Opinión
La victoria del alma de la ULA Táchira desde la razón, la cercanía y la esperanza
domingo 1 noviembre, 2026
Omar Pérez Díaz -Pedro Morales
En la continuidad del proceso de renovación institucional de la Universidad de los Andes, y ante la proximidad de la jornada electoral del 11 de noviembre —llamada a orientar los destinos generales de nuestra alma máter y definir el rumbo estratégico del Núcleo Táchira—, resulta fundamental ratificar el compromiso histórico de la academia con el saber, la autonomía y la excelencia. En este marco de trascendencia democrática, el Dr. Omar Pérez Díaz, educador, ciudadano y candidato a vicerrector decano, presenta la Segunda parte de su «Manifiesto por la verdad, la dignidad y el porvenir de la ULA Táchira»: una declaración de fe en el porvenir articulada desde la razón, la templanza y la cercanía universitaria, concebida para convocar a la unidad profunda y a la victoria del alma universitaria. Un mensaje que suscribimos con absoluta convicción institucional.
Compañeras y compañeros de esta casa entrañable; obreros que con sus manos sostienen la dignidad de cada rincón, estudiantes que son el latido vivo y la razón de existir de nuestras aulas, profesores y empleados que con coraje y devoción no han dejado apagar la luz del saber:
Si en la primera etapa de este camino afirmamos con voz firme el compromiso sagrado de mantener las puertas abiertas y defender el honor institucional en medio de la tormenta, hoy los convoco a mirar juntos el horizonte. La reconstrucción de nuestra querida universidad no se logra con promesas frías ni con discursos lejanos; se edifica desde el corazón, con el trabajo diario, con la escucha atenta y con una fe inquebrantable en lo que somos capaces de lograr cuando caminamos juntos hacia la excelencia.
Gobernar esta universidad no es mandar ni mirar desde la distancia de un escritorio; es servir, es abrazar y es caminar al lado de cada uno de ustedes. Por eso, el primer paso de nuestra victoria es el gobierno de nuestra propia fuerza interior. Aprendimos a distinguir con serenidad lo que no depende de nosotros de aquello que sí está en nuestras manos. No vamos a malgastar un solo segundo en el lamento estéril o en la queja que paraliza. Toda nuestra energía, nuestro amor y nuestra inteligencia están concentrados en lo que sí podemos transformar: en la calidez de nuestras aulas, en la transparencia de nuestro trabajo, en la mano extendida al compañero y en la defensa apasionada de nuestro derecho a pensar en libertad. Ninguna palabra destructiva, ninguna dificultad material tiene el poder de doblegar el alma de quien sabe que su causa es justa y noble.
Esa misma paz interior nos pide actuar con una sabiduría reflexiva y profunda en cada decisión. Desterramos la prisa, la rabia y las respuestas alocadas que nacen al calor de los momentos difíciles. Cuando la tormenta ruge, la verdadera valentía no es gritar más fuerte, sino hacer una pausa, respirar juntos y permitir que la razón y la justicia guíen nuestros pasos. Las grandes obras de la vida y de la educación no se improvisan con apasionamiento ciego; se construyen con la pausa consciente que nos protege del error y nos asegura que cada paso que demos sea firme, seguro y duradero.
En la administración de los recursos y en el cuidado de la confianza que ustedes nos otorgan, asumimos con rigor un principio de protección y resguardo fundamental. Ante la escasez y las limitaciones que todos sufrimos en carne propia, cada esfuerzo y cada proyecto debe tener una reserva de seguridad que garantice que no se derrumbará ante el primer obstáculo. Cuidamos el valor real de nuestra gente y de nuestra planta física por encima de las apariencias o de las promesas del momento. La transparencia en el manejo de lo que es de todos y la prudencia al actuar no son simples normas de papel; son la muestra más pura de respeto y amor hacia nuestro núcleo y hacia su futuro.
Comprendemos con emoción que esta universidad es una hermosa obra colectiva nacida de la fe mutua. Nuestra casa de estudios no es solo un conjunto de edificios o de trámites; es un pacto de familia, un espacio sagrado donde todos —sin importar la labor que desempeñemos— somos indispensables y valiosos. Rechazamos de plano la soberbia que excluye o los dogmas que dividen. Esta universidad es y seguirá siendo una casa de puertas abiertas, un mar de libertad donde caben todas las ideas nobles, donde se escucha con respeto al que piensa diferente y donde la diversidad nos fortalece como comunidad viva.
Nos alzamos con firmeza y serenidad moral frente a la estridencia de quienes, al quedarse sin proyectos y sin argumentos, pretenden sustituir el debate de ideas por la difamación, la intolerancia y el desprecio hacia la dignidad de las personas. Rechazamos de manera contundente la trampa de la antipolítica y esa estrategia de odio que busca abrir cajas de Pandora para sembrar polarización, resentimiento y desintegración en nuestro templo del saber. Ante el intento de perseguir, intimidar o descalificar a cualquier estudiante, profesor, empleado, obrero o jubilado por el noble hecho de defender una causa o pensar diferente, proclamamos nuestro abrazo fraterno y una solidaridad innegociable: jamás los dejaremos solos. El patrimonio moral de nuestra universidad es sagrado y permanecerá inexpugnable ante la insidia de la coyuntura.
Entendemos que la contienda universitaria es la reserva ética y el espejo en el que debe mirarse la nación. Exigimos una confrontación de altura académica donde la única victoria legítima sea la del argumento riguroso, la propuesta realizable y la elegancia del discurso sobre la argucia o la bajeza de la contienda política. Esta casa que vence las sombras no es un recinto aislado del dolor ni de las esperanzas de nuestra patria; es el faro del pensamiento crítico llamado a acompañar con hidalguía las transformaciones profundas que Venezuela exige para el rescate pleno de la democracia, la libertad y la justicia. Desde el Táchira, con la verdad por delante y el alma encendida, reafirmamos que la universidad es y seguirá siendo el motor invencible de la luz, el progreso y la reconstrucción nacional.
Finalmente, reafirmamos que el verdadero liderazgo es el que se viste de humildad, cercanía y espíritu de servicio. Quien sirve a la universidad debe hablar con la verdad por delante, con la palabra sobria y la mirada transparente, cuidando siempre la dignidad de la institución que nos cobija. Aquietamos el ego y las vanidades personales, porque no hay triunfo individual que valga la pena si no significa la alegría, el bienestar y el progreso de toda nuestra gente. Comprendemos los dolores, las fatigas y los sueños de cada trabajador, de cada muchacho que viene a estudiar con esfuerzo, y ponemos el corazón en hacerles el camino más justo y luminoso.
Hermanas y hermanos de la Universidad de los Andes: no nos mueve la ambición de un cargo, nos mueve la vocación profunda de servirles. Con la frente en alto, con el espíritu encendido, con la administración limpia y con la mano tendida hacia el compañero, sigamos demostrando de qué estamos hechos. ¡Sigamos juntos, manteniendo las aulas abiertas, los corazones unidos y la esperanza victoriosa hacia el porvenir!
¡Viva la Universidad de los Andes!
¡Viva la comunidad universitaria del Táchira!
«Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará».
Dr. Omar Pérez Díaz *
Profesor Titular ULA | Decano Vicerrector de la ULA Táchira
[email protected] | Instagram: @ulatachira.reporta
Pedro Morales. Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET. Expresidente de APUNET *
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»
[email protected] | Instagram: @tipseconomic












