Opinión
¡Mamá, la nevera huele mal!
sábado 3 octubre, 2026
Carlos Casanova Leal
Es la descomposición de los pocos alimentos en los refrigeradores de los venezolanos. Los comerciantes, carnicerías y farmacias requieren de una cadena de frío y no de medio frío; los que usamos internet, los que necesitan que funcionen sus establecimientos con la electricidad, estamos hoy en apuros.
Esto que para nosotros es un problema, para la revolución es un medio para imponerla, y quiero presentarla desde el lado ideológico que la motiva y, con ello, que usted, apreciado lector tenga plena conciencia de que lo que vivimos estaba planificado para que así viviéramos en el mar de la felicidad socialista, en el racionamiento.
Con esta explicación aspiro que la oposición ubique su enfoque en el tema ideológico y no en un mal gobierno que no sabe hacer las cosas, que abandone la desconexión interpretativa en el hecho cierto de encontrarnos en un modelo de ingeniería social e implicación ideológica absoluta.
La revolución se propone llegar al poder y mantenerse en él, pero elabora sus políticas para evitar que la revolución sea revertida por un nuevo movimiento político que los desplace, logrando que el estado de destrucción nacional sea tal, que un gobierno de forma autónoma no tenga los recursos por sí solos de volver a levantarse; el petróleo se sembró; y por ello, el florecimiento del tiempo de la era democrática, fueron tiempos de construcción de absolutamente todo lo que usted ve, esté en el punto geográfico que esté, gire su cabeza y todo lo que ve fue hecho en democracia; en datos, hoy en revolución hay tres (3) taladros, en democracia setenta (70).
Con este dato se explica mejor: con tres taladros un gobierno democrático no puede gestionar los presupuestos que la nación requiere en justicia, electricidad, agua potable, mantenimiento de infraestructuras, represas, créditos, inversión, salarios, carreteras, autopistas, maestros, docentes, médicos y hospitales… y pare de contar. Solo, un nuevo gobierno no puede; es el caso de Cuba, tienen que empezar desde cero. En Venezuela, ahora se apela a la inversión internacional.
Siempre se señaló que en un país próspero no se podría instalar una revolución socialista al estilo cubano, pero llevar al país rico a la pobreza pasó por la transferencia de los recursos que no le llegaban al país, pero sí a los bolsillos de tantos y tantos funcionarios que se enriquecieron y siguen enriqueciéndose, razón por la cual la corrupción no es perseguida, es consentida, y es por lo que salpicó fuerte a la oposición.
Así el venezolano perdió su condición de clase media, ahora empobrecido, y la gran mayoría de venezolanos sometidos a la nueva tarjeta de racionamiento como es el Clap y el sistema Patria, método de control de pobreza.
He sostenido y sostengo que una gran parte de la dirigencia opositora no entiende el carácter ideológico de esta revolución y sus medios para imponerse, a parte de la calificación del “odio político” para reprimir y encarcelar. Esto es un problema toda vez que la función política es de enseñar, y hay que hacerlo para que no quede duda del éxito que la revolución tiene en su práctica, y aquellos que convinieron con el Gobierno en sus acuerdos, lo que hicieron fue ayudar a montar el modelo socialista.
Esta desconexión política de la oposición radica en abordar un problema de hegemonía e ingeniería de control como si se tratara de un fallo de gestión técnica, pasando por alto que la vulnerabilidad energética de la población ha fortalecido de forma sistemática la capacidad de contención del Estado.
La militarización y politización de las instalaciones del SEN buscó transformar el servicio público en zona de seguridad estratégica del Estado, cambiando la lógica de gestión, el objetivo a la vista deja de ser un servicio y pasa a resguardar el control del sistema como un activo político, de donde la figura del ciudadano con derechos exigibles da lugar a un beneficio administrado discrecionalmente por el Estado, es por ello que la soberanía individual como objeto de la revolución es destruirla, el ciudadano pasa de cliente a dependiente.
El racionamiento no es la solución al fallo imprevisto que el Gobierno quiere y no puede solucionar, la escasez de gasolina (superada después del 2 de enero), los alimentos, la electricidad, el dinero, son mecanismos de dominación y disciplina social, mantiene al ciudadano en la sobrevivencia y no en la movilización sostenida de protesta.
Por ello el sufrimiento del ciudadano no está en la agenda de las asambleas, por una errada interpretación del hecho político.
Cuando el ejercicio pleno de los derechos esté plenamente vigente es cuando diremos “regresamos a la vida republicana y democrática”.
Por esta y muchas incomprensiones más es que no estamos en transición.
Dios con nosotros…










