Opinión
Las verdaderas razones de la guerra entre los Estados Unidos e Irán
lunes 25 mayo, 2026
Antonio Sánchez Alarcón
“Irán no puede tener un arma nuclear”. “El estrecho de Ormuz debe permanecer abierto”. Ambas frases parecen principios diplomáticos universales. En realidad son fórmulas de supervivencia estatal. Ningún país las interpreta igual porque ningún Estado piensa desde la moral, sino desde la preservación de su estabilidad y poder.
Para Estados Unidos, impedir una Irán nuclear significa mantener el control estratégico del Golfo Pérsico y evitar que emerja una potencia capaz de desafiar la hegemonía militar norteamericana en Medio Oriente. La preocupación no es únicamente Israel ni la proliferación atómica. El verdadero problema sería perder capacidad de arbitraje sobre la principal región energética del planeta.
Para Irán, en cambio, la frase significa algo distinto: Impedirle alcanzar una capacidad de disuasión suficiente para evitar convertirse en otra Libia o en otro Irak. Desde Teherán, la cuestión nuclear no se interpreta como expansión ideológica sino como garantía de supervivencia frente a enemigos superiores militarmente.
China observa ambas expresiones desde una lógica comercial. Lo esencial para Pekín no es la democracia ni la revolución islámica, sino el flujo estable de petróleo hacia su aparato industrial. Cuando China exige que Ormuz permanezca abierto, lo que realmente está diciendo es que sus fábricas no pueden detenerse.
Rusia interpreta el conflicto como una oportunidad estratégica. Una tensión permanente entre Irán y Occidente desgasta recursos estadounidenses, eleva los precios energéticos y fortalece el peso geopolítico ruso. Moscú no necesita una guerra total ni una Irán derrotada; necesita una crisis administrable.
Europa vive atrapada entre su retórica jurídica y su dependencia energética. Habla de estabilidad internacional mientras teme inflación, escasez y recesión. El problema europeo es que insiste en comportarse como potencia moral en un mundo que ha regresado a la política clásica de corredores marítimos, petróleo y fuerza militar.
Para las monarquías del Golfo, ambas frases son existenciales. Una Irán nuclear alteraría completamente el equilibrio regional. Pero al mismo tiempo, el cierre de Ormuz sería una catástrofe económica para economías construidas alrededor de la exportación de hidrocarburos.
Al final, todos invocan la estabilidad mientras alimentan las tensiones que la amenazan. Porque en política internacional el equilibrio no nace de principios compartidos, sino del miedo común a perder poder, dinero o supervivencia.











