Opinión
Mes de la Historia Sanantoniense (Entrega II de IV)
martes 6 octubre, 2026
San Antonio: El latido generoso donde nació el nombre de todos
Alexis Balza
Hay verdades históricas que cincelan el alma de un pueblo, y pocas hay tan luminosas y fundacionales para los sanantonienses como el origen de nuestro gentilicio. San Antonio del Táchira jamás ha sido una simple comarca aislada en la línea limítrofe; es, por derecho propio, la cuna indiscutible de la tachirensidad. Fue precisamente nuestro suelo el que, en un acto de hondo desprendimiento cívico y visión republicana, cedió su denominación primigenia para bautizar y unificar a toda la provincia andina en el año 1856.
Tuvimos el privilegio en el año 2001, en ocasión de discutir y aprobar la Constitución del estado Táchira de ese año que hoy rige, de examinar de primera mano, en los folios amarillentos y frágiles de las actas originales del Congreso de la República correspondientes a aquella sesión de marzo de 1856, un testimonio conmovedor: cómo el antiguo Cantón de San Antonio —entonces poseedor legítimo del histórico nombre de Cantón Táchira— renunció a la exclusividad de su denominación para cohesionar la identidad de toda la región. Gracias a ello, hoy llevamos con el pecho erguido el orgullo sagrado de ser llamados tachirenses, desarticulando cualquier intento de la historia oficial por relegar nuestra memoria a un segundo plano.
Esa misma estirpe de grandeza no es un hecho aislado; atraviesa los siglos como un hilo conductor de valor y sacrificio. Es la misma madera histórica que sintonizó con la clarividente rebelión de Los Comuneros, levantándose con firmeza contra las cargas y abusos coloniales; la que aportó sangre, temple y convicción libertaria a través de la figura ilustre de Antonio María Pérez del Real en la gesta emancipadora; y la que sirvió de base estratégica y territorio de paso imprescindible al Libertador Simón Bolívar en el arranque de la gloriosa Campaña Admirable.
Y es también ese mismo espíritu indomable el que templó su carácter ante el cataclismo apocalíptico del 18 de mayo de 1875. Aquel terremoto no solo derrumbó paredes y templos, sino que sacudió las entrañas mismas de la tierra con un paisaje de horror donde se mezclaron el fuego devorador y los extraños fenómenos luminosos que rasgaron el cielo ese día. De entre aquellas ruinas humeantes y el polvo de la destrucción sanantoniense fue rescatado con vida aquel niño de nombre Juan Vicente que el destino convertiría en el señor de La Mulera y, más tarde, en presidente de la República de Venezuela. Frente a la desolación absoluta, nuestro pueblo no se rindió: supo sobreponerse al dolor con la resiliencia milenaria y tenaz del montañés andino, ese que aprende a renacer de las cenizas. San Antonio del Táchira no es un capricho de la geografía ni un mero accidente de aduana: es la fragua viva donde se ha forjado, a golpe de sudor, fuego y coraje, la dignidad más profunda de nuestra historia.
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