Opinión
Manifiesto por la verdad, la dignidad y el porvenir de la ULA Táchira
domingo 25 octubre, 2026
Pedro Morales – Omar Pérez Díaz *
En el actual escenario de renovación institucional de la Universidad de los Andes, de cara a la trascendental jornada electoral del próximo 11 de noviembre que definirá la conducción de nuestra alma máter y el rumbo del Núcleo Táchira, resulta fundamental reafirmar el valor de la vocación académica, la templanza y el servicio abnegado que sostienen a diario la vida universitaria. Más que un proceso de elección de autoridades, nos encontramos ante una valiosa oportunidad para ratificar el compromiso histórico de la academia con el saber, la libertad de pensamiento y la excelencia. En este marco, el Dr. Omar Pérez Díaz, en su condición de educador, ciudadano y candidato a vicerrector decano, comparte este Manifiesto como una declaración de fe en el porvenir y un testimonio del compromiso innegociable con la verdad y la autonomía que debe guiar siempre nuestro caminar universitario. Un mensaje que suscribimos con profunda convicción institucional.
Compañeras y compañeros de la casa que vence las sombras:
Hoy no vengo ante ustedes a buscar un aplauso fácil, ni a pedir su confianza con el eco gastado de promesas vacías o discursos de molde. Venimos a hablarle a la conciencia profunda, a la inteligencia vigilante y al alma indómita de una universidad que se obstina en no rendirse. No vengo a fingir lo que no soy ni a maquillar mi historia. Todos conocen mi convicción demócrata y mi trayectoria de vida; asumo mis principios con orgullo, a cara descubierta, sin pertenecer a facciones ni haberme escondido jamás en clubes para negociar a espaldas de la gente. La política universitaria no se trama en las tinieblas de la clandestinidad: se ejerce a plena luz del día, de cara a nuestra comunidad.
Debo recordar con absoluta fidelidad histórica de dónde venimos. Yo no llegué a este vicerrectorado a través del triunfo en una urna electoral; asumí esta alta conducción ejerciendo la coordinación académica, cuando la tragedia y la contingencia nos golpearon con el lamentable fallecimiento del profesor Alfonso Sánchez. No asumí por vanidad de mando ni por ambición de poder, sino por la responsabilidad sagrada de mantener la institución en pie. Nuestra prioridad suprema e innegociable ha sido, es y será mantener las puertas de nuestra universidad abiertas de par en par y sus aulas plenamente operativas. Una universidad en silencio es una derrota para la civilización; un recinto activo es la mayor victoria de la esperanza sobre la crisis.
Sabemos muy bien cuáles son las espinas del camino. En medio de la asfixia, de las carencias presupuestarias y de los sueldos deplorables que sufrimos y contra los cuales batallamos, hemos respondido con hechos reales y verificables. Recibí este núcleo en la penuria de 1.200 estudiantes y hoy albergamos a más de 4.000 alumnos, logrando un crecimiento extraordinario y consolidando una comunidad estudiantil llena de vida y esperanza en nuestras aulas. Ante la realidad de nuestros servicios, aplicamos la nobleza de la progresividad operativa: mientras desde Mérida se realizó la licitación para garantizarnos la solución provisional de las bandejas servidas de alimentación, sostenemos la meta inquebrantable de restituir la dignidad plena de nuestro comedor. Y en materia de transporte, con unidades heroicas que superan los 50 años de servicio, hemos logrado recuperar vehículos para ponerlos en marcha, enfrentando ahora la limitante real de la falta de choferes, pero con la firme certeza de que no nos detendremos.
Ante la adversidad de las carreras críticas como matemáticas o castellano, no nos encogimos de hombros: buscamos soluciones académicas concretas. Concretamos el convenio con la institución Ebenezer para capacitar a sus pastores en educación básica —quienes asumieron con hidalguía el servicio social—; mantenemos viva la sinergia con la Embajada de Francia permitiendo el intercambio y la movilidad de nuestros profesores y estudiantes; y abrimos nuevas fronteras con programas de idiomas junto a los Estados Unidos. Y lo decimos con absoluta transparencia y sin engaños: estamos tocando las puertas de la Embajada de Alemania para proponer e intentar lograr el financiamiento que nos permita recuperar nuestra emisora 106.5 FM, asumiendo además como paso inmediato y complementario la activación y transmisión de nuestra radio a través de la web para conectarnos de inmediato con nuestra comunidad y con el mundo. Es una propuesta clara y un reto de gestión, no un ofrecimiento falso para vender ilusiones.
