Opinión
Los Guardianes de la Frontera (I): Juan Vicente Gómez y su Innegable Destino Sanantoniense
martes 3 noviembre, 2026
Alexis Balza
Con esta entrega iniciamos un ciclo especial de artículos de opinión que compartiré en este espacio, recorriendo pasajes de la época gomecista y su profunda vinculación con nuestra tierra fronteriza. Este recorrido historiográfico sirve como preámbulo a la presentación de mi nuevo libro, “Los Guardianes de la Frontera: San Antonio del Táchira el feudo sagrado de Juan Vicente Gómez”, que estaremos bautizando el próximo 17 de diciembre en nuestra villa de San Antonio del Táchira. El propósito de esta saga no es mirar el pasado con nostalgia, sino rescatar cómo nuestra sociedad, capaz de levantarse con asombrosa dignidad tras la tragedia del terremoto del 18 de mayo de 1875, se reconstruyó y se estructuró hasta alcanzar altos niveles de desarrollo institucional, económico y cultural. Fue precisamente en la era gomecista cuando aquella comunidad golpeada por el sismo terminó de cicatrizar sus heridas y florecer, gracias al encuentro entre un presidente de entraña tachirense y raíz sanantoniense, y una pléyade de hombres y mujeres de alta formación académica y cívica. Los invito a acompañarme en este necesario viaje por la memoria histórica.
La historia oficial de Venezuela suele acercarse a la figura del General Juan Vicente Gómez (1857-1935) envuelta en las pasiones encontradas del dolor y la represión de sus veintisiete años de hegemonía. Sin embargo, cuando nos adentramos en los repositorios documentales y en la memoria viva de los relatos de mi propia familia, descubrimos que el “Benemérito” no fue un accidente o una fuerza extraña a la geografía nacional, sino un producto criollo y, de manera muy directa, un hijo entrañable de nuestra propia tierra.
Hay facetas y nexos de su biografía que el centralismo capitalino ha querido ignorar, pero que reposan en los archivos del Táchira. Nadie puede seguir sosteniendo la leyenda del analfabetismo o su supuesta procedencia ajena cuando los libros eclesiásticos revelan una verdad: su partida de bautismo reposó en la Parroquia de San Antonio del Táchira. Allí quedó registrada su identidad como hijo legítimo de Pedro Cornelio Gómez y de Hermenegilda Chacón Alarcón. Su nacimiento, ocurrido el 24 de julio de 1857 en El Salado, aldea La Mulera en jurisdicción sanantoniense, selló el talante de un hombre que creció respirando el aire austero, observador y paciente del campo fronterizo.
Gómez estaba emparentado con linajes coloniales de la zona, de la talla del prócer neogranadino Eleuterio García Rovira. Lejos de la ignorancia que le atribuían sus detractores, el joven que comenzó su vida laboral como ayudante de contabilidad en la Casa Cabrera de Cúcuta sabía leer y escribir. Cuando la intelectualidad caraqueña pensó que podía manipular a un campesino andino, el taciturno hacendado terminó envolviéndolos a todos en la red de su autoridad.
Es cierto que el régimen gomecista impuso una dictadura férrea. Pero la ecuanimidad histórica nos exige sopesar los claroscuros. Fue bajo su mandato y apoyándose en mentes ilustradas de origen netamente tachirense, como Román Cárdenas en la Hacienda Pública, Rubén González en la Educación, los generales sanantonienses Tobías Uribe y Félix María Galavís en la Seguridad, y Samuel Darío Maldonado en la Sanidad, que se logró pacificar el país, abolir el caudillismo anárquico, cancelar la totalidad de la deuda externa y construir infraestructuras de integración nacional como la Gran Carretera que conectó a San Antonio con Caracas.
Para los sanantonienses, este período encierra una lección moral e institucional de incalculable valor. San Antonio del Táchira, que había quedado en ruinas tras el sismo de 1875, encontró en las décadas posteriores el cauce para rearmar su tejido social. Gómez no solo impulsó el valor estratégico de la frontera, sino que catalizó la consolidación de una sociedad próspera, donde la visión de Estado coincidió con el talento, la cultura y la vocación de trabajo de los hijos de esta tierra. Estudiar a Juan Vicente Gómez desde nuestra atalaya fronteriza no significa justificar las sombras de su poder, sino mirarnos en un “espejo social”: comprender que San Antonio fue el yunque de resiliencia y capacidad donde se moldeó gran parte del destino de la Venezuela moderna; y es precisamente en las páginas de “Los Guardianes de la Frontera” donde nos proponemos narrar esa historia.












