Opinión
Notations/Opus 30/Coleccionismo de Arte I
viernes 21 agosto, 2026
“Confía en tu intuición; más allá de las cifras y las tendencias, el arte tiene el poder de tocar fibras íntimas. Elige piezas que te hablen, que te inspiren y que reflejen tu esencia” Ella Fontanals-Cisneros.
Elvis Joan Suarez
A lo largo de la historia de la humanidad la práctica de reunir, de recopilar objetos, piezas u obras, es una constante del ser humano que refleja el deseo de guardar la memoria colectiva del grupo social donde se desarrolla. ¿Qué es coleccionar? Según el diccionario de la Real Academia Española, “Juntar o reunir cosas de la misma clase por su valor o gusto personal” esto en sentido general de la palabra, pero en arte, el coleccionismo va más allá no solo compilar cosas, es un impulso humano de seleccionar y cuidar objetos por su valor ya sea por bello, raro o sagrado, pero en algunas ocasiones de la crónica humana ha servido también como fin propagandístico. El coleccionismo ha tenido varias motivaciones y cabe la pena destacar: el respeto al pasado, impulso a la propiedad y sobre todo el amor al arte. La idea de colección la remontamos a 5.000 años a.C, la colección es una forma de acumulación que produce prestigio por la posesión de lo exhibido, y en un principio siempre estuvo ligada a lo oculto de los palacios reales, criptas y tumbas. El origen del coleccionismo es un reflejo de la sociedad debido a la transfiguración que han sufrido los objetos al circular dentro de los grupos sociales como tesoro, género, botín de guerra o patrimonio cultural. Otros de los aspectos ligado al coleccionismo, es dentro del ámbito de lo económico, donde a través de las subastas y ventas de obras se mueven importantes sumas de dinero. Hoy en día los coleccionistas más activos son los Millennials y la generación Z, quienes representan el volumen principal de compras, pero los coleccionistas de la generación Gen X y Boomers, mantienen el mayor gasto en subastas y obras consagradas. La mayoría de los coleccionistas en Estados Unidos, destinan el 28% de patrimonio total de activos a su colección de arte personal y en los últimos años las mujeres jóvenes con alto patrimonio han hecho inversiones en arte hasta del 46% en gasto promedio anual tanto en obras de artistas emergentes como de reconocida trayectoria. La pintura sigue siendo el medio dominante en 80% seguido de la escultura, el arte gráfico y la fotografía, es decir un coleccionista promedio gasta en Estados Unidos y Europa la cantidad de entre 5.000 a 25.000 dólares anuales en adquisición de obras de arte, siendo los canales de adquisición las galerías físicas y las ferias de arte. La colección no solo es un conjunto de objetos pertenecientes a una serie organizada, abierta a la inclusión de nuevos elementos, es una “forma de pensar” y de concebir relaciones significativas entre los objetos y de estos con el mundo. Volviendo a la historia del coleccionismo, en la Pre-historia, el ser humano conservó y seleccionó objetos por su singular rareza, los egipcios a través de su culto a la muerte, convirtieron sus tumbas en auténticas obras de arte, allí encontramos relieves, grabados, miniaturas, murales, instrumentos musicales y muebles, no podemos considerarla como una colección como tal, pero si como una acumulación simbólica, los palacios egipcios y los templos que glorificaban al faraón y a sus gobernantes a través de decorados de un gran carácter ornamental, solamente era para demostrar su gran poderío y no el de mostrar sus obras a un público, solo podían disfrutarlo los nobles y sacerdotes. En la antigua Mesopotamia, después de una gran batalla los Neoasirios, acumulaban sus botines de guerra, el rey Asurbanipal, después de la toma y saqueo de Tebas en el año 663 a.C, logró llevarse como expolio dos obeliscos de bronce egipcios que luego fueron colocados en la gran y poderosa ciudad de Nínive para demostrar su poder militar y a su vez su afán de poseer trofeos artísticos. El mismo Rey Asurbanipal, alcanzó a coleccionar en una de las bibliotecas más importante de la antigüedad “Biblioteca Real de Nínive” 20.000 tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, donde se encontró en 1.853 el famoso poema épico Gilgamesh; otro de los grandes reyes de Mesopotamia, que dio muestras de coleccionismo temprano fue: Nabucodonosor, quien convirtió sus palacios en gabinetes de maravillas de la humanidad, del saqueo de ciudades como Jerusalén, llevó botines a Babilonia de oro y de plata, “Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey de sus príncipes, todo lo llevo a Babilonia”, los grandes reyes de Mesopotamia realizaron las primeras muestras de actividad pre-museística de la historia del arte. El comercio floreciente realizado por los fenicios, a la facilidad de transportar en sus embarcaciones objetos fáciles de llevar, de un puerto a otro, contribuyó que los pueblos del Mediterráneo se contagiaran por el gusto de poseer obras de arte. De los griegos heredamos la palabra “Pinacoteca” del griego pinakothēkē (pinax, tabla pintada, y theke, depósito) que era un salón, donde se guardaban y se exponían ofrendas votivas y tablillas pictóricas que representaban a los dioses, este espacio se ubicaba en el ala izquierda del templo, este salón sería el que daría origen a nuestro futuro museo. Otro antecedente del coleccionismo de los griegos es el famoso “Museo de Alejandría” que fue un homenaje que le hicieron en honor a las a las diosas del arte: las “musas”, de allí viene la etimología de la palabra museo “lugar dedicado a las musas” en la entrada del museo griego, se mostraban botines de guerra, y no solamente la nobleza podía disfrutar de estas obras de arte, sino que estaba abierta al disfrute estético de cualquier persona que compartiera en esos espacios de la música, la poesía, la filosofía y la ciencia. Los coleccionistas griegos exponían sus obras una vez al año y se comenzó a darle importancia a la firma de los artistas, ya nos suenan los nombres de: Fidias, Policleto, Lisipo, Scopas, el nombre de los artistas eclipsaría al de los reyes o emperadores, estos artistas no solo lograron imponer modas, sus “firmas” eran un valor agregado a su prestigio. La sociedad griega comenzó a ponderar la obra del artista por su valor histórico, también hay que acotar que anteriormente la obra tenía un valor debido al material del que estaba hecho: mármol, bronce u oro, pero eso cambió por el valor de la firma del artista y sobre todo por la rareza y originalidad de la obra.