Por eso, en esta hora crucial, expulsamos con vehemencia la demagogia de nuestro camino. Rechazamos los cantos de sirena y las promesas irrealizables diseñadas para traficar con la esperanza de la gente. La reconstrucción de la Universidad de los Andes no vendrá de la mano de mesías ni de salvadores solitarios; será el fruto del trabajo colectivo, mancomunado y perseverante de profesores, estudiantes, empleados y obreros remando hacia la misma orilla.
En nuestra casa no hay espacio para la exclusión. Proclamamos una acogida irrestricta: todo aquel que traiga en sus manos una idea fértil y en su corazón el deseo sincero de sumar, será recibido sin barreras, sin dogmas y sin prejuicios. Somos los coautores del porvenir, porque el futuro se conquista en el trabajo diario. Hacemos esta convocatoria desde la humildad de quienes miran a los ojos, con la madurez política capaz de tender puentes y superar viejos abismos.
Ponemos por encima de todo la primacía del interés institucional. Ningún egoísmo de grupo, ninguna apetencia personal puede estar por encima del destino de la universidad. Nuestra propuesta es una suma continua de voluntades, un fuego alimentado por un optimismo propositivo que se niega a rendirse ante la oscuridad del desánimo, hasta alcanzar la hermosa unidad en la diversidad.
Proclamamos a los cuatro vientos una universidad profundamente libre y plural. Proscribimos de manera absoluta la censura: este templo de la razón jamás volverá a ser espacio para vetos ideológicos, políticos o teológicos. La universidad es, por esencia, amplitud y mar abierto al debate riguroso del saber; es una ignorancia atrevida pretender erigir cercos o muros de exclusión contra quienes piensen diferente.
Rechazamos de manera contundente que se pretenda administrar la universidad como una parcela particular con criterio político desde un escritorio decanal. Del mismo modo, alzamos la voz con la verdad financiera en la mano: denunciamos la centralización administrativa ejercida desde Mérida, donde los ingresos de posgrado van a Corpoula y los derechos de concurso van al Parque Tecnológico, exigiendo una descentralización justa que le devuelva la fuerza operativa a nuestro núcleo.
Gobernar la universidad no es mandar; es servir. Por eso desterramos la arrogancia del poder y la soberbia de los cargos directivos, abrazando la prudencia y la capacidad de escucha. Porque entendemos una verdad eterna: la soberanía radica únicamente en la comunidad universitaria. Son los estudiantes, profesores, egresados y trabajadores los únicos dueños de su destino, llamados a decidir con voto libre el rumbo de su casa de estudios.
Nos presentamos ante el juicio de la historia promoviendo una contienda democrática de altura. Aceptamos y exigimos el debate público, la confrontación de ideas cara a cara; pero rechazamos con indignación que la contienda electoral se convierta en una gallera, en un circo de descalificaciones personales, mentiras y engaños. La universidad es la reserva moral de la nación.
Por ello, exigimos escenarios independientes, medios plurales e imprentas imparciales para que la comunidad juzgue la solidez de las propuestas sin sesgos ni manipulaciones. Exigimos la responsabilidad directiva de dar la cara: que los candidatos principales asumamos la voz directamente ante la gente, exponiendo proyectos viables sin escondernos tras las planchas ni escudarnos en terceros.
Respetamos cada etapa del proceso con rigor institucional, ennobleciendo el lenguaje y elevando el discurso. Nuestra bandera es la claridad de un modelo de gestión realizable, guiado por la fuerza ética de la verdad y la victoria del argumento sobre la agresión.
Comunidad universitaria: en el centro de cada aula, de cada laboratorio y de cada decisión política, está la santidad de la persona humana. Asumimos este reto desde la corresponsabilidad democrática, encendiendo el pensamiento crítico para formar mentes libres e indomables.
Perseveraremos en la tormenta sin permitir que la penuria material quiebre el orgullo de nuestra estirpe. Administraremos la confianza pública con absoluta transparencia, persiguiendo sin tregua la excelencia académica, porque la escasez jamás será excusa para degradar o empobrecer el saber.
Reafirmamos nuestro compromiso transformador con el Táchira y con Venezuela, y levantamos bien alto la bandera innegociable de la autonomía moral e institucional, como el baluarte supremo que mantendrá erguida a la Universidad de los Andes.
Compañeras y compañeros: con la verdad por delante, la frente en alto y el trabajo de cada día, ¡mantengamos las aulas abiertas, el pensamiento libre y el alma encendida hacia la excelencia! ¡Viva la Universidad de los Andes!
«Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará».
*Dr. Omar Pérez Díaz
Profesor Titular ULA | Decano Vicerrector de la ULA Táchira
[email protected] | Instagram: @ulatachira.reporta
* Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET. Expresidente de APUNET
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»
[email protected] | Instagram: @tipseconomic
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