Opinión
Notations/Opus 34/Coleccionismo de arte V.
viernes 18 septiembre, 2026
“Hace años decidí que la mayor necesidad en nuestro país era el arte…Éramos un país muy joven y teníamos muy pocas oportunidades de ver cosas hermosas, obras de arte…Así que me propuse hacer de esto el trabajo de mi vida.” Isabella Stewart Gardner
Elvis Joan Suarez
En los pasados artículos sobre el coleccionismo, realicé una visión general sobre su historia y evolución en las diferentes etapas de la humanidad hasta el siglo XIX, pasando desde la antigüedad con Egipto, Mesopotamia, junto a Grecia y Roma, el coleccionismo medieval, el gabinete de curiosidades y el auge del mecenazgo artístico en el renacimiento, para luego terminar con la creación del museo como una institución racional dedicada a la educación del pueblo, para finales del siglo XIX se da la llamada “Edad Dorada” del coleccionismo y ya no será en Europa, sino en una nación joven y pujante que dejó de ser un país agrario, para pasar a ser una potencia industrial, trayendo como consecuencia un nuevo coleccionista abierto a adquirir obras de arte de la vanguardia del momento apoyando artistas emergentes locales. A principios del siglo XX, el coleccionismo de arte, se convirtió en un impulso dinámico de las vanguardias estéticas, así como también las dos guerras mundiales terminaron de convertir a New York como el principal eje cultural para el arte, en Paris los salones de arte cayeron en decadencia, esto dio paso a un coleccionista menos contemplativo, para transformarse en una fuerza en movimiento que moldeará la historia del arte moderno. El coleccionista no es un aficionado adinerado, ahora financia la producción de los artistas, desafiando así el gusto académico imperante, estos coleccionistas filántropos, fundarán instituciones destinadas a democratizar la apreciación estética. Al culminar la última década del siglo XIX, los salones parisinos perdieron interés para los coleccionistas originando un modelo totalmente nuevo para la colección de arte: “sistema galerista-crítico”, este modelo apostará por un trabajo directo con marchantes independientes que motivarán a que los coleccionistas se aventuren en adquirir obras con lenguajes totalmente nuevos, marchantes como: Amborise Vollart y Daniel Henry Kahnweiler, desarrollaron este sistema de manera exitosa. Vollart, por ejemplo, apoyó como marchante de este novedoso paradigma algunos artistas como: Paul Cézanne, Paul Gauguin y al joven Picasso, creando un puente para sus coleccionistas entre el impresionismo y la naciente modernidad, en cambio Kahnweiler, se concentró en artistas estrictamente cubistas como: Braque, Gris y Léger, promoviendo sus obras cubistas en una red internacional de coleccionistas selectos. Tanto Vollart, como Kahnweiler, le vendieron obras de arte a los hermanos Stein, que no eran unos ricos acaudalados, pero su agudo sentido crítico les permitió tener una de las mejores colecciones de arte abstracto de principios del siglo XX, mientras los magnates rusos Morozov y Shchukin, adquirieron obras de impresionistas, fauvistas y cubistas, Shchukin por su parte transformó un palacio de su propiedad en Moscú, en un museo abierto al público y que fue aprovechado por los jóvenes artistas rusos, ejerciendo un gran impacto en lo que sería el nacimiento del constructivismo ruso. El estallido de la I Guerra Mundial paralizó temporalmente el mercado del arte europeo, dispersó a los artistas y provocó incautación de colecciones, durante la década de 1920 a 1930, los coleccionistas norteamericanos comenzaron a comprar de manera descomunal patrimonio artístico europeo orientando su mirada al arte moderno y contemporáneo, entre estos coleccionistas sale a relucir el Dr. Barnes, quien adquiriría obras de Renoir, Cézanne, Matisse y Modigliani, pero no como símbolo de ostentación, su colección de arte fue utilizada como una herramienta didáctica para la clase trabajadora, en su fundación Merion en Pensilvania. La depresión de 1929, contrajo los precios de las obras, pero consolidó la influencia de nuevas instituciones emergentes, como la inauguración ese mismo año del museo de arte moderno de New York (MOMA) impulsado por la familia Rockefeller, con obras de colecciones privadas que fueron donadas, este nuevo museo codificaría una nueva narrativa del arte moderno por ordenar su colección desde el impresionismo hasta la abstracción geométrica. Unas de las características mas llamativas de la primera mitad del siglo XX, fue la migración de grandes colecciones privadas hacia el ámbito público, el coleccionista privado consciente de la fragilidad del destino de sus obras y deseoso de su trascendencia, encontró en la creación de museos o fundaciones la fórmula para preservar su visión como gran coleccionista. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la llegada del régimen nazi al poder se da inicio a la época más oscura del coleccionismo del siglo XX, los nazis comenzaron a realizar una persecución cultural centrada en la confiscación de las llamadas obras de “arte degenerado”: expresionismo, cubismo, abstracción y arte judío, el expolio perpetrando por Hitler, en los territorios ocupados, trajo como consecuencia el desmantelamiento de colecciones completas de familias judías, algunas de estas obras fueron subastadas en 1939 para financiar el armamento militar alemán, mientras otras obras terminaron en colecciones secretas. A pesar de la devastación y la migración forzada de artistas, galeristas y coleccionistas de Europa a Estados Unidos, se reconfiguró el arte global, convirtiendo la ciudad de New York, en un refugio de la intelectualidad europea, este contexto fue aprovechado por Peggy Guggenheim para abrir su galería “Art of this Century”, con ella se da inicio al coleccionista como “agente activo” de transformación cultural. Durante los primeros 50 años del siglo XX, cambió el pensamiento de los coleccionistas, dejaron de ser meros custodios del pasado, para convertirse en arquitectos del presente estético, además, el coleccionista a través de su arriesgado mecenazgo logró que las vanguardias plásticas lograran sobrevivir de la incomprensión inicial, la represión política y dos guerras mundiales, en la primera mitad del siglo XX, se fijaron las reglas del juego del mercado del arte contemporáneo, demostrando que el acto de coleccionar no es acumular, sino es una forma de escribir la historia del arte y de la cultura en el presente.
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