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Bendito amor, el de Luz Mariela y Óscar
jueves 20 agosto, 2026
“Qué alegría escuchar cuando entramos a la Basílica y el sacerdote nos saluda desde el altar: “llegaron los peregrinos de Rubio”
Norma Pérez
Luz Mariela Peña y Óscar Hernández tienen la certeza que su unión y su amor cuenta con la bendición de la Virgen de La Consolación. Lo dicen con la convicción de quienes aprendieron a rezarle cuando apenas comenzaban a hablar y fueron testigos de un milagro de sanación en el núcleo familiar.
Se casaron el 11 de abril de 1981 en la Basílica de Táriba, a donde, desde Rubio, los llevó la devoción. Tomados de la mano, frente a la imagen de su querida virgencita, prometieron amarse y respetarse. Monseñor Sixto Gonzalo Somaza ofició la ceremonia religiosa.
Su padrino fue el ex alcalde de Junín, Juan de Dios Cañas, quien falleció recientemente y Dumila Oliveira, que actualmente reside en España. Desde ese día transcurrieron más de 44 años, tiempo en el que conformaron una familia de tres hijos y tres nietos.
La veneración de Luz Mariela nació desde muy niña, cuando acompañaba a su mamá a pedir protección para sus hermanos mayores, que siempre estaban fuera de casa. Pero fue una circunstancia compleja la que hizo consolidar su fe.
“Mi hermana padeció de cáncer, y cuando conocimos el diagnóstico, le pedimos con fervor a la Virgen de La Consolación que la sanara, y así sucedió. La sometieron a una intervención quirúrgica y sanó definitivamente. Nunca dudamos y el resultado fue el esperado, la Virgen nos escuchó”.
A partir de ese momento, cuando algún allegado tenía un problema, acudían a su mamá y le decían “abuela Lastenia a usted la escucha la Virgen, pida por mí. También fue ella quien nos dijo que nos casáramos en la Basílica, y lo hicimos pues mi esposo también es devoto de La Consolación”.
En cada aniversario de su boda regresan al sagrado altar. Allí, también celebraron la renovación de votos matrimoniales, cuando cumplieron treinta años juntos.
Los peregrinos de Rubio
Casi tres décadas suman desde que esta pareja de rubienses comenzó a peregrinar cada quince de agosto hacia la Perla del Torbes. Con emoción recuerdan los inicios de aquellas caminatas que hacían entusiasmados, con quienes las organizaban.
“Comenzamos a peregrinar con un grupo maravilloso encabezado por el profesor Manchego. Después se incorporaron el doctor Francisco Padilla y el señor Rogelio del famoso kiosco. Cada año había más personas, llegamos a ser 400 peregrinos. Después, el grupo se redujo, pero nosotros continuamos caminando cada quince de agosto, o como este año, una semana antes”, refiere Óscar Hernández.
Salen de madrugada y deben solventar numerosos inconvenientes: caminar a oscuras, el mal estado de la carretera, la inseguridad. Ambos son deportistas y no se rinden. Continúan hasta llegar con su obsequio de flores para engalanar a la madre de Dios.
En esta ocasión realizaron la visita el domingo nueve de agosto, apoyados por la logística que aportó el alcalde de Junín, Jackson Carrillo. “Aun en medio de varios obstáculos pudimos cumplir con el cometido. La carretera en reparación y la lluvia no pudieron con nosotros. Peregrinamos por devoción, tradición y salud”.
Ambos son docentes jubilados. Óscar Hernández tiene 74 años de edad, Luz Mariela Peña, 68. A pesar de las horas de andar, de la lluvia, el calor o el cansancio, siempre cumplen con la Virgen. Ahora también los acompaña su hija Dayana, quien recibió de sus padres el legado de la fe.
En la Basílica, durante la misa, no solo hacen peticiones. Agradecen por tantos favores recibidos. Así lo reafirma Luz Mariela: “Lo más relevante que nos ha concedido la Virgen fue la sanación de mi hermana. También, el regreso de dos familiares que por muchos años estuvieron ajenos al hogar, así como la recuperación de la salud de varios familiares”.
Mientras la escucha, Óscar se remonta a su infancia, cuando su abuela lo llevaba a Táriba en un hermoso acto de fervor religioso. “Mi devoción nació con mi abuela, con la suerte que me encontré una esposa y una familia católica y creyente de La Consolación”.
Estas dos personas que han compartido gran parte de su existencia, sienten una emoción indescriptible cuando el 15 de agosto ingresan a la Basílica de Táriba. Hay una razón.
“Cuando llegamos al templo terminando la caminata, el sacerdote desde el altar nos saluda y “legaron los peregrinos de Rubio”. Es una sensación bonita de la misión cumplida con nuestra madre del cielo”.
Bendito amor, el de Luz Mariela y Óscar. Bajo el manto sagrado de la Virgen de La Consolación.


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