Opinión
La Parusía: reflexión espiritual y teológica en tiempos de incertidumbre
domingo 16 agosto, 2026
Pedro Morales
En el marco de la festividad central de la Virgen de la Consolación de Táriba, comparto como testimonio vivo de fe y conversión la declamación «María Regina, llena de gracia»: un homenaje hecho oración que nace a los pies de nuestra Santísima Madre.
Ver y escuchar la declamación: https://www.instagram.com/tipseconomic/reel/Db-4hHSSZDE/
En medio de las sacudidas que experimenta el mundo contemporáneo —inestabilidad económica, desórdenes climáticos, terremotos y otros fenómenos naturales, aceleración del ritmo de vida y una palpable crisis de certezas—, surge de forma recurrente una inquietud fundamental: ¿qué significa realmente la Parusía o la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo?
Para abordar esta interrogante con el rigor que exige nuestra época, es imperativo superar dos trampas analíticas: el reduccionismo del positivismo cientificista (que busca verificar lo divino únicamente si se manifiesta como un fenómeno mecánico exterior captado por sentidos o instrumentos) y el dogmatismo literalista (que reduce la promesa divina a un fenómeno puramente exterior y físico, desplazando la exigencia de conversión interior). La Parusía debe comprenderse mediante un marco analítico que aplica, a modo de analogía sistémica, la termodinámica de la conciencia y la física de campos sutiles, situándola en el centro de la batalla entre la entropía (baja vibración y desorden) y la negentropía del Logos —Jesucristo como el Verbo inteligente y Luz de la Creación— (alta vibración y reordenamiento del ser).
La termodinámica espiritual: la masa crítica de baja vibración
La ciencia de sistemas abiertos enseña que cuando un entorno acumula un nivel desbordado de desorden, alcanza un punto de saturación entrópica. En la dimensión de la conciencia humana, la soberbia, el egocentrismo (filautoi), la violencia, la apostasía y la pérdida del amor verdadero no son abstracciones morales; constituyen manifestaciones de baja vibración que inyectan fricción en el tejido sutil del planeta.
Esta acumulación de baja vibración desborda la capacidad de amortiguación de la sociedad y del propio ecosistema. Al saturarse el campo, la naturaleza y las estructuras humanas reaccionan de manera inevitable: los mercados financieros colapsan, los sistemas sociales se polarizan y la Tierra (Gaia) genera descargas mecánicas de energía a través de terremotos, tsunamis y perturbaciones atmosféricas extremas. No se trata de un castigo caprichoso, sino de la respuesta termodinámica del cosmos para expulsar la entropía acumulada.
Durante siglos, la humanidad ha habitado bajo el Tiempo de Gracia (o Tiempo de Misericordia): una ventana de amortiguación maternal donde las consecuencias directas de nuestros errores han sido pausadas para permitir la conversión voluntaria (metanoia). Sin embargo, cuando la sociedad insiste en la apatía, la fe de fachada y la vivencia de un «evangelio a la carta» —aquella religiosidad de conveniencia que prioriza el espectáculo mediático y la costumbre exterior, eludiendo la exigencia de una verdadera conversión moral—, el margen de contención se agota, marcando la transición inminente hacia el Tiempo de la Justicia (el restablecimiento de las leyes de la Creación para restaurar el orden).
La Parusía interior: la Venida de Cristo en la arquitectura del ser
Es en este umbral de transición donde la pregunta sobre la Segunda Venida adquiere su verdadera dimensión. La Parusía no es un evento exterior, tridimensional o mecánico que deba buscarse en el firmamento atmosférico con la actitud del espectador pasivo. Buscar la Venida de Cristo únicamente como un fenómeno físico exterior es un error categorial; el ojo físico y la mente cartesiana solo pueden captar la materia densa.
En la ontología del Logos y la física de la conciencia, la Parusía es, ante todo, un evento ontológico interior: no se trata de un espectáculo visible en las nubes, sino del despertar, la irrupción y la reestructuración profunda de la presencia de Cristo dentro de la propia conciencia humana.
Como lo expresó San Pablo: «¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros?» (2 Corintios 13:5) y «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria» (Colosenses 1:27). La Venida del Señor es la disolución de la baja vibración del ego (la soberbia, el egoísmo y la ceguera espiritual) para permitir que la Sustancia de Cristo gobierne la mente, la voluntad y el espíritu de la persona.
Es precisamente aquí donde se comprende el verdadero sentido del shock ontológico. Un shock ontológico es una sacudida existencial profunda que impacta la realidad física para despertar al alma a la fuerza. Ocurre cuando la sociedad cae en la ceguera de creer que tiene el control de todo: es en ese instante cuando la naturaleza y la historia hablan —sea a través de sismos, pandemias o colapsos financieros— destruyendo en un segundo la falsa seguridad del dinero, la tecnología y el confort. En medio de ese impacto, al revelarse la fragilidad de nuestra condición, las falsas certezas caen y el ser humano se ve obligado a volver la mirada hacia lo trascendente.
Mientras el mundo exterior colapsa bajo este desamparo, la Parusía interior actúa como el polo negentrópico (de orden, coherencia y luz). Quien ha experimentado la Venida de Cristo en su fuero interno posee el campo de serenidad y fe necesario para atravesar el temblor del entorno con una paz que desafía toda lógica humana.
Las profecías paulinas y el protocolo del «resto fiel»
Para comprender las dinámicas espirituales de este umbral, es indispensable acudir a la lucidez diagnóstica de las cartas paulinas. San Pablo no profetizó un colapso fortuito, sino una anatomía precisa de la decadencia moral de los últimos tiempos. En su Segunda Carta a Timoteo advierte que en los días finales «habrá tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avariciosos, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos… que tendrán apariencia de piedad, pero denegarán la eficacia de ella» (2 Timoteo 3:1-5).
Esta descripción encaja con exactitud con la saturación entrópica que observamos hoy: una sociedad dominada por el egocentrismo, el culto a la imagen exterior y la pérdida del respeto a lo sagrado. Más adelante, el Apóstol anticipa el fenómeno del evangelio a la carta al señalar que «vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias» (2 Timoteo 4:3). Es la búsqueda compulsiva de discursos acomodaticios que no exijan arrepentimiento ni transformación interior.
Frente a esta marea de desorden y apostasía, la Segunda Venida exige el despertar del «resto fiel» (cf. Romanos 11:5): aquel grupo consciente de creyentes que no se deja arrastrar por la baja vibración colectiva ni por el espectáculo mediático. El protocolo de este remanente no consiste en el aislamiento ni en la angustia, sino en constituirse como un polo de coherencia, custodia de la verdad y oración constante, capaz de sostener la luz en medio de la sacudida del entorno.
Conclusión: la victoria de la luz en la interioridad
Reflexionar sobre la Parusía desde este marco analítico riguroso nos libera de la especulación sensacionalista y del pánico paralizante. La Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo no es una amenaza de destrucción, sino la promesa del restablecimiento de la armonía divina en la Creación.
El mundo exterior continuará experimentando los dolores de parto que marcan el cierre del Tiempo de Gracia y la entrada definitiva al Tiempo de la Justicia. Las estructuras cimentadas en la baja vibración del egoísmo y la falsedad se consumirán en su propio caos. Sin embargo, para quienes han abierto las puertas de su corazón en la intimidad del ser, la Parusía ya es una realidad viva. La Venida de Cristo se consuma en la interioridad convertida, garantizando que, por encima de las sacudidas de la Tierra y el colapso de la entropía humana, el Reino del Logos prevalecerá y el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.
*Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»
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