Opinión
Notations/Opus 38/ El Jardín sonoro: Toru Takemitsu
viernes 16 octubre, 2026
“El ideal sonoro japonés: el sonido, en su máxima expresividad, en constante refinamiento, se acerca a la nada de ese viento en el bosque de bambú” Toru Takemitsu
Elvis Joan Suarez
“Mientras miras a tu alrededor,
No hay nada
Que no sea una flor”
Bashō
Sus manos descansan una encima de la otra, sus pulgares se tocan formando un óvalo, sus palmas se sitúan a la altura de su vientre, sus ojos se encuentran entreabiertos, mientras su mente está enfocada en su respiración, con el entrar y salir de aire por la nariz, en algunas ocasiones sus pensamientos pasan como las nubes del cielo, pero regresa rápidamente en poner atención nuevamente a su postura con la espalda recta y en posición de “zazen”, él esta vestido con una chaqueta de color marrón cruzada y sencilla de lino, es el famoso: “Samue”, abre sus ojos de manera lenta, luego se levanta pausadamente del suelo, se dirige a un pequeño arenal, camina descalzo sobre la gravilla, pero lleva en sus manos un rastrillo que coloca sobre la superficie y va creando así unos surcos con una paciencia infinita, las púas del rastrillo siguen haciendo su trabajo, generando un espacio sagrado que imita el movimiento del océano y que no tiene un intervalo en medida, es decir no transcurre el tiempo, pero no solo es arena, hay piedras que emergen como islas en medio de la nada, como testigos mudos del vacío y que representan las experiencias de la vida. Un jardín Zen, “karesansui” es una pequeña visión del mundo espiritual, que se utiliza para despojarse de las prisas, es el lugar predilecto de nuestro compositor para escuchar la música que hay en su corazón, además percibir sus contrapuntos a través del silencio. Cada surco que realiza es un eco en su respiración, esta mirada de introspección hará que ordene sus ideas y que sus pensamientos encuentren un equilibrio emocional. Más tarde Toru Takemitsu afirmara: “Mi música es como un jardín, y yo soy el jardinero. Escuchar mi música puede compararse con caminar a través de un jardín y experimentar los cambios en la luz, los patrones y las texturas”, las obras de Takemitsu, son como una escultura espacial donde el oyente debe transitar, evitando así el sonido en bloque lineal de la música occidental. Pero Toru, sigue en el Jardín seco, sus pensamientos lo llevan a recordar uno de sus mejores días, cuando uno de sus compañeros sacó un gramófono, que escondía de sus superiores, él compositor al igual que sus compañeros tuvieron una dura jornada cavando trincheras y refugios subterráneos, todos en principios se encontraban asustados, escuchar música occidental en ese momento era un delito de alta traición, pero esto nos los detiene, su compañero improvisa colocándole una aguja de bambú al gramófono y es cuando suena la bella canción: “Parlez-moi d’amour” interpretada por Lucienne Boyer, Takemitsu después de solo escuchar estruendos de bombas y los severos cantos marciales, la hermosa melodía de esta canción sería una gran revelación espiritual: “Es tan dulce, Mi querido tesoro, estar un poco loco, la vida a veces es demasiado amarga, Si uno no cree en las quimeras, el dolor se alivia rápidamente, y consolarse con un beso, desde el corazón la herida se cura, por un juramento que le tranquiliza”. Takemitsu sigue rastrillando y trae a su memoria el final de la guerra, cuando después de la ocupación por parte de Estados Unidos tuvo que sobrevivir en un Tokio destruido por los bombardeos, ganándose la vida en el mercado negro vendiendo cigarrillos y goma de mascar, trabajó además como camarero y mesero, luego consiguió trabajo en una tienda de abastecimiento para soldados norteamericanos que lo pondría en contacto con la música de occidente. La formación musical de Toru Takemitsu no fue a un conservatorio, su único profesor fue una radio, era un oyente obsesivo de la red de radios de la fuerzas armadas estadounidenses, fue un verdadero descubrimiento ese universo sonoro que estuvo prohibido y que ahora podría escuchar cuando quisiera, su escucha se concentraba en la música jazz y sobre todo Duke Ellington donde años más tarde diría que fue uno de sus grandes maestros, además absorbió la música impresionista de Claude Debussy y el neoclasicismo de Igor Stravinsky, junto a la música de Copland y Schönberg. Toru Takemitsu, en 1996 luchaba con un cáncer de vejiga que provoco su muerte en distrito de Minato en Tokio, para este 2026 se cumplen 30 años de su fallecimiento por ello se harán varias actividades alrededor del mundo con su música, podemos citar: “A Portrait of Toru Takemitsu” Un concierto enfocado en sus obras de cámara y canciones (como Orion y Between Tides), uniendo a músicos que trabajaron con él junto a nuevas generaciones. El complejo cultural Art Tower Mito, un lugar muy ligado al compositor, programó una serie completa titulada: “Proyecto Especial Conmemorativo del 30.º Aniversario de la Muerte de Toru Takemitsu”. Beyond the Centenary: Un recital bajo la producción de Junichi Konuma que incluyó piezas experimentales y grabaciones de cinta magnetofónica del maestro como: Rain Dreaming, Stanza I & II, Voyage, y Waterways. A Toru Takemitsu lo bautizaran como el “jardinero del sonido” cuando le preguntaban sobre su proceso de creación decía: “Para mí, componer es como plantar un jardín. Los sonidos son las flores, las rocas y los árboles, y el silencio es la tierra que los sostiene” su música logro una síntesis poética y fluida con el impresionismo y el serialismo, junto con la influencia de John Cage y la filosofía tradicional de su Japón natal, su música no es un discurso de confrontación temática al estilo de la forma sonata, sino entendía el sonido como un paisaje vivo, una convergencia entre el espacio y la naturaleza, su obra es un puente entre la civilización occidental y oriental, escuchar su trabajo es adentrarse en un templo donde cada acorde es una piedra de ese jardín zen, cada silencio un respiro en la meditación, es decir un jardín infinito de la contemplación espiritual. Pero Toru ya no está en su jardín Zen, ahora realiza una meditación activa caminando por un bosque de bambúes, ahora piensa que no es dominar el sonido sino permitir que naturaleza hable a través de él.
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