de Sevilla, con sus ocres de barro y las eternidades colgadas en los sentidos de las vidas, de Torremolinos con la sangre de Federico García Lorca y de Madrid en los vinos para hacer de la Maestranza de Maracay el más insigne misterio de regresar en silencio para contemplar a Carlos Raúl Villanueva, el arquitecto hablando con el Benemérito de La Mulera, y entre cintas y clamores entender de la virtud torera de Luis Sánchez, “El Diamante Negro” como de la noche las Barajas de los reyes y de las estrellas; la silueta de un casta bramando los siglos en el bronce de la ronda. Quizás de la dinastía de Torre Estrella o de la ganadería Domecq de los Miura.
Ayer divisé la montera del diestro; como si de memorias aún viviera en la solemnidad de Las Ventas y de Andalucia en los besos de una gitana llorando de amor por las eternas promesas. En “La Vara Rota” de Arturo Michelena y de las fotografías consagradas del famoso crítico de arte Alfredo Boulton en las medidas de una plegaria y las astas románticas de aquel hacedor de cien años, casi poético con el significado de ser “El Diamante Negro” el torero bendito de Ocumare del Tuy y quien abrió las puertas en España a la torería de venezolanos para consagrar los hechos de la ceremonia que vivió las culturas y pregonó los tiempos hermosos bajo las notas de grandes carteles ocurridos en los majestuosos pasodobles… Entonces después del adiós aún vive la montera del maestro. Aún tiene el olor de los toros y lleva en su encanto los millones de miles de aplausos, posee las arenas de las plazas y los llantos y nervios de los encierros, viste los paseíllos y se va en una caja de cristal para que algún día de todas las verdades taurinas, se pueda decir por fin, “fue del Diamante Negro”, el hombre torero y siglo de una pasada historia taurina venezolana. Vinieron hoy las eternidades y de una Feria de San Sebastián se pronunciaron los testimonios de la logia sagrada de los toreros.
Mientras de tintas poder escribir las leyendas en las ceremoniales majestades de la Monumental de San Cristóbal con delirios eternos de la poética misión de la fiesta consagrada a los siglos… Para que viva por siempre La Paz…
*Artista Nacional. *Maestro Honorario. *Doctor en Arte. *Presidente de la Comisión Taurina de La Grita. *Cronista de La Grita.










