Opinión
Notations/Opus 35/Coleccionismo de arte VI.
viernes 25 septiembre, 2026
“Las motivaciones que determinan la elección de las obras de arte contemporáneo radican en la conciencia interna del coleccionista”. –Giuseppe Panza
Elvis Suarez
En las décadas posteriores a la segunda guerra mundial, habíamos comentado en el artículo anterior, que el centro neurálgico del coleccionismo y el mercado del arte se mudó de Paris a New York, el arte abstracto y sobre todo el expresionismo de Pollock, Rothko y de Kooning se alineó con el gusto de los coleccionistas y a su vez los coleccionistas con la identidad de la vanguardia del momento. Por su parte los grandes galeristas no solo vendían piezas de arte, sino que se involucraban en la construcción de redes institucionales con los principales museos de las ciudades más importantes del mundo, para gestionar la oferta y demanda en el comercio del arte. Ya en la década de los años 60 las grandes corporaciones comenzaron a integrar el coleccionismo como estrategia de imagen pública, inventando así el coleccionismo corporativo, por ello se encontraba entre el reconocimiento intelectual y la afiliación a la vanguardia cultural. Las obras de artistas del expresionismo norteamericano, se adquirían en ocasiones por sumas modestas en comparación a precios actuales, para luego ser donados a museos públicos o como sucedió en 1973, con la subasta regentada por la casa Sotheby´s con la venta de la colección “Scull”, (Obras de arte pop y arte minimalistas) donde estas mismas obras que fueron adquiridas a precios muy bajos para luego ser subastada por un precio mucho mayor por no decir casi especulativos, demostrando así que el coleccionismo es una forma de inversión a corto y mediano plazo, consolidando que el arte contemporáneo es un activo financiero altamente rentable, por ello en la década de los 70, el coleccionismo de arte experimentó una profunda transformación económica y estética. Empresas multinacionales como la Chase Manhattan Bank ampliaron sus colecciones corporativas y además aparecieron los primeros fondos de inversión del arte: Bristish Rail Pension Fund, que destinó parte de sus pensiones a comprar obras maestras para evitar la devaluación de sus fondos debido a la alta inflación del momento, a su vez en esta misma época comienza el auge de las grandes casa de subastas con : Sotheby¨s y Christie´s, convirtiendo la subasta como eventos públicos altamente mediatizados que fijaban las tendencias del mercado global del arte. Hay que acotar que para esta década los artistas redefinieron lo que constituía la nueva obra de arte obligando a los coleccionistas a adquirir formatos no tradicionales, coleccionar significaba a menudo a comprar planos, instrucciones escritas o la documentación fotográfica de alguna instalación como por ejemplo las de Robert Smithson, Christo o Sol Lewitt, los coleccionistas también tuvieron un gran interés por obras del pop art y el minimalismo en Estados Unidos, en cambio en Europa estaba en boga coleccionar arte povera y abstraccionismo geométrico en América latina. El nuevo perfil del coleccionista de los años 70 era el de ser empresarios del sector inmobiliario y del sector financiero, destacando figuras como el italiano Giuseppe Panza quien se destacaba por ser un gran coleccionista y un gran “Patrón-Mecenas” del arte minimalista con obras sobre todo de Donald Judd, otros grandes coleccionistas de arte por esos mismos años son el matrimonio de Peter e Irene Ludwig. La gran bonanza económica en países de América Latina como Venezuela y Brasil hizo que las grandes élites locales e instituciones estatales formaran importantes colecciones de arte cinético y de abstraccionismo geométrico. En los años 80 se vivió en el coleccionismo de arte, una era de consumo desmedido, hiperinflación de precios y el famoso glamur mediático, convirtiendo el coleccionismo en un espectáculo financiero impulsado por la bonanza de Wall Street y el capital japonés. En esta década se vivieron records astronómicos en las subastas por ejemplo en 1987 fue subastado la obra los “Girasoles” de Vicent van Gogh por 40 millones de dólares y que fue vendido a una corporación japonesa. Surge además la mecánica del “Flipping” que consistía en adquirir obras de artistas jóvenes para luego revenderlas en subastas, 2 años después disparando así de manera artificial las cotizaciones de las obras. En los años 80 el artista vuelve con gran fuerza a la pintura de gran formato colorida y expresiva, los coleccionistas codiciaban obras de: Jean Michel Basquiat, Anselm Kiefer o Francisco Clemente, en estos mismos años se da inicio a las mega-galerías en el barrio de Soho en Nueva York, terminando así en convertirse en el epicentro del arte mundial, los galeristas Castelli, Larry Gagosian moldearon la demanda e impusieron listas de esperas para la compra de arte de artistas emergentes. El perfil del coleccionista era de jóvenes ejecutivos de la banca que invertían su dinero en bonos financieros y colecciones de arte contemporáneo para consolidar su prestigio social. En Suiza (Artbasel) y París (FIAC), se comenzaron a realizar las famosas ferias de arte para acercar a nuevos coleccionistas. Después del colapso Bursátil del famoso “lunes negro” y la posterior recesión en los años noventa, se originó una refundación de un mercado de arte más globalizado e institucionalizado, dominado por los nuevos lenguajes conceptuales y mediáticos, los precios en las subastas cayeron en un 40%, muchas galerías de arte en New York, Londres y París quebraron, por tal motivo el coleccionista buscó un valor seguro antes de modas pasajeras, surgirá así el Art Advisory, un profesional del arte independiente que guiará a los coleccionistas en momentos de incertidumbre y les asesorará en qué comprar, antes de pasar por los galeristas. A mitad de la década de los noventa, el eje de atención de los coleccionistas se desplazó desde New York a Londres, debido a un publicista británico llamado: Charles Saatchi, quien definiría el rol de la megacolección, comprando colecciones enteras de artistas jóvenes directamente en sus talleres, para luego exhibirlas en su propia galería y catapultar sus precios globalmente. Los 90 fue la década de la transición del coleccionista privado al museo corporativo, los coleccionistas comenzaron a crear sus propias fundaciones y museos privados para exhibir sus obras, los nuevos jóvenes millonarios del Silicon Valley se interesaron por el arte contemporáneo internacional y las ferias de arte expandieron su alcance global, creando una nueva red móvil de coleccionistas, curadores y subastadores, fortaleciendo una industria cultural fuertemente profesionalizada.
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