Regional
Recuerdos que mantienen viva la creencia.
sábado 15 agosto, 2026
En los alrededores de la Basílica, emprendedores y artesanos ofrecen detalles, rosarios y estampas que permiten a los peregrinos y devotos mantener viva la presencia de la Virgen de la Consolación en su vida cotidiana y llevar promesas a su altar.
Para los comerciantes del sector, su labor es más que un trabajo de temporada; es un legado de fe, testimonio y servicio espiritual. Detrás de cada mostrador hay piezas elaboradas a mano o traídas con esfuerzo para responder a la promesa que un devoto busca cumplir. Camándulas, escapularios, pulseras, franelas y estampitas de la Virgen son los artículos más buscados por los tachirenses, quienes en muchas ocasiones, a través de estos detalles, dan a conocer a la Patrona fuera del país.



María Robles es una vendedora del sector. A sus 67 años cumple casi tres décadas con su emprendimiento de fe. “Tengo 27 años trabajando al frente de mi Virgen. Llegué desde La Grita y aprendí el oficio viendo a una vecina. Estuve tres años con ella, hasta que mi difunto esposo me dijo que yo también podía emprender. Empecé con fe, solo con dos y tres velitas”, recuerda sonriendo.
Hoy en día, elabora con sus propias manos pulseras y estampas con el apoyo indispensable de sus hijas. A la edad en que muchos descansan, ella sigue ahí, de pie, porque su relación con la Virgen va mucho más allá del comercio. A ella le atribuye promesas cumplidas en su salud y, especialmente, en la vida de sus nietas.
“A mí la Virgen me ha cumplido tres promesas de esas que a uno le sacan las lágrimas”, cuenta con la voz quebrada por la emoción. “Mi hija no podía tener bebés, era una muchacha joven y estaba muy triste. Yo me arrodillé ante la Virgencita en el templo, le lloré y le pedí con el alma. A los quince días mi hija quedó embarazada. Ya esa niña va a cumplir 15 años. Y a otra de mis hijas le pasó algo parecido: la niña venía prematura, con alerta de pérdida; ella prometió que, si nacía sana, la llamaría María de la Consolación. Hoy tiene 18 años y está en la universidad”, comentó.




Unos puestos más allá, Ana María Contreras, de 63 años, coincide en que la salud y el sustento diario son una bendición compartida. Con 18 años de labor ininterrumpida vendiendo recuerdos frente al templo, explica que las personas vienen a contar cómo la Virgen curó a alguien enfermo o sanó un tumor, y sienten profundo agradecimiento y devoción.
El legado de la Sra. Ana María trasciende; a su lado se encuentra el toldito de su hija, Dacny Colmenares, quien creció en esa misma plaza. “Mi mamá tiene muchísimos años trabajando aquí. Desde chiquita aprendí a armar los rosarios y los escapularios. Para nosotros esto no es solo un trabajo, es la vida de la familia”.




Dacny Colmenares guarda en su memoria una historia que todavía le pone la piel de gallina. Ocurrió un 14 de agosto, en la víspera de la gran fiesta de la Virgen de la Consolación. Una señora llegó desesperada, llorando con una recién nacida en brazos a la que los médicos prácticamente habían desahuciado. “La mujer entró arrodillada a la iglesia a entregarle la niña a la Virgen, a decirle que si se la iba a llevar no la dejara sufrir. Necesitaban bautizarla de emergencia y buscaron padrinos ahí mismos en la plaza. Mi esposo terminó siendo el padrino de esa niña. Hoy esa muchacha tiene 17 años, está sana y su mamá viene todos los años a darle las gracias a la Consolación. Mi esposo y ella son compadres por un milagro de la Virgen”, asegura.
Maximiliano Barrera es el hijo de Dacny. Con orgullo ayuda en la confección y atención del puesto familiar, representando a una nueva generación que confía plenamente en la Virgen de la Consolación y ha visto un propósito familiar en el negocio que logra el sustento de sus hogares, una herencia de honor y servicio hacia la patrona del Táchira.


En cada pequeño detalle que se intercambia en las inmediaciones del templo queda reflejada una devoción viva, la de un pueblo que no solo venera a su patrona en la iglesia, sino que necesita llevar consigo la certidumbre de su protección. (Olliana González/pasante ULA)
Destacados










